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Historia de un premio literario

Historia de un premio literario

Con 50 años  a sus espaldas, la singularidad del Premio Internacional de Novela Ciudad de Barbastro, y lo que lo ha convertido en una institución cultural, es el respeto de toda una ciudad hacia la virtud de la literatura para mejorar la vida.

Desde la posguerra, los premios literarios se han ido convirtiendo en un componente relevante de lo que ahora llamamos el campo literario, el entramado complejo de la literatura más allá de la nómina de autores y obras. Esta urdimbre social de la literatura comprende: la industria editorial, con todos sus capitales dinerarios, tecnológicos y simbólicos que ponen en marcha la vivaz dinámica del prestigio y el mercado; la política cultural de las instituciones, que dinamiza cuestiones históricas, colectivas o nacionales; y la política de desarrollo territorial, que incorpora cada vez más la cultura como factor dinamizador relevante. Pero cuando hablamos del Premio Internacional de Novela Ciudad de Barbastro tenemos que subrayar, entre los componentes simbólicos del éxito y el prestigio literarios, el entusiasmo. Esta última es una categoría imprescindible para explicar que una ciudad comercial y de servicios enclavada en el Somontano que lleva su nombre decidiera embarcarse en la creación de un premio literario de novela corta en los últimos años del franquismo. El entusiasmo surge de la capacidad de admirar algo externo o de otro y es, por tanto, un sentimiento generoso. También es un sentimiento exaltado. Sin el entusiasmo por la cultura y la literatura de alcaldes y ediles, periodistas y periódicos, profesores, escritores y particulares de Barbastro que han sabido implicar (entusiasmar) a lo largo de 50 años a escritores, periodistas, críticos y, sobre todo, editores de otros lugares no tendríamos entre las manos la conmemoración de los 50 años de un premio, que es ya un patrimonio de quienes leen y escriben en castellano.

"Los ayuntamientos como el de Barbastro no han dejado de fomentar y configurar la literatura española desde la primera posguerra hasta la actualidad"

La dinámica de los premios literarios está sometida a cambios relacionados con las circunstancias históricas. La creación del Premio Ciudad de Barbastro de Novela Corta, o del Premio de Novela Corta Ciudad de Barbastro o, por antonomasia, del Ciudad de Barbastro se lleva a cabo en el contexto del desarrollismo económico del franquismo. Aunque la fecha de 1970 nos resulta cercana ya a la Transición democrática, no hay que olvidar que el marco es todavía el del franquismo. Eso quiere decir que la creación del premio responde a un impulso de mejora colectiva, de siembra en el erial y de repoblación cultural que alentaba la creación de premios literarios en los municipios desde las primeras décadas de la posguerra. Lo habitual fue que las fuerzas vivas, entre las que solían estar presentes los estamentos militar y eclesiástico, además de los médicos y otros representantes de las más o menos pequeñas burguesías convocantes, compaginaran su deseo por recuperar un esplendor cultural local o patrio con el exigido respeto y fomento de los valores espirituales colectivos que iban de suyo en el régimen político. Este fue el caso del efímero Premio Menorca (1955), que ganó la misma Carmen Laforet que se había alzado con la primera edición del Premio Nadal, convocado en 1944. Hubo premios incluso sufragados por suscripción popular, como el de Águilas (1969), del que se guarda una memoria vinculada a la extensión del antifranquismo. La proliferación de certámenes hizo necesaria la publicación de guías con recapitulación de los mismos, como la que puso a disposición de los escritores Publicaciones Españolas en 1963 o la que daban revistas especializadas como La Estafeta Literaria, que constituyen los antecedentes de la Guía de premios y concursos literarios de Fuentetaja o de las páginas electrónicas de Escritores.org. Todas justifican la afirmación recurrente de que los premios literarios en España son innumerables, como las arenas de Libia. Pero es lo cierto que los ayuntamientos como el de Barbastro no han dejado de fomentar y configurar la literatura española desde la primera posguerra hasta la actualidad.

Las convocatorias de las editoriales Destino (1944) y después Planeta (1952) sirvieron de modelo a algunos de los premios más ambiciosos, como el de Barbastro, que quisieron imitar el glamour hollywoodiense del fallo en directo instaurando una ceremonia con gran convocatoria social y de medios periodísticos que otorgó a los premios una performance un poco alambicada en cuanto a la sinceridad del fallo en directo, de la que todavía se ve aquejada la valoración de la limpieza de los premios literarios. El premio de Barbastro contó con la editorial Bruguera para que fuera absolutamente verosímil la réplica en la ciudad del Vero del aparato ceremonial del premio barcelonés. El marchamo de Bruguera es lo que distingue desde sus inicios al premio de Barbastro. El concejal de cultura, Dr. José Ollé, y Jorge Gubern, director editorial de Bruguera, signaron un acuerdo (7-8-1970), que, como siempre en la historia de este premio de Barbastro, fue fruto de contactos basados en la hospitalidad de la zona y el trato personal de los entusiastas promotores, como contará Lolo Sampedro en la historia del premio que prepara. Bruguera fue una de las tres empresas más importantes en capitalización y número de colecciones, filiales, empleados, distribuidora y puntos de venta propios, etc., entre 1954 y 1980. En los años 1978-1980 la situación financiera se fue deteriorando con endeudamientos y ampliaciones desorbitantes de capital, que llevaron el 27 de mayo de 1982 a la junta de accionistas a presentar suspensión de pagos. El 29 de agosto de 1980 el mismo Jorge Gubern, que era un hombre de confianza de la casa editorial y estuvo entre los que administraron sus últimos momentos, desistía en nombre de Bruguera de la publicación del premio de Barbastro en una carta memorable, algo desorientada y que no aludía a las finanzas de la empresa. Lo que más lamentaba Gubern era perder el contacto anual con los amigos de Barbastro, con el jurado y con los paisajes del Somontano.

Estos diez años de Bruguera marcaron el premio de Barbastro como un premio significativo en el panorama español, pese a que el cese en la publicación del mismo por parte de la casa barcelonesa abriera unos años de transición también en el premio.

"La singularidad del Premio Internacional de Novela Ciudad de Barbastro y lo que lo ha convertido en una institución cultural es el respeto de toda una ciudad hacia la literatura"

El segundo momento del Ciudad de Barbastro hay que ponerlo en relación con las transformaciones que la industria editorial española —e internacional— sufre en y desde los años 90, con el denominado por Pierre Bourdieu “giro conservador” en el campo editorial. Este giro se sustancia en la concentración editorial, la búsqueda de rentabilidad a corto plazo, el exceso y corta vida de las novedades y la consagración del mercado como sancionador definitivo del valor de la literatura. Este giro ha ido acompañado de la proliferación de pequeñas editoriales independientes, que son el contrapeso necesario para que funcione el ecosistema de la literatura y siga habiendo espacio para el entusiasmo y la elevación en el arte literario. Las editoriales independientes, así como los premios de los ayuntamientos y otras instituciones, han sido los garantes del prestigio literario más allá o más acá del mercado. Han ejercido de incubadora de autores que sustentan esos valores culturales asociados con el canon y la historia de la literatura, con personalidades como la de Sergio Gaspar (DVD Ediciones), tan querido y vinculado al Ciudad de Barbastro. Suele subrayarse que en todo el proceso editorial el único factor que adelanta dinero es el editor. Pues bien, los ayuntamientos como el de Barbastro, cuando tienen decisión para mantener sus convocatorias, y criterio y entusiasmo suficientes para reunir jurados solventes, dinamizan muy activamente con sus fondos tanto la vida de las editoriales independientes como las posibilidades de profesionalización de los nuevos autores. Los Libros de la Frontera, Ediciones Libertarias, Huerga y Fierro, Alba Editorial, la aragonesa PRAMES, Lengua de Trapo, DVD Ediciones y en la actualidad la valenciana Pre-Textos son todas ellas editoriales relevantes que junto con el Ayuntamiento de Barbastro han fortalecido la carrera de escritores que se han situado en primera línea o están en estos momentos construyendo una carrera relevante en España o en Hispanoamérica. Es el caso de Fernando Marías, que a su vez ha dejado, junto al edil Luis Sánchez Facerías y al alcalde Antonio Cosculluela, una indudable impronta en la singladura del premio desde 2005. Y es el caso, por centrarme solo en los últimos años, de Juan Carlos Méndez Guédez, Cristina Cerrada, Cristina Fallarás, Blanca Riestra, Isabel Camblor, Octavio Escobar, Juan Malpartida, Fedosy Santaella, David Vicente y Álvaro García.

Pero a la postre, la singularidad del Premio Internacional de Novela Ciudad de Barbastro y lo que lo ha convertido en una institución cultural es el respeto de toda una ciudad hacia la literatura, hacia la virtud de la literatura para mejorar la vida. El respeto y el afecto sincero de los barbastrenses a quienes escriben novelas, las publican, las juzgan, las difunden y las leen. La razón de ser de los Premios Literarios de Barbastro reside en poner a disposición de los ciudadanos la elevación y el entusiasmo de la literatura.

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