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«Historias lamentables»: El excelente regreso de Javier Fesser

«Historias lamentables»: El excelente regreso de Javier Fesser

Tras el triunfo total de Campeones, Javier Fesser parece haber regresado a una senda más personal. No es que aquella se tratase de una película ajena o insincera, o que las anteriores fueran obras experimentales ajenas al gran público. Pero sí es cierto que Historias lamentables, que acaba de estrenarse en Amazon Prime, es una película con menos concesiones a esos registros más sentimentales y populistas. Se siente y se sabe más Fesser, realizador que en ocasiones gusta de salirse por la tangente para, quizá, observarse a sí mismo y mejorar su narrativa.

Fesser demuestra aquí dos cosas: 1) su ya conocida capacidad técnica y visual, que sigue incólume, intacta, y 2) también su gusto por el humor negro, pero uno a medio camino entre la pesadilla y el sueño, a caballo entre el grand-guignol y cierto compromiso social. Nada nuevo en este sentido. Por encontrar un símil del mundo del cómic, una idea quizá no tan imprevista debido a esa mencionada capacidad de crear estampas de Fesser, Historias lamentables parece una obra que narrativamente vive a caballo entre los relatos de horror con moraleja de EC Cómics y la anarquía de pata negra de la Editorial Bruguera, que ya sabemos que al director de dos películas de Mortadelo y Filemón (una animada y otra en imagen real) no le es precisamente ajena. Quizá, heredado de esos otros trabajos más sentimentales, también es una de las películas más claras y mejor contadas de su director.

"Alipio, un hombre de negocios con mucho que ocultar, se mete en un engaño que deja a la célebre The Game de David Fincher en un chiste de americanos"

Historias lamentables es, en efecto, un pequeño gran tapiz de tres (más bien cuatro) historias cortas y más o menos independientes entre sí. Todas ellas coinciden en una visión cruel pero pero también sentimental del ser humano, en la que Fesser desmitifica y universaliza con ternura estereotipos españoles y los reinserta en las neurosis de una sociedad moderna.

En Rayito, un hombre de negocios se resiste a recibir un peculiar regalo; en El Hombre de la Playa, Bermejo (un trasunto de José Luis López Vázquez) sufre lo imposible para disfrutar de un amanecer en la playa. En El cumpleaños de Ayoub conocemos a Tina, una mujer oportunista que protagoniza un peculiar tira y afloja con un inmigrante, mientras que en la historia final, La excusa, Alipio, un hombre de negocios con mucho que ocultar se mete en un engaño que deja a la célebre The Game de David Fincher en un chiste de americanos.

Fesser explota en todas ellas el contraste cómico, ya sea entre personajes opuestos o con estereotipos de andar por casa (el clásico dominguero español o el empresario pícaro) introducidos a la fuerza en epopeyas de género universal. El director somete a todos ellos a castigos juguetones y pequeñas torturas dignas en ocasiones del cine de terror, pero en el fondo se trata siempre de historias de restitución, de buenos sentimientos, vestidas de picaresca y humor.

"En ocasiones es incómoda y desmitificadora, en otras un poco cabrona, pero siempre hay un halo de ternura y optimismo"

Fesser demuestra su compromiso con los actores con un reparto perfecto pero a la vez alejado del puñado de rostros habituales del cine español. Chani Martín, Pol López, Laura Gómez-Lacueva y Alberto Castrillo-Ferrer tienen casi todos un currículum respetable, pero en ningún caso se trata de intérpretes conocidos para el gran público. A todos Fesser los exprime en un territorio que podríamos denominar como propio, una caricatura tan apegada a los estereotipos de la piel de toro como al cine yanqui, asimilando las fuerzas del karma o el destino, que actúan sin cesar en su película, a las de un chiflado un tebeo de Ibáñez o un cartoon de Looney Tunes.

Sin tampoco intención de hacer algo políticamente incorrecto, Historias lamentables supone un soplo de aire fresco, porque navega libre entre clichés. Y no evitándolos, sino abrazándolos. En ocasiones es incómoda y desmitificadora, en otras un poco cabrona, pero siempre hay un halo de ternura y optimismo en su caricatura humana. Hay una voluntad de actuar como parábola y crítica social, en ocasiones incluso de realidades inmediatas y vigentes, pero Fesser siempre encuentra la manera de que pertenezcan a un universo personal, propio, y lo más importante: sentir que el espectador forma parte de él sin sentirse violentado.

Pero lo que sobresale en todo momento, lo que resultará incuestionable incluso para sus detractores, es la infinita capacidad visual de su autor. El diseño de producción, entre nostálgico y obsoleto, el total dominio de la cámara (ver ese sutil pero virtuoso travelling circular cuando Bermejo cruza la calle por primera vez, o el tiroteo en el episodio final), la pura y dura calidad estética del producto, convierten esta pequeña burla de nuestras hipocresías en una experiencia cinematográfica reseñable. Es, por último, lamentable que Historias lamentables no vaya a ser disfrutada por la mayoría en pantalla grande. Pero el caso es disfrutar, ¿no?.

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