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Javier Cámara: «Venga Juan refleja nuestras miserias, carencias y mediocridades»

Javier Cámara: «Venga Juan refleja nuestras miserias, carencias y mediocridades»

El actor Javier Cámara ha presentado la tercera temporada de la serie de Juan Carrasco Venga Juan, con la que el público puede empatizar y descubrir la realidad de un político que “hace las cosas mal”, pero que “en el fondo refleja nuestras miserias, carencias y mediocridades”, a pesar de hacerlo con un sabor a despedida que “intenta huir de la realidad”.

Cámara ha confesado en declaraciones a Efe que querían “bajar al infierno” al personaje, que “ha mordido el polvo” y actúa por su propio beneficio, calma y tranquilidad, y del que “los políticos jóvenes se tienen que reír al verlo con cierta distancia”, aunque “nunca” se hayan volcado con la cultura y refleje realidades políticas “que a todo el mundo le suenan” en España.

—¿Existen muchos Juan Carrasco en la política española?

"Solo hay que acudir a Twitter para ver cómo se están poniendo las cosas"

—Sí, creo que existen. Algunas personas muy cercanas a la política nos están diciendo que la serie casi es un documental más que una ficción. En realidad, solo hay que acudir a Twitter para ver cómo se están poniendo las cosas. Juan Carrasco, ahora mismo, empezaría a ser una víctima de todas esas cosas. Es un político antiguo, pero sí es cierto que es alguien que intenta sobrevivir en un mundo del que no tiene ni idea.

—¿Qué aspectos personales le ha servido para construir su personaje?

—Todos en el fondo tenemos algo de mediocres, de desilusión, de perdidos. Yo le he intentado dar todo el amor y el cariño posible. Juan Carrasco es un personaje al que adoro. Me ha regalado mucho más el personaje y las situaciones por las que ha pasado, tan divertidas y trágicas, que le haya podido dar yo. Diego San José o Víctor García León, a lo largo de tres temporadas, han hecho un personaje al que hemos acompañado todos, aunque sea una especie de gato panza arriba que está peleando frente al mundo e intentando mantener el poquito de poder que ha conseguido, que en el fondo es muy poco. Hemos intentado que el público empatice con eso y que, en el fondo, todos veamos nuestras miserias, carencias y mediocridades.

—¿Cómo ha vivido la evolución de su personaje?

—Nos ha costado mucho sacar cada temporada porque parece que la renovación se aleja del tema de la política y la comedia (…). Lo que queríamos era una bajada a los infiernos de Juan Carrasco y que el público lo acompañara incluso de la mano. Quería que la gente lo sintiera, pero que supiese que había mordido el polvo en varias ocasiones.

—¿Cómo trabajaron los estereotipos y realidades que aparecen?

"Imagínate lo que pasaría ahora con Juan Carrasco y las macrogranjas, ya que él es ministro de Agricultura"

—Siempre hemos intentado huir de la realidad. Imagínate lo que pasaría ahora con Juan Carrasco y las macrogranjas, ya que él es ministro de Agricultura. La realidad es más punzante e hiriente, pero no lo podíamos hacer porque las series envejecen pronto. Queríamos algo que subyaciera y sobrevolara la realidad. Al final se habla de nuestra corrupción, que es muy única y nuestra. Es cierto que hay puntos como Juan Carrasco que pueden recordar a ministros o presidentes que han estado intentando escabullirse de lo que les puede tocar de oscuro.

—¿Cuáles serían las líneas de Juan Carrasco a la hora de pactar?

—Si tuviera que pactar con alguien tendría en cuenta su propio beneficio, calma y tranquilidad. Él solo quiere volver a casa pensando en las cosas que ha hecho bien. Los políticos de este país piensan que lo han hecho muy bien, pero la gente tiene una imagen absolutamente contraria. Juan Carrasco es solo un ejemplo de lo que pueden ser esos personajes.

—¿Cómo han recibido los políticos esta serie?

—Hay gente que ha dicho que es fan. Creo que los políticos jóvenes se tienen que reír porque evidentemente el personaje tiene un poco de todo lo que tenía el político, entrecomillado, «antiguo», aunque tiene cosas actuales. Es cierto que el político joven lo ve con cierta distancia y se tiene que reír. Al final, refleja realidades políticas, económicas y sociales, que a todo el mundo le suenan en España e incluso fuera.

—¿Le ha llegado alguna queja?

"Los políticos sonríen cuando les están insultando porque saben que hay una cámara grabando"

—No, los políticos tenemos mucha retranca. Los políticos están todo el rato ahí, debajo del foco, y les dan por todos los lados. Ahora las redes sociales son un caldo de cultivo tremendo para que opines y siempre vas a tener enemigos. Los políticos sonríen cuando les están insultando porque saben que hay una cámara grabando y que su plano puede ser de «Ah, mira», pero no lo escucha. Y claro que lo escucha, perfectamente. En eso consiste la política, y eso es lo que intentamos hacer con este personaje, que es tan frágil en ese sentido, no emocionalmente.

—¿Cómo tratan los políticos la cultura?

—Para ellos siempre ha sido más interesante apoyar una fábrica del automóvil o una gran empresa que la cultura. Siempre está mejor visto darle dinero al mundo del cine a subvencionar el teatro o dar dinero a festivales. No solo hay cine y teatro, también hay libros, museos… Nunca se han volcado realmente con la cultura.

—¿Esta serie tendría cabida en prime time?

—A mí me gustaría, pero ahora con HBO Max estamos llegando al otro lado del mundo, porque a la tercera va la vencida. Es una serie de largo recorrido: la gente va a ir descubriendo ahora que ya están sus tres temporadas colgadas.

—¿Cómo afronta la gala de los Premios Feroz, en la que cuentan con cuatro nominaciones?

—Estoy fascinado. Ya tengo el Feroz por Juan Carrasco, yo no lo quiero. Pero me haría mucha ilusión que Adam, que ha estado nominado en varias ocasiones, o María, que está inconmensurable esta última temporada, se lo llevaran. Me gustaría que nos lleváramos un Feroz, claro que sí. Sobre todo, porque en el fondo estamos despidiendo emocionalmente a Juan Carrasco. No sabemos qué pasará, pero nosotros ya estamos diciéndole adiós. Creo que Venga Juan sería un buen cierre para este funeral que estamos celebrando.

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