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El juego en escena, carteles para una función

El juego en escena, carteles para una función

El juego en escena rinde homenaje a las artes escénicas mediante los carteles que Isidro Ferrer realizó de 2006 a 2016 para el Centro Dramático Nacional. Esta obra, publicada por Nórdica, reúne más de cien de aquellos carteles con textos de profesionales del mundo del teatro. Ofrecemos un adelanto con la presentación del propio Ferrer y la nota introductoria de Gerardo Vega.

El otro, Isidro Ferrer

Al gran Robert Massin, grafista y tipógrafo francés, autor de la interpretación gráfica de La cantante calva de Eugène Ionesco publicada por Éditions Gallimard en 1964, le gustaba reivindicar la proximidad entre las artes escénicas y el diseño. Massin lo hacía desde el lenguaje, estableciendo una relación etimológica entre las funciones de la dirección teatral (mise en scène) y la del diseño editorial (mise en page).

En varias ocasiones me han preguntado por la importancia de mi formación teatral en mi trabajo gráfico. Hasta hace poco no he sido muy consciente de esta influencia, tampoco me lo había planteado, pero, ahora que me asomo desde bambalinas al trabajo realizado durante siete temporadas para el Centro Dramático Nacional, percibo esta relación como algo esencial en mi forma de afrontar el proyecto gráfico.

Teatro y diseño están hermanados por dos elementos esenciales de la hermenéutica: la interpretación y la representación. Un baile circular entre idea y realidad que da forma al conocimiento.

Ambos oficios están obligados a interpretar y a representar, y a hacer de la interpretación y la representación una
expresión creativa.

En el cartel para una obra de teatro se interpretan y representan las distintas voces que forman el cuerpo dramático; la voz del autor del texto, la voz del director de escena, las voces de los actores.

En ambos casos, tanto en teatro como en diseño, se trabaja a partir de la voz ajena.

Mi papel como diseñador es encontrar el registro adecuado para interpretar y representar sobre el papel la esencia de la representación esccénica. Dar voz a los otros. Ser el otro.

Nota introductoria, Gerardo Vera

Desde nuestro primer encuentro en el Teatro María Guerrero, Isidro Ferrer se convirtió en un pilar fundamental de esa gran familia que fue el Centro Dramático Nacional durante mi etapa como director. Fue parte imprescindible de un equipo del que siempre me sentiré muy orgulloso y que desarrolló un trabajo excelente. Siempre que tuve la posibilidad expresé y reconocí con muchísimo orgullo el poder contar con Isidro de una manera tan continuada y tan apasionada. Una vez dibujadas y discutidas las líneas estéticas que definirían la programación, hablábamos poco, pero el entendimiento se producía como un relámpago y las ideas surgían a borbotones en cada proyecto. Desde muy pronto, ambos sabíamos que no nos habíamos equivocado.

Sus imágenes estarán unidas para siempre a los espectáculos que marcaron aquella época. El grifo de agua por el que chorrea la sangre de Un enemigo del pueblo, el escarabajo siniestro de Splendid’s, la mano convertida en un tablero de ajedrez de Rey Lear, el castillo de sillas hechas con cerillas de Platonov, el centauro descabezado de Mujeres soñaron caballos y tantos y tantos otros que son ya iconos de mi etapa compartida con él. Hasta nuestra colaboración en Los hermanos Karamázov, siendo ya director Ernesto Caballero, para la que ni siquiera hablamos y que, desde el momento en que me enseñaron su propuesta, tuve claro que había acertado plenamente otra vez. No era más que otro ejemplo de nuestra gran comunicación.

Sus creaciones nunca se reducían a ilustrar, a informar, a comunicar hechos ni a proponer soluciones, sino que una y otra vez nos permitían profundizar en aspectos únicos de la experiencia humana con una enorme capacidad de síntesis.

Isidro Ferrer y yo hemos sido, sobre todo, cómplices dentro de esta aventura apasionante que es el teatro. Hemos sido también dos plásticos apasionados por nuestro oficio, y esa cercanía la he seguido sintiendo a través de los años, siempre. En él encontré admiración, respeto, un apoyo silencioso. Isidro no es hombre de muchas palabras. Aprovecho estas líneas para manifestarle mi más sincero y profundo agradecimiento por su talento y por su constante rigor a la hora de buscar nuevas formas de expresión, y por su radical compromiso con la realidad de su
tiempo. Ahora miro hacia atrás y todo me parece un sueño del que ninguno de los dos querríamos despertar, porque amamos nuestra profesión por encima de todo y él lo sigue demostrando cada día. Gracias, Isidro.

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Autor: Isidro Ferrer. Título: El juego en escena. Editorial: Nórdica. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

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