Cuatro ancianas que viven en el 2045 construyen una máquina del tiempo y, a modo de último viaje juntas, retroceden hasta el Madrid de 1985. Allí se enfrentan de nuevo a decisiones ya superadas, a amores pasados y a bailoteos al ritmo de la música de la Movida.
En este making of Inés Galiano explica cómo escribió Las chicas de ayer (Runas).
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Desde niña me han fascinado las historias de viajes en el tiempo: imaginaba las infinitas posibilidades que permitiría una máquina del tiempo y las consecuencias que tendría en la toma de nuestras decisiones. ¡Cuántas veces he pensado: “Si pudiera volver atrás y hacerlo mejor (o al menos distinto)…”! Casi las mismas que he tratado de imaginar cómo seremos en el futuro.
Esta novela me ha permitido también a mí volver a esta época, que se asocia en el imaginario colectivo con la rebeldía, las melenas cardadas, y la música rock. Hice una pequeña trampa, porque es una época que no he vivido (nací en el 92), pero creo que la nostalgia es un sentimiento que se hereda. Mis padres vivieron su juventud en aquellos años, lo que influyó en mi infancia: recuerdo coreografíar “Bailando” durante horas con mi prima, incluir las canciones de Rubí en mi cassette personal del coche, y escuchar las anécdotas de entonces mientras repasábamos el álbum de fotos familiar, lleno de coloridas blusas con hombreras. Y tras ver el éxito de la serie Stranger Things, creo que no soy la única que ha heredado esa nostalgia ochentera.
Sin embargo, cuando escribía esta historia y me perdía en aquel mar de documentación, noticias de archivo de periódicos y reliquias de RTVE, tenía claro que no quería llegar al extremo de romantizar la década. Quise reproducir las diferencias entre personas nostálgicas y aquellas más pendientes del futuro a través de los diferentes puntos de vista de las cuatro protagonistas: mientras que Marie representa a las personas que desearían revivir sus recuerdos una y otra vez, Cati está muy a gusto con los avances tecnológicos de 2045 (el año en el que comienza la novela), Patricia es consciente de los cambios históricos, y finalmente, el personaje de Isabel es una anciana cascarrabias que se queja de los peligros de retroceder en el tiempo.
Además, Isa es la única del grupo que no ha sucumbido a los tratamientos de estética y que quiere ser vieja, porque serlo significa haber vivido. Me dicen los lectores que no encuentran más historias con personajes femeninos mayores, y lo cierto es que no se escriben. Parece que las mujeres, a partir de cierta edad, desaparecen, como si ya no tuvieran nada que contar. Nada más lejos de la realidad.
Con esta preocupación en mente, quise describir a un grupo de ancianas que llevan toda la vida siendo amigas y compartiendo anécdotas. Construir su visión del mundo y las dinámicas entre ellas me sirvió para reivindicar su papel, las presiones a las que se ven sometidas para esconder su edad y denunciar su invisibilización.
Esta premisa también me permitía imaginarme el futuro con mi propio grupo de amigas, con las que espero seguir viajando y compartiendo la vida a los setenta y siete años, al ritmo de la música ochentera o de la que queramos.
Las chicas de ayer habla de los 80, de la vejez y el compañerismo, pero también es una historia de paradojas temporales. Aunque el foco lo tiene la amistad, era importante diseñar un viaje en el tiempo plausible para los lectores y, sin lugar a dudas, fue el elemento que más quebraderos de cabeza me trajo. Aquí tengo que destacar el inestimable apoyo de mi editor (aunque no le guste ser mencionado), que desde la primera reunión sacó una enorme pizarra para conectar los puntos de cada salto de la línea temporal.
Construir un viaje temporal creíble fue uno de los mayores retos del proceso de escritura de esta historia, pero estoy convencida de que dimos con las piezas perfectas para que el puzle encajara. Y del mismo modo que las buenas traducciones deben ser perfectas para pasar desapercibidas y que el lector disfrute la historia, nuestra paradoja temporal tenía que ser redonda para que los lectores puedan centrarse en el viaje de estas cuatro amigas a la época de sus recuerdos de juventud.
Escribir esta historia ha significado enfrentarme a la nostalgia de tiempos pasados, al mismo tiempo que a mis propios miedos sobre el futuro y la vejez. Pero por encima de todo, es un homenaje a la amistad.
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Autora: Inés Galiano. Título: Las chicas de ayer. Editorial: Runas. Venta: Todos tus libros.


Que novela tan interesante. Al leer este artículo recordé que en Costromo tengo un viejo amigo del bachillerato, antes de irme a recorrer el mundo como marino mercante, que es uno de los pocos científicos de nivel internacional en mi país (tan apegado al lamentable dicho “!Que inventen los otros!”) y sobre quien circulan extraños rumores sobre ser el supuesto inventor de una supuesta máquina del tiempo que supuestamente funciona. En una reunión de viejos compañeros de bachillerato, ya jubilado de mi querida vida en la mar, entre cerveza y cerveza (en Costromo las tomamos casi heladas para combatir el calor tropical y por esto es la bebida alcohólica favorita de los adultos), me atreví a preguntarle a calzón quitao: “?Es verdad Atanasio que inventaste una máquina del tiempo y te lo tienes guardado?” Y esta fue su respuesta: “Esta es la quinta vez que me preguntas por la bendita máquina Mario Raimundo, y la última vez que te lo digo: Si inventé la condenada máquina y después de usarla no recuerdo cuántas veces, al lograr mi meta la destrui, para evitar cualquier eventualidad. Y te repito que la inventé para retroceder en el tiempo y hacerla la cruz a una mujer que fue mi esposa y me fregó la vida, porque termine divorciado, sin poder ver a mis dos hijos solo cada quince días y en la ruina total, trabajando como un esclavo para pagar la hipoteca de la enorme casa que compramos y donde vivía mi esposa con su nuevo novio. Este hombre que soy ahora y que tú vez feliz, tiene cuatro hijos y una esposa estupenda que es otra, no la malvada a quien le hice la cruz, porque retrocedí en el tiempo y cuando me la presentaron fue como ver al Diablo en persona. Me libre de la malvada al ignorar su cuerpo escultural y sus enormes ojos verdes que parecían esmeraldas y así intente ser feliz con el viejo método del ensayo y error y así fui viudo joven y con hijos, fui otra vez divorciado, fui viejo solterón dedicado a la ciencia, fui tantas cosas hasta que fui feliz y entonces rompí la máquina, porque siempre estaba rondando la malvada, intrigada por saber cómo no caí bajo sus diabólicos encantos !No podía saber que estaba curado en salud después de quedar despellejado vivo! Por tal razón, para evitar la posibilidad que la máquina cayera en manos de la malvada y me fregara la vida, temiendo al Destino de los antiguos griegos, destrui la máquina del tiempo. ?Ya respondí todas tus preguntas de siempre antes de pronunciarlas o quieres otro final?”. Y nos tomamos otra cerveza helada.