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La pintura de la piel

Estos días podemos encontrar en las librerías Pequeñas figuras negras, del finalista del Booker Prize Brandon Taylor.

En ella seguimos a Wyeth, un pintor de 31 años que vive en el Upper East Side. Wyeth sabe lo que es tener dificultades, ya que su historia personal está llena de ellas. Desde recolectores de tabaco hasta una familia sin padre en un parque de caravanas, todo parecía decir que su destino estaba sellado desde el día en que nació. Sin embargo, una obra convenientemente viralizada le ha permitido soñar con un futuro en el que es otra persona, alguien que no quiere recordar el lugar del que salió. Ahora trabaja como restaurador, vende pequeñas obras para un galerista y teme, como todos los artistas, no llegar o no estar en el lugar que debería. Incluso, a veces, parece temer las opiniones sobre su obra.

"La gente de Nueva York salió a la calle ansiosa por relacionarse, y este sentimiento es palpable en la ciudad que nos muestra el escritor"

La novela lleva el título Pequeñas figuras negras porque ese es el eje de la obra de Wyeth: él representa escenas de cine europeo en las que los actores blancos son sustituidos por figuras de color negro que han dado pie a múltiples especulaciones, desde la crítica directa al concepto de obra y artista hasta la que se hace a la parte social que se asume está representando siempre un artista. Esto le permite a Taylor dar rienda suelta a pensamientos y reflexiones más elaboradas sobre el arte y la estética afroamericana en Estados Unidos. Taylor incomodará a muchos al hablar de la utilización política del arte e incluso de la racialidad para llegar a la fama o convertirse en un instrumento mediático. Señala lo mediático y conveniente que puede resultar para un político alabar a un artista de color, como el famoso retrato de Barack Obama que cuelga en el Smithsonian, más por a quién representa y quién lo pintó que por la calidad de la obra. Wyeth hace suyas todas estas cuestiones para llegar a plantearse si la verdadera experiencia artística no necesitaría ser liberada de todo este oportunismo disfrazado de identidad social. Pero va mucho más allá al cuestionarse casi cada cosa que ve, como si por el hecho de ser artista necesitara que cualquier cosa a su alcance le tuviera que transmitir emociones. Uno, durante la lectura, acaricia varias veces el término “impostor” cuando se para a pensar en cómo se siente el protagonista. La novela aborda el amor entre Wyeth y Keating, un romance que es casi palpable en un libro con un fuerte sentido postpandémico: aquí lo importante es tocar, sentir y relacionarse. La gente de Nueva York salió a la calle ansiosa por relacionarse, y este sentimiento es palpable en la ciudad que nos muestra el escritor. Una ciudad tomada por las redes sociales y las pantallas en la que el arte tiene que luchar con el estímulo constante, y quizás por eso llena al lector de referencias artísticas y listas interminables que parecen buscar mostrar todo lo que el mundo está dispuesto a regalarnos si ponemos un poco de atención.

Pequeñas figuras negras es una novela que aborda el arte desde todos los ángulos que pueda percibirlo un artista: de la sorpresa del éxito al bloqueo, pasando por las inseguridades y los miedos que parten desde la propia obra y llegan hasta aquellos basados en las distintas críticas que se pueden obtener a partir de cada mirada. Y aún así, parece decirnos el autor, crear merece la pena.

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Autor: Brandon Taylor. Título: Pequeñas figuras negras. Traducción: Lucas Gonzalvo Valls. Editorial: Letras de plata. Venta: Todos tus libros.

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