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La arrogancia inmóvil de las estatuas

Foto de Lisbeth Salas de la estatua de Ramón y Cajal en el Retiro de Madrid

Hoy, esta ventana zendiana que lleva implícitamente el nombre de Ángel González se abre para él con la compañía de Lisbeth Salas, que ha visto en esta estatua de Cajal el complemento a su voz poética: «vuestra arrogancia / inmóvil, vuestra fría / belleza…». El título del libro que González publicó en 1961, y que contiene este poema, siempre me ha parecido muy eficaz porque puede explicar en cualquier momento de la vida (y más en este) un estado de ánimo: Sin esperanza, con convencimiento.

MENSAJE A LAS ESTATUAS

Ángel González

Vosotras, piedras
violentamente deformadas,
rotas
por el golpe preciso del cincel,
exhibiréis aún durante siglos
el último perfil que os dejaron:
senos inconmovibles a un suspiro,
firmes
piernas que desconocen la fatiga,
músculos
tensos
en su esfuerzo inútil,
cabelleras que el viento
no despeina,
ojos abiertos que la luz rechazan.
Pero
vuestra arrogancia
inmóvil, vuestra fría
belleza,
la desdeñosa fe del inmutable
gesto, acabarán
un día.
El tiempo es más tenaz.
La tierra espera
por vosotras también.
En ella caeréis por vuestro peso,
seréis,
si no cenizas,
ruinas,
polvo, y vuestra
soñada eternidad será la nada.
Hacia la piedra regresaréis piedra,
indiferente mineral, hundido
escombro,
después de haber vivido el duro, ilustre,
solemne, victorioso, ecuestre sueño
de una gloria erigida a la memoria
de algo también disperso en el olvido

(De Sin esperanza, con convencimiento, 1961)

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