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La bailarina de San Petersburgo, making of  

La bailarina de San Petersburgo, making of   

Aunque la memoria suele ser traicionera y organizar el caos de la existencia pertenece al ámbito de la literatura, puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que todo empezó cuando leí Lo que ha quedado del imperio de los zares, de Manuel Chaves Nogales. Fue en el verano de 2013. Hacía menos de un año de la publicación de mi última novela, una historia de espías en el Madrid de 1950 y, aunque me apetecía cambiar de registro y estaba a punto de empezar otra policíaca ambientada en la Sevilla actual, ya tenía en la cabeza otros proyectos. No soy de los escritores que sufren el temido bloqueo. Al contrario: sé que no viviré los años suficientes para escribir todas las historias que me gustaría. Los reportajes que el periodista sevillano escribió sobre los rusos exiliados en París tras la revolución encerraban una serie de elementos muy atractivos para una novela: gente desarraigada, un mundo perdido y la certeza de que ya nada volverá a ser como antes.

Seguí con mi vida, publiqué dos novelas más y un libro de cuentos, pero entretanto me fui zampando todo lo que encontraba sobre el exilio ruso tras la revolución. Como me gusta visitar los escenarios donde van a suceder mis novelas, viajé varias veces a París. Merece la pena acercarse al coqueto cementerio ruso de Sainte Geneveive des Bois, que aparece en uno de los capítulos de La bailarina de San Petersburgo. Allí está enterrado Félix Yusúpov, el noble ruso que acabó con la vida de Rasputin, y también hay un cenotafio con el nombre del general Alexander Kutépov. Ambos juegan un papel importante en la novela. También viajé a Moscú y a San Petersburgo para recorrer las mismas calles que mis personajes, sentir el mismo frío ruso que ellos y recorrer en tren el mismo trayecto entre esas dos ciudades fascinantes. Al volver ya tenía una idea bastante clara de lo que quería escribir: una novela de espionaje, aventuras y emociones que consiguiera entretener, aportar algo nuevo y hacer reflexionar al lector.

"¿Quién mejor que él para esta nueva novela? Mi querido Gordon Pinner sería el protagonista"

Llevaba mucho tiempo dándole vueltas a un personaje que pudiera protagonizar una serie de novelas en las que contar las décadas centrales del siglo XX, y ahora estoy convencido de que ninguno me convencía porque ya lo tenía. En 2004 publiqué una novela en la que aparecía un periodista mitad inglés y mitad español, antiguo colaborador del NKVD. ¿Quién mejor que él para esta nueva novela? Mi querido Gordon Pinner sería el protagonista. El proyecto me planteaba varios retos muy estimulantes: yo tenía menos de treinta años cuando parí a Pinner y ahora me acercaba a los cincuenta. En La clave Pinner él tenía cuarenta y dos años y estaba desencantado; en La bailarina de San Petersburgo tendría veintisiete y, aunque ya empezaba a darse de cuenta de que el mundo ideal en el que creía no existía, aún no se le habían abierto los ojos del todo. La nueva novela no sería una segunda parte de La clave Pinner, tampoco una precuela, sino una historia en la que usaría a uno de los personajes de aquella. La clave Pinner estaba narrada en tercera persona, podría decirse que era una novela coral, y La bailarina de San Petersburgo estaría contada en primera persona, por un Gordon Pinner que asiste y trata de sobrevivir a todo lo que está pasando.

Han sido varios años de mucho trabajo, siempre es así. También, como siempre, ha merecido la pena. Ahora ha llegado el momento de compartir La bailarina de San Petersburgo con los lectores.

Disfrútenla.

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Autor: Andrés Pérez Domínguez. Título: La bailarina de San Petersburgo. Editorial: Almuzara. Venta: Todostuslibros y Amazon

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