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La biblioteca de Carlos Augusto Casas

La biblioteca de Carlos Augusto Casas

Hace unas semanas estuve en casa del escritor y periodista Carlos Augusto Casas. Tuve el placer de retratarle para este blog, disfrutamos de una bonita charla sobre literatura y amigos en común y conocí a su amiga y compañera Churripín, una perrita mestiza, gran protagonista de este reportaje.

Un referente de la novela negra de nuestro país, un tío humilde de barrio, gran amante de los animales y sobre todo un escritor con mucho talento que combina como nadie el oficio del periodismo de investigación, la calle, el arte de la palabra —quizás heredado de su padre— y una gran facilidad para contar historias.

Para saber más sobre Carlos Augusto:

Carlos Augusto Casas es periodista y escritor, autor de la novela Ya no quedan junglas adonde regresar (2017, M.A.R. Editor), con la que ganó el Premio Wilkie Collins, el Premio Novelpol a la mejor novela negra de 2018, el Premio Ciudad de Santa Cruz a la mejor novela negra de 2018, el Premio Tormo Negro del Festival Las Casas Ahorcadas de Cuenca y el Premio Tuber Melanosporum del Festival Morella Negra. Este año ha publicado El Ministerio de la Verdad (Ediciones B).

Nació y creció en Madrid. Comenzó su carrera como periodista en Diario16, donde vivió los últimos estertores de la prensa canalla, donde todo el mundo fumaba en la redacción y los archivadores servían para esconder innumerables botellas de alta graduación. Una prensa menos tecnológica que la actual y sin embargo mucho más preocupada por contar la verdad. Tras la desaparición del periódico, pasó a trabajar en televisión, donde se especializó en el periodismo de investigación, concretamente en los reportajes con cámara oculta. Su trabajo le ha llevado a hacerse pasar por comprador de puticlubs para poder contar lo que ocurre dentro de estos locales, a contratar sicarios en el barrio madrileño de Lavapiés o a ‘cocinar’ droga con un narco gallego. Antes de dedicarse al periodismo fue ferrallista, ‘pasajero misterioso’ viajando por todo el mundo realizando el control de calidad de una compañía aérea, repartidor de propaganda en Londres o vendedor de flores en La Habana. Explica:

«No he sido consciente hasta hace relativamente poco, pero tengo la convicción de que me hice escritor gracias a mi padre. Un tapicero portugués que escribía poesía a escondidas. Un hombre único e irrepetible que no quería que su hijo fuese abogado o médico. ¿Por qué elegir una vida aburrida de antemano? Prefería que la existencia de su hijo fuese una apabullante y luminosa montaña rusa, de esas que te atraen y te aterrorizan a partes iguales. De las que te obligan a cerrar los ojos en sus interminables bajadas y a gritar de felicidad hasta reventarte los pulmones en las subidas. Eso es lo que quería mi padre. Quería que fuese escritor.

Durante muchos años fui un escritor que no escribía. Creaba historias constantemente en mi cabeza pero ninguna quedaba plasmada en el papel. Era un especialista en encontrar excusas para ir posponiendo el momento de mirar a la cara al folio en blanco. No tengo tiempo, debo pulir más la historia mentalmente… Porque las excusas son como la droga, si sabes dónde buscarla la encuentras por todas partes. Necesito encontrar mi propia voz, tengo que conseguir una silla más cómoda, una mesa más grande… En realidad, utilizas todo este enorme montón de excusas para esconder debajo tu miedo al fracaso. A escuchar la espeluznante frase “no está mal” en boca de tus primeros lectores. A ser un ingrediente más del espeso caldo de la mediocridad.

Pero llegó un tiempo en el que las excusas se me terminaron. Ya no me quedaban mentiras que contarme a mí mismo. ¿Quieres ser escritor? Pues escribe. Y lo hice. Descubriendo una de las mejores experiencias de mi vida. Porque escribir es una fiesta organizada solo para ti, en la que tú eres el único invitado. Es entrar en un trance muy próximo al que experimentas cuando te enamoras. Todo lo que no sea el libro, la historia, deja de tener sentido. Nada más tiene importancia. Rutinas, costumbres, obligaciones, deseos, necesidades. Todo queda supeditado al libro. Y cuando lo terminas sientes una gran liberación, como si te hubieras quitado un peso de encima, pero también un vacío. Y eres consciente de que solo podrás llenarlo sentándote de nuevo delante del ordenador, provocando otro incendio, encendiendo otra vez la mecha, arrasando nuevamente ciudades enteras.

Una de los comentarios más gratificantes que recibo de mis lectores es que al leer mis novelas se nota que me lo he pasado muy bien escribiéndolas. Y es así. Me pasó en 2017 con Ya no quedan junglas adonde regresar y lo he vuelto a vivir este año con El Ministerio de la Verdad. Una novela de la que estoy especialmente orgulloso por haber conseguido mezclar el thriller con la crítica social y la reflexión sobre cómo es nuestra sociedad. Una novela que gira sobre uno de los temas que me obsesionan: la verdad. La importancia de la verdad en una sociedad que parece haber elegido vivir en una mentira. La vida convertida en un anuncio de ropa cara. En un videoclip de la MTV. Echo de menos a Julia, la protagonista, uno de los personajes de los que estoy más orgulloso porque está llena de contradicciones, como todos. Y también a “El Poeta”, uno de los mejores malos que he creado. Cómo me gustaría tomarme una copa con él. O dos.

No me gusta dar consejos porque tampoco me gusta recibirlos. Pero si tuviera que decir algo a la gente que empieza en la escritura sería que creo que solo hay dos caminos para conseguir ser un buen escritor: leer mucho, leer de todo, sin prejuicios y sin hacer caso a los dogmas. Leer es de los pocos reductos de libertad plena que nos quedan. Que no te lo estropeen con listas de más vendidos, ni clásicos imprescindibles, ni cánones interesados. Lee, no seas como el resto y lee. Y el segundo camino es vivir, pero de verdad. Abriendo puertas, saltando vallas, cerrando bares, besando bocas. Que tu vida no la marque el horario de una oficina, ni las convenciones sociales, ni los estrenos de una plataforma. No hagas planes, déjate llevar, no hagas siempre lo que te dicen, lo que se espera de ti. Montar en el metro es mucho más aburrido que subirte a una montaña rusa. Tú eliges. Vive como un caballero y escribe como un salvaje».

Nos recomienda a los lectores de Zenda:

Todo Bellón 2, del maestro Julián Ibáñez, editado por Cuadernos del Laberinto en su colección Estrella Negra.

Como decía más arriba, no doy consejos, pero sí me gusta recomendar libros. Me parece un acto de generosidad plena ese intento de que los demás experimenten la misma felicidad, emoción y belleza que tú encontraste encerrado entre las páginas. Soy de los que piensan que el mejor lugar en el que se puede estar es dentro de un libro.

Me gustaría recomendar Todo Bellón 2, del maestro Julián Ibáñez, editado por Cuadernos del Laberinto en su colección Estrella Negra. La segunda entrega de las obras completas de Bellón, ese buscavidas crepuscular que cada vez entiende menos al mundo, tal vez porque al mundo ya no le interesan los tipos como Bellón. Julián Ibáñez es un vendaval de aire puro en estos tiempos encorsetados a lo políticamente correcto. Un escritor radicalmente libre, ajeno a modas, imposiciones y censuras. Y por eso es un clásico. Porque Ibáñez es puro estilo. Propio, inimitable, personal. Abrir un libro de Julián es colarse en una fiesta salvaje en la que veremos lo mejor y lo peor de la condición humana, de la gente que vive en los márgenes de la sociedad. Pero, sobre todo, nos lo pasaremos muy bien. Pocas cosas he hecho en esta vida tan divertidas como leer un libro de Julián Ibáñez. Pasen a la fiesta, están invitados.

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