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La cascada y la campana, de Pablo Piferrer

La cascada y la campana, de Pablo Piferrer

Periodista, poeta y novelista. Enamorado del romanticismo alemán, fue uno de los encargados de introducirlo en nuestro país. A continuación reproduzco La cascada y la campana, de Pablo Piferrer.

La cascada y la campana, de Pablo Piferrer

En cañada solitaria una cascada zumba;
de las peñas tajadas furiosa se derrumba,
y el negro sumidero en que brota y retumba
la engulle toda.

He aquí que en lo más hondo, entre la niebla oscura
que la espuma levanta, misteriosa figura
asomaba la cara: con siniestra amargura
me sonreía.

«Tú que el abismo miras, mira en esta cascada
del destino del hombre la imagen retratada:
salta, brilla, retumba, se abisma, se anonada;
después, ¿qué es de ella?

Un más allá no busques, ni a ella ni a tu suerte:
Joven, camino y brilla; difunde, varón fuerte,
el son de tu renombre; después vendrá la muerte
a anonadarte.»

Del vértigo hecho presa, cedía al parasismo;
nublóseme la vista clavada en el abismo,
cuando con son lejano retomóme a mí mismo
una campana.

Abrí atento el oído, su palabra sonora
desde el valle me dijo: «Tú, hombre, espera y ora
para que esta jornada, de toda pena mora,
la cumplas fuerte.

Cuan dolorosa es breve, el sepulcro su fin;
más allá está tu patria, un eterno confín,
y allí tormento eterno o celestial festín:
dirálo el Juicio.

La imagen de tu suerte contempla en la cascada:
en la hoya del peñasco entera se anonada;
mas por caño escondido rebrota en la llanada
formando río.

¿Lo ves que todo el llano serpentea y fecunda?
su corriente a cien villas de riquezas inunda,
hasta que en el Océano con eterna y profunda
unión se abisma.

Dentro de ti propio llevas un destello divino;
su patria no es la tierra; el cielo, su destino;
Dios, su océano inmenso: ¿dudas por el camino?
Ora y espera.»

Su eco de peña en peña quebrantándose expira;
el sol la roja cúspide por vez postrera mira;
el aura vespertina en las ramas suspira:
cayó la tarde.

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