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La facilidad de lo imposible

Hay pocas reseñas que me cuesten más escribir que las de las novelas de César Pérez Gellida.

Hemos analizado y criticado sus novelas desde los puntos de vista más complejos que existen: hemos hablado de Nietzsche, de Spinoza, de Schopenhauer, del pensamiento consciente, del bien y del mal, de la inteligencia, de la complejidad estructural de la obra y del diálogo… y poco más se puede decir ya. Que sí, que es novela negra de la buena, que sí, que los personajes son muy sólidos, que sí, que la trama es sorprendente… pero, ¿qué más se puede decir ya de lo que escribe César Pérez Gellida? Si leyeron alguno de los anteriores artículos que dejé caer por esta celda se darán cuenta de la dificultad de la crítica, aunque ya les resumo yo la razón de la dificultad de este texto: César es un autor imposible.

“Imposible” es una palabra aparentemente sencilla de comprender, pero una de las maravillas de la polisemia es que confiere a cada vocablo varios significados. Si nos vamos a mirar cómo se define “imposible” en el diccionario de la RAE encontraremos:

  1. adj. No posible.
  2. adj. Sumamente difícil.
  3. adj. Inaguantable, enfadoso, intratable.
  4. m. Ret. Expresión de la seguridad de que antes de que suceda o deje de suceder algo ha de ocurrir otra cosa de las que no están en lo posible.

"Diría que César ha acuñado una voz y un estilo propio, pero no. Lo que ha hecho es forjar el término #Gellidismo"

La primera de estas acepciones tiene que ver con el ratio calidad/cantidad de su escritura. En cuanto a la cantidad, notar que llevamos devorados miles de páginas desde 2012 del autor vallisoletano y si echamos la vista atrás, no queda más que reconocer la labor titánica que hay detrás de los 10 libros (con este 11, audiolibros aparte) que lleva el calvo a la espalda. 11 libros en 8 años. Esto está al alcance de muy pocos… Pero lo que no está al alcance de casi nadie es la calidad de la prosa, la estructura precisa, la innovación constante en la temática y el haberse erigido de manera merecida, autónoma e independiente en el mejor autor de novela negra de este país, reivindicando un género en el que cualquier persona con un teclado y tiempo libre se siente con derecho y capacidad para inmiscuirse. Esto es lo que hace que, a tenor de lo que reza en la primera acepción del adjetivo, quien esto escribe no sepa qué decir. Diría que César ha acuñado una voz y un estilo propio, pero no. Lo que ha hecho es forjar el término #Gellidismo, vocablo que ha acabado por írsele de las manos al mismo autor. Nadie más está a la altura, y a priori esto parece imposible.

La segunda de estas acepciones tiene que ver con la novela que nos ocupa: La suerte del enano. Como no me gustan las “sinopsis de contraportadas” solo os diré que es una novela que nos habla de un museo en el que ocurre un robo imposible de un objeto imposible por parte de unos sujetos aparentemente imposibles y con un desenlace… imposible. Para llegar ahí, César se pasa por el forro la “economía de personajes” y nos vuelve a presentar a unas figuras desconocidas que llenan la escena y que solidifican delante nuestro en apenas unas pocas páginas. Siempre he mantenido que la parte más consistente de la escritura de Gellida era el diálogo, y en esta novela el autor me cierra la boca. Literalmente. Lo digo con conocimiento de causa, y ahora explico el porqué. Os transcribo una de nuestras conversaciones que tuvo lugar en pleno proceso de escritura:

—Se me acaba de morir un personaje sin querer.

—¿Cómo que sin querer?

—Pues que se me ha muerto. De repente. No he podido hacer nada.

—¿Y qué vas a hacer ahora? ¿No lo puedes recuperar?

—Si está muerto, está muerto.

—Pero, ¡qué cojones, si lo has escrito tú!, lo reescribes.

—Lo he escrito yo pero se ha muerto él. Así que a joderse.

—Olé tus huevos.

—Tengo que comprar otro secador.

La suerte del enano es exactamente eso. Es una historia con vida propia, en la que pasa lo que pasa, pero en la que César hace lo que nadie más sabe hacer: retorcer la lógica para encajar toda una serie de sucesos en los que las consecuencias se convierten en futuras causas de manera natural. Que el escritor esté al servicio de la historia es como debe ser este oficio, pero que la misma “lógica” también se preste a esta manipulación es lo que lo hace parecer imposible.

"Es un imposible que cada uno de los libros de César no suponga un desafío intelectual que acabaremos perdiendo"

La tercera de las acepciones de la palabra tiene que ver con la sensación que esta novela provoca en el lector. Una sensación insufrible de notar que en todo momento se “está por detrás”. Una sensación que es soportable en los libros “que te tienen al borde del asiento”, pero que cuando te pasa con César te sientes como un imbécil, porque te das cuenta de que disfruta engañándonos. En ese aspecto, Gellida es un psicópata de manual, porque una cosa es no saber cuándo te va a venir el golpe y otra cosa es terminar el capítulo y no saber por dónde te ha venido. Y eso a mí me pone de los nervios. Insufrible. Por eso le odio. Y que después de diez libros tenga esa sensación cada vez que abro un nuevo libro de este autor a mí me parece algo imposible.

La cuarta de las acepciones de la palabra “imposible” es la que más me gusta. Tiene que ver con la retórica, y viene muy al caso el siguiente ejemplo: “César consigue lo imposible”. Y es que es un imposible que La suerte del enano vaya a defraudar a cualquier lector. Es un imposible que La suerte del enano no se te quede pegado a las manos cuando lo estés leyendo. Es un imposible que cada uno de los libros de César no suponga un desafío intelectual que acabaremos perdiendo. Casi todo en este libro me parece un imposible.

"Ya he dicho alguna vez más que es un imposible que el autor no vaya a asaltar las listas de ventas con este libro, o con cualquier otro"

Para los más puristas de la crítica podría decir que veo en la obra influencias de Nesbø, de Cerdán, de Márkaris, de Camilleri, de Gómez-Jurado y hasta de Pérez-Reverte. Gellida es un lector voraz, y lo inusual sería no detectarlas, pero a estas alturas, ¿a quién le importa? También podría decir que la ordenación temporal es in extrema res (término que aprendí de mi querida Montse), pero que se desdibuja en un fluido manejo de las subtramas coetáneas a la principal. Esto siempre tiene el riesgo de afectar al ritmo de la novela, error que el autor no ha cometido ni una sola vez. Podemos decir también que, si examinamos su diégesis, vemos que el particular uso de la elipsis que hace Gellida se enmarca en una evidente construcción audiovisual de la escena literaria, lo que facilita de manera intencional la comprensión del texto. Podría decir todo esto, pero no quiero ser pedante. Ya saben ustedes.

Ya he dicho alguna vez más que es un imposible que el autor no vaya a asaltar las listas de ventas con este libro o con cualquier otro. Es un imposible que no le sigan dando premios literarios en cascada. Esto es sólo cuestión de tiempo.

Y como también os suelo decir, ya lleváis demasiado tiempo perdido leyendo estas líneas. Dejadlo aquí y coged el libro. Leed a César Pérez Gellida. Que no os guste es, literalmente, un imposible.

Sed buenos.

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Autor: César Pérez Gellida. TítuloLa suerte del enanoEditorial: Suma. VentaTodostuslibros y Amazon 

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Manuel Antonio Lizarazo Rodríguez
Manuel Antonio Lizarazo Rodríguez
18 ddís hace

La sencillez conque escribe y el hilo conductor a través del significado de «imposible». Nos entrega una reseña, completa y encantadora. No solo del autor si no también de la suerte del enano.
Imposible no leer este libro. La suerte del enano será mi próxima lectura.