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La FIL de Guadalajara y Perú

La FIL de Guadalajara y Perú

Ya está listo el programa del país invitado a la próxima edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que se celebrará del 27 de noviembre al 5 de diciembre próximos. Bajo el lema “Historias que nos conectan”, Perú llevará a la capital tapatía a una nutrida delegación de sesenta personas, entre escritores, académicos y profesionales del libro y de la lectura, en la que no obstante destaca la ausencia del Nobel Mario Vargas Llosa, quien ha declinado la invitación al encuentro “por cuestiones de agenda”. Sí acudirán, en cambio, autores como Renato Cisneros, Alonso Cueto, Micaela Chirif, Rosella de Paolo, Gabriela Wiener, Fernando Iwasaki, Karina Pacheco, Valeria Román, Santiago Roncagliolo, Diego Trelles, Ana Varela, Victoria Guerrero o Claudia Rosas Lauro, entre otros, quienes darán vida a un programa especial cuya intención es ofrecer una representación lingüística y cultural diversa. Según adelantó Raúl Padilla, presidente del comité organizador de la FIL, esta trigésimo quinta edición tendrá una programación híbrida, con una extensión en el Centro Cultural de la Universidad de Guadalajara, a donde se trasladarán las actividades infantiles, ya que son conscientes de que la emergencia sanitaria provocada por la pandemia aún no ha terminado, y siguen trabajando en protocolos que permitan vivir esta gran fiesta de los libros y la lectura de la manera más segura posible. Ya lo dijo Marisol Schultz: el público, corazón del evento, recompensará con creces todos estos esfuerzos.

YAZA, CUANDO LAS PLANTAS SUEÑAN

"Un puñado de escritores se han dado a la tarea de atrapar la palabra escrita y oral de aquellas expresiones literarias que se inspiran en las hojas y las plantas"

Yaza en zapoteco designa cualquier hoja de árbol o planta, pero también tiene connotaciones sagradas y al tiempo que de manera sencilla es hoja verde también es la hoja de un libro, sus páginas. Como dice el escritor Manuel Matus Manzo, “puede pensarse que yaza es libro, un remoto libro sagrado”. Asociando esta palabra a esa metáfora, un puñado de escritores se han dado a la tarea de atrapar la palabra escrita y oral de aquellas expresiones literarias que se inspiran en las hojas y las plantas para expresar el mundo y conectarse a ese espíritu universal mediante la palabra. Han creado así una nueva aventura cultural que, desde Ixhuatán, un pueblo ubicado en el corazón del istmo de Tehuantepec, quiere expandirse allá donde el viento y las nubes lleven su savia. El primer paso ha sido la edición de una revista de periodicidad trimestral a la que han bautizado con el nombre de Yaza, la cual encabezan Víctor Armando Cruz Chávez, Araceli Mancilla, Fernando Solana Olivares y el propio Matus Manzo, y cuyo primer número acaba de comenzar a circular con poemas de autores como David Huerta, Brenda Ríos, Viridiana Blanco Anzures o Víctor García Vázquez. Como escribe Solana Olivares en uno de sus textos, “este es un canto de las hojas que tiemblan, dicen y sueñan. Son aves ligeras, frágiles y poderosas. Señoras del tiempo y la memoria. Su autor está en las hojas”. Feliz viaje, amigos.

EL FCE SE QUIERE APLICAR

"El Fondo buscará incorporar al catálogo autores emergentes y obras de vanguardia que puedan influir en la discusión de los asuntos públicos o en la formación lectora"

El Diario Oficial de la Federación publicó estos días nueve incisos con cuatro objetivos prioritarios del Programa Institucional 2021-2024 del Fondo de Cultura Económica. En el documento, la editorial especifica que se propone “disminuir el costo por ejemplar impreso mediante el desarrollo y la implementación de políticas de presupuesto y gasto eficientes; así como el impulso de series a precios asequibles”, tarea que será digna de abucheos si, además de no ir acompañada de una selección de títulos realmente valiosa desde el punto de vista literario y cultural (únicos valores posibles en liza) no ofrece dignidad al libro como objeto y emplea materiales de baja calidad que acaben deshojando la edición en aras de un pensamiento encaminado al puro rendimiento económico, máxima neoliberal que tanto se ha atacado desde la propia administración gubernamental a quienes la critican. También se destaca que el Fondo buscará incorporar al catálogo “autores emergentes y obras de vanguardia que puedan influir en la discusión de los asuntos públicos o en la formación lectora”, buen empeño si no hay favoritismos oportunistas de ideología, de partido o de amistad, y prima la excelencia y el riesgo antes que las modas y la absurda corrección política. Según este programa, algunos de los objetivos del FCE serán “integrar la red de librerías del gobierno federal, conformada por la alianza FCE-Educal, que permita distribuir libros a precios asequibles; fomentar el acercamiento de más personas a la lectura por placer para fortalecer la cultura de paz y el sentido de comunidad, y reestructurar los procesos administrativos, comerciales y de difusión cultural en las subsidiarias en el extranjero”. Integrar la red de librerías, bien, pero sin más cierres, mejor; libros baratos, sí, pero sin machacar a los sellos independientes, que ya bastante esfuerzo hacen por editar; acercar personas a la lectura, genial, pero démosles una buena educación, que es la base de todo buen lector (que si lo es de verdad, disfruta leyendo sí o sí); y en cuanto a reestructurar las subsidiarias, sería bueno que de verdad se atendieran y no solo se colocaran ahí personas que poca idea tienen del mundo de la edición, como ocurre en España, donde el FCE apenas existe. El Plan concluye que para 2024, la Estrategia Nacional de Fomento a la Lectura “mejorará el nivel lector de los mexicanos”. Ojalá, pero me temo que con tan pocos recursos destinados a la cultura hay pocas esperanzas. Por último, se dice que cuando el FCE celebre su 90 aniversario (en 2024) “habrá contribuido al bienestar mediante el goce de la lectura y el desarrollo de sus habilidades y competencias”. Me temo que no será así, y que el objetivo de este gran sello editorial de erguirse “como una editorial esencial en el impulso a la cultura y la educación como mecanismo indispensable en el desarrollo de la nación, enfocada en la inclusión de los sectores más vulnerables”, seguirá siendo papel mojado mientras desde las más altas instancias del gobierno de México (éste al igual que los anteriores) no se crea, en serio, que la cultura y el universo del libro importan más allá del viejo y trasnochado nacionalismo que ya huele a rancio y que sigue adornando sus propósitos con pura demagogia.

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