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La lengua es literatura, no conflicto

La lengua es literatura, no conflicto

Lo que convierte España en una potencia mundial de la literatura y la industria editorial es la certeza, el orgullo, la seguridad que da saber que esta lengua la hablan más de seiscientos millones de personas en el planeta. En nuestro país, a ese orgullo por el castellano, sumamos las lenguas catalana, vasca y gallega que ensanchan la literatura española y multiplican nuestro prestigio, nuestra mirada, el modo de enfrentarnos desde las letras al mundo, de comprenderlo y mostrarlo a los demás a través de los libros.

Mediado septiembre, mientras en el Retiro se celebra la Feria del Libro de Madrid, Barcelona acogerá la trigésimo novela edición de la Setmana del Llibre en Català, la gran cita del segundo semestre del año en la capital catalana después de Sant Jordi. Sus organizadores han recordado estos días que uno de cada tres libros que se venden en aquella región está escrito en lengua catalana. En País Vasco y Galicia la cifra de libros impresos en sus respectivos idiomas es más bajo, pero las editoriales especializadas en sendas lenguas muestran una extraordinaria salud, un luminoso proyecto, un horizonte de crecimiento que fortalece el mapa cultural español dentro y fuera de nuestras fronteras.

"Con su mudanza querían mostrar su oposición a un cambio de titularidad estatal. Eran catalanas. Querían seguir siendo catalanas. Deseaban continuar fortaleciendo Cataluña. Pero no estaban dispuestas a dejar de ser españolas"

Siempre he creído que en los planes educativos españoles ha faltado la voluntad por enseñarnos a los castellanoparlantes las otras tres lenguas autonómicas del Estado. De haberlas aprendido, de haber leído a los poetas Espriu, Aguirre y a Rosalía en sus lenguas maternas sentiríamos un aprecio, un respeto y una obligación de defensa hacia ellas mayor de la que hoy poseemos. Imagino que no es tarde. Por lo pronto, en Publishers Weekly en Español tenemos proyectado abrir en breve nuevas secciones en la revista que se hagan eco de aquel empuje editorial.

La lengua es un instrumento para crear literatura, no conflictos. Por eso, la Setmana del Llibre en Català ha de servir para profundizar en el conocimiento de aquel idioma y no para merodear en las lindes de un independentismo falaz, injustificado, traumático y ruinoso. Cuando los dirigentes catalanes prorrumpieron con el denominado procés muchas editoriales, algunas imprentas y distribuidoras de aquella comunidad autónoma se vieron obligadas a cambiar su domicilio social. Con su mudanza querían mostrar su oposición a un cambio de titularidad estatal. Eran catalanas. Querían seguir siendo catalanas. Deseaban continuar fortaleciendo Cataluña. Pero no estaban dispuestas a dejar de ser españolas. Sentían similar orgullo por abrazar ambas realidades.

Créanme que es muy difícil en cualquier país europeo o hispanoamericano explicar a los colegas ligados a la industria editorial las estultas ansias independentistas de una parte de Cataluña. Desde París, hace unas semanas por vídeo conferencia, un conocido editor galo me dijo: “Pero ¿qué les pasa a los catalanes con España? ¿No se dan cuenta de que salir de España los devolvería a la Edad Media del dragón y san Jorge?”. Es un motivo de esperanza leer en la prensa que los vascos cada vez son más recelosos a abrazar causas separatistas. La lengua española aplicada a la industria editorial nos ha enseñado dos cosas: Que somos más fuertes económicamente bajo una misma bandera y que fuera de España hace mucho frío.

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