Inicio > Firmas > La Llamada > La llamada de… Alfons Cervera

La llamada de… Alfons Cervera

Foto de portada: Ana Portnoy

Álvaro Colomer sigue indagando en el mito fundacional oculto en la biografía de todos los escritores, es decir, desvelando el origen de sus vocaciones, el germen de su despertar al mundo de las letras, el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo para muchos más confuso: la literatura.

*****

Alfons Cervera estuvo a punto de perder a su mejor amigo por culpa de la literatura. En aquella época, si no recuerda mal 1974, le acababan de despedir de la Universidad Laboral de Cheste (Valencia) por organizar unas protestas contra la reducción de plantilla y, estando una tarde en un bar con el periódico desplegado sobre la barra, leyó en la sección de clasificados el anuncio de un concurso de narrativa dotado con 75.000 pesetas. Nunca había escrito nada, no tenía vocación artística, ni siquiera respetaba el oficio de escritor, que consideraba un lujo propio de pequeñoburgueses sin conciencia social. Pero en lo que sí que creía —y mucho— era en las 75.000 pelas. Así que se encerró en casa y compuso un relato, titulado El atraco, en el que narraba el robo de un banco por parte de un grupo revolucionario. Cuando lo dio por terminado, lo metió en un sobre, le pegó un sello y lo envió bajo lema y plica a la dirección del certamen. Semanas después, su nombre apareció en aquel mismo periódico: no había ganado, pero había quedado finalista. Como eso no implicaba dinero, Cervera se encogió de hombros y siguió su camino. Y no cabe duda de que todo esto habría quedado en una anécdota sin importancia si su amigo del alma, el poeta Pere Bessó, no hubiera montado en cólera al enterarse de que había estado a punto de llevarse el premio y, por tanto, al considerar que le había estado ocultando sus veleidades literarias desde el mismísimo inicio de su relación. De hecho, se enojó tanto con su compañero de andanzas que le exigió que le dejara leer sus poemas inéditos. Cervera nunca había escrito una pieza de esas, pero no quería desairar por segunda vez a su colega y se pasó la noche entreverando versos. El resultado de tanto insomnio fueron unas composiciones líricas tan hermosas que Bessó no pudo más que incluirlas en la antología de jóvenes poetas que estaba preparando.

*

Luna Miguel se hizo escritora por pura envidia. En aquel entonces, cuando cursaba segundo de la ESO, los españoles habían tomado las calles protestando contra la invasión de Irak, y su amiga del alma, la actual pianista Naira Perdu, ganó el Premio Coca-Cola de Relatos con un cuento de ambientación antibelicista. Se había presentado al concurso sin avisar a nadie y, cuando la noticia de su triunfo corrió por el instituto, todo el mundo la aplaudió. Luna Miguel siempre había querido ser escritora, pero fue el éxito de su amiga lo que terminó de convencerla. La envidia corroyó sus entrañas con más efectividad que un chupito de lejía, y un día, estando casi al borde del llanto, se miró al espejo y se juró a sí misma demostrar al mundo lo mucho que valía. Hoy, lejos de avergonzarse por la oscuridad de aquel sentimiento, reivindica la envida, la “envidia sucia”, como uno de los motores primigenios en la vida de un escritor.

*

Fiódor Dostoyevski escribió en su diario íntimo que no podía leer Almas muertas, de Nikolái Gógol, “sin sentirme inferior; cada palabra de Gógol me recuerda lo lejos que estoy de alcanzar la perfección”. Y en una carta dirigida a su amigo Nikolái Speshnev, decía: “No puedo acercarme a Gógol sin parecer ridículo, y aun así debo intentarlo o moriré sin escribir algo digno”. Este sentimiento de inferioridad fue para Dostoyevski un elemento paralizante, pero al mismo tiempo ejerció un efecto motivador que él mismo bautizó como “envidia creativa”.

*

Los amigos son fundamentales en la formación de un escritor. Hernán Díaz sigue lamentando no haber tenido en su juventud un grupo de pares, un círculo de pertenencia, una cofradía de personas con intereses afines en la que apoyarse, y recomienda a todos los aspirantes que se esfuercen por encontrar un entorno motivador. Otro ejemplo lo encontramos en Javier Serena, que tampoco pasó la adolescencia en un ambiente literario, pero que consiguió una beca en la Fundación Antonio Gala y que, entonces sí, se rodeó de iguales. Todavía hoy, cuando recuerda aquellos días, se sorprende de la rapidez con la que uno puede hacer amigos a través de esa enfermedad invisible llamada amor a la literatura. Y esta misma idea, la de la capacidad de los libros para unir a la gente, la confirma Maxim Ósipov, quien todavía sonríe al rememorar el modo en que los letraheridos se encontraban unos a otros en un ambiente tan censor como era el propiciado por el régimen estalinista: dejaban caer en una conversación el nombre de un escritor prohibido y, según la reacción del interlocutor, sabían si habían hecho un amigo para siempre… O justo lo contrario, claro.

——————

La última novela de Alfons Cervera es Singapur (Piel de Zapa).

5/5 (1 Puntuación. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios