J’ai rêvé dans la grotte où nage la sirène
Gérard de Nerval
No es el único, ni el primero y tampoco el último que ha soñado con la gruta donde nada la sirena. Hay una larga tradición de hombres, de poetas, a los que Melusina, fuerza feérica, ha asaltado, reencarnándose desde la leyenda medieval en el cuerpo de una joven que trae consigo una promesa de felicidad sujeta a una condición; condición por la cual se pacta ante el destino, al amparo de la diosa Fortuna. La de Melusina es la leyenda medieval de tradición oral que relata la vida de un hada acuática, mitad mujer, mitad serpiente. Fue Jean d’Arras quien escribió entre 1387 y 1392, a instancias del duque de Berry, el Livre de Mélusine ou la Noble Histoire de Lusignan, definiendo la estructura de la leyenda que seguirían otros como Coudrette con El Román de Melusina (1401), a partir de la que Thüring von Ringoltingen elaboró su Melusine (1456), que llegaría a las manos de Herder y Goethe, entre otros tantos. No son pocos los autores que han recogido su figura, desde Ludwig Tieck en La muy maravillosa historia de Melusina (h. 1800) o Friedrich de la Motte Fouqué con Undine (1811) hasta el propio André Breton en Arcano 17 (1944), pasando, por supuesto, por la historia que aquí nos ocupa: La nueva Melusina (Die neue Melusine) de J. W. von Goethe (1749-1832).
Señala Carlos Alvar en la introducción a la Melusina de Jean d’Arras publicada hace años en Siruela que la leyenda de Melusina está fundada en la fusión de tres núcleos simbólicos de los cuentos folclóricos: el encuentro de un ser sobrenatural y un humano, los beneficios que obtiene el humano mientras respeta la prohibición del ser sobrenatural y las calamidades que le ocurren al cometer la transgresión, y, por último, el regreso del ser sobrenatural a su mundo con su forma de serpiente, como consecuencia de la infracción. La nueva Melusina de Goethe mantiene lo esencial de esta fórmula, aunque distanciándose de la leyenda en estructura y detalles, dándose múltiples y visibles variaciones en la reinterpretación. Pero esta reformulación de la leyenda nace del conocimiento exacto de estos elementos nucleares de su constitución medieval, que Goethe reelabora y completa, situando la leyenda a la altura de su tiempo y concibiendo un relato fantástico que responde a motivos y preocupaciones decimonónicas; un tiempo donde empieza a hacerse visible la impronta de la ociosidad y la avaricia en las deformaciones de lo humano. Pero esta deformación, esta falta de transformación no impide la sobrecogedora fuerza, la devastadora consecuencia de la aparición, del surgimiento, del retorno de los fantasmas acuáticos del deseo.
La nueva Melusina se publicó por primera vez en 1817 en una colección de literatura fantástica, el Libro de bolsillo para damas, y fue incluida años después sin cambios (exceptuando la breve introducción, que eliminó) en su novela Los años de errancia de Wilhelm Meister (Wilhelm Meister’s Wanderjahre), publicada en 1821. Es algo significativo, el que la figura oscura y misteriosa de Melusina acompañara a Goethe durante tantos años de su vida; que estuviera presente desde su etapa de juventud, cuando escribe el cuento, hasta su etapa de madurez, momento en que lo retoma para modificar sólo la introducción del relato. Ejercicio ejemplar de cómo en una extensión brevísima puede contenerse la esencia de la leyenda sin dejar de apelar al propio tiempo, la Melusina de Goethe no asume la forma tradicional del hada acuática, con alas y cola de serpiente. Se trata de un ser perteneciente a la estirpe de los enanos, una mujer que aparece para alterar el destino del narrador del relato. Yago Barja señala en sus notas el origen celta de estos enanos, emparentados con las leyendas galesas de campesinos; pero, independientemente de la forma manifestada, su naturaleza no deja de ser la feérica.
Lamia, sirena, hada, ninfa, náyade, nereida, ondina, serpiente, Melusina. Todas ellas, siempre cerca del agua, fórmulas de lo femenino acuático que, por su carácter cercano a la Creacion, tiene una doble capacidad destructiva. Es esta doble naturaleza de Melusina, la doble naturaleza de lo femenino creador la que parece ignorar la modernidad, esquivando la situación del hombre en un todo, microcosmos olvidado de su origen. Ese olvido, parece advertir Goethe, arrastrado por el paradigma donde el corazón ha sido reemplazado por el culto a la razón y al dinero, es un olvido de sí, pero también un olvido de Dios; del cosmos, de la Naturaleza, del orden superior, de lo sagrado que se manifiesta en lo maravilloso. Sucumbir a lo acuático, parece decirnos, es en realidad un despertar. Morir para renacer. Se concentran, pues, en Melusina, naturaleza feérica, leyenda medieval y el carácter anímico, apuntado por C. G. Jung en Paracélsica (esta referencia se la debo a Juan Eduardo Cirlot, véase también la voz “Melusina” en el Diccionario de símbolos).
Con esa doble cara blanca y negra imprevisible de Fortuna, con el carácter de la salvación y la destrucción, de la elevación y la inmersión, entendemos también a Melusina. Capaz de elevarnos a la felicidad y arrastrarnos a las profundidades, al fondo acuático de la disolución: la física (corpórea, la de la sangre que se agota y la carne que se desgarra) pero, sobre todo, la anímica (la del sí mismo). Ese doble carácter de Melusina, dulce y feroz, celestial e infernal, no dista demasiado de lo angélico y, tal vez, quisiera decirnos Goethe que, a una tierra sin altares, sin jerarquías, sin virtud interior, sin capacidad de integración de lo anímico, sólo le queda el asalto feroz de sus fantasmas. Melusina, ser intermedio e intermediario; angélico, feérico y liminal que conduce a la muerte, al destino fatal, pero también a la resurrección, que se manifiesta a nivel psíquico en la toma de conciencia del sí mismo y del yo-mundo.
El narrador protagonista del relato de Goethe acepta el pacto, acepta la condición que impone esta nueva Melusina. Como en la leyenda medieval, se produce una traición: una ruptura del pacto, un desgarro de la promesa y de la palabra que nos emparenta con lo sagrado. La respuesta de la traición a lo feérico es siempre el castigo feroz. La cara blanca de la diosa que muestra la de su hermana oscura. Cumplido su cometido, traicionada la condición y la promesa, lo feérico manifestado en este mundo por amor, ha de regresar, como todo ente maravilloso, como la espada de Arturo al lago; hundirse en las aguas, pues toda venida de estos “vehículos de tránsito entre dos mundos” implica un regreso. Y así sucede con el anillo de esta nueva Melusina, que actúa como el filtro de Tristán y que al romperse deshace el hechizo. Pero no es sólo el hechizo sino la incapacidad del protagonista lo que impide el matrimonio celeste, la unión de los opuestos; es su resistencia anímica a la unión sagrada la que imposibilita el mysterium coniuctionis, el misterio de la conjunción, la reconciliación del ser humano con su naturaleza divina. Es esta incapacidad, debilidad moderna, debilidad del hombre, la que estalla en su confrontación con lo acuático y lo conduce a un destino fatal. Sin respeto a lo sagrado, sin disolución del sí mismo, no hay transformación, y es esta parte de nosotros la que impide redimir la naturaleza angélica; la que nos precipita como a los ángeles en su unión con las hijas de los hombres. Lo eterno femenino (el das Ewig-Weibliche del Fausto) nos atrae hacia lo alto, pero también nos hará caer.
—————————————
Autor: Johann Wolgang von Goethe. Título: La nueva Melusina. Traducción: Juan Barja. Editorial: Abada. Venta: Todos tus libros.


Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: