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La plenitud del arte o la independencia de la artista

La plenitud del arte o la independencia de la artista

¿Cómo puede una artista sustraerse al influjo de los acontecimientos históricos y sociales de su tiempo? ¿Puede la creación artística alcanzar su plenitud expresiva si permanentemente recibe estímulos de la realidad? Esta tensión entre la creación de la obra de arte perfecta y exquisita y la necesidad de atender al devenir histórico presente se encuentra en la producción de Mar Gómez Glez y se puede observar en una de sus personajes más sublimes: la escultora del siglo XVII Juana de la Vega. ¿Cómo no va a sentir Juana la necesidad de reflejar en su obra de arte a Fátima Ben Beley, una joven vecina de la Corte? No obstante, este simple hecho le vale para ser acusada de herejía y condenada a recluirse en un convento cuando su mecenas, la marquesa de Santa Cruz, descubre facciones árabes en la talla de la Virgen que le ha encargado. Juana de la Vega tendrá que repetir su obra sin atisbos moriscos, aunque la propia naturaleza de la obra la volverá a llevar por el camino ya trazado.

No es difícil imaginar las dificultades por las que pasaría una escultora española en el siglo XVII para desarrollar su trabajo en libertad. Esta ficción teatral de Mar Gómez Glez situada en 1609 recupera la figura de la escultora real Luisa Roldán, en quien se inspira Juana de la Vega, tal y como establece el investigador Anthony Pasero en el imprescindible estudio introductorio a la publicación de Ediciones Antígona. Mar Gómez entronca así con una vertiente importante del teatro actual escrito por mujeres que es el rescate o revisión de figuras femeninas marginadas por el relato patriarcal de la historia.

"Ambas mujeres son aficionadas al arte y al teatro y albergan funciones secretas en el convento como modo de autofinanciación"

Por tanto, aparte de la evidente denuncia de la intolerancia religiosa y racial de nuestro Siglo de Oro español derivada de esta pretensión feminista, este texto trata especialmente la opresión que se ejerce sobre las mujeres desde diferentes ámbitos. El primero es el corsé del patriarcado, que tiene su reflejo en lo distantes que se encuentran los comportamientos de Juana y Prudencia respecto del ideal católico de mujer sumisa, sacrificada y complaciente que representa la Virgen María y por el que no es adecuado representarla descontenta o infeliz: “Prudencia.- ¿Cuándo se ha visto una Virgen enfadada?” Así, Prudencia —ahora sor Paula—, quien ha vivido con absoluta libertad, ha preferido recluirse en el claustro antes que someterse al juicio social: “Prudencia.- He dejado que la curiosidad y la ambición tomaran algunas de las decisiones más importantes de mi vida. Pagué un precio muy alto por mis pecados aunque no me lamento”.

Ambas mujeres son aficionadas al arte y al teatro y albergan funciones secretas en el convento como modo de autofinanciación. No será por casualidad que una estas representaciones sea El infamador, de Juan de la Cueva, en la que una mujer se venga del acoso de un pretendiente.

La autofinanciación es necesaria, dada la marginalidad en la que viven las monjas a causa del estado ruinoso del convento. Esta situación provoca que Juana, a petición de Prudencia, se someta a los designios de la Marquesa.

"El impulso creador de Juana la lleva a crear la misma talla dejando consignada la imposibilidad de que el arte no dé testimonio de su propia naturaleza"

Cuando la escultora es obligada a separarse de su obra para seguir los dictados de su mecenas, sufre una desazón originada por su propia concepción de la obra de arte como una prolongación de sí misma. La consideración del arte y la vida como un continuum convierte a la obra de arte en revolucionaria al fijar en materia artística una verdad esencial. Esta vulneración de los límites realidad/ficción es lo que encierra a Juana: “Toda mi vida he encogido y ensanchado a merced del tiempo. Y cuando por fin toqué la dureza incontestable, la fijé en una tabla, la hicieron leña y me encerraron”.

El impulso creador de Juana la lleva a crear la misma talla dejando consignada la imposibilidad de que el arte no dé testimonio de su propia naturaleza, aunque finalmente —y al modo cervantino del Retablo de las maravillas—, la Marquesa quiera creer que su acción benefactora ha obrado el milagro.

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Autora: Mar Gómez Glez. Título: Fuga mundi. Editorial: Ediciones Antígona. Venta: Todos tus librosAmazon, FnacCasa del Libro.

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