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La revista Ñ de Clarín entrevista a Michel Onfray

La revista Ñ de Clarín entrevista a Michel Onfray

Provocador, lúcido, siempre brillante, el intelectual francés Michel Onfray clama contra la búsqueda de la felicidad colectiva en su último ensayo. La revista Ñ de Clarín le entrevista esta semana.

Hay un francés que nació dos veces. En 1987 el joven Michel Onfray de 28 años sobrevive a un infarto que cambiaría radicalmente su relación con la vida y sus placeres. Como una suerte de epifanía laica, este hijo de agricultor y madre empleada doméstica (interno sufriente en un orfelinato católico entre los 10 y 14 años, “donde la única forma de salir o sobrevivir era la lectura”), sigue una dieta estricta que le revela que su cuerpo, y lo que lo conforma y conforta, puede ser también una cuestión filosófica.

Tras dar a luz su primer gran éxito El vientre de los filósofos, crítica de la razón dietética, Onfray no deja de cocinar y poner el cuerpo o de escribir y dar la cara, que para el caso es lo mismo. El deseo de ser un volcán, otro de los títulos de su prolífica bibliografía, es también quizás un posible epitafio de su carrera. Filósofo mediatizado, “star” mediatizante, él analiza, provoca, opina y discute sobre casi todo. Detesta los medios “que funcionan a veces como una suerte de guillotina”, pero no duda en ponerse cada vez que puede ante la cámara como un estoico puchimball con anteojos, en su compromiso “como intelectual que va al encuentro del obrero”. Sus opiniones no reconocen medias tintas. Sobre las recientes elecciones presidenciales ha señalado, por ejemplo: “No fui a votar en primera vuelta porque todo estaba muy bien preparado por el sistema para preservarse a sí mismo. Macron y Le Pen son dos maneras de hacer la misma política, pero a su vez Le Pen es funcional al sistema y juega el rol de ese diablo que necesitan los liberales para demostrar que hay debate, que hay confrontación. Con respecto a Macron, él representa todo lo que detesto, es una suerte de muñeca inflable del capital. Como candidato nos acostumbró a la esquizofrenia, diciendo, por ejemplo, que el colonialismo tuvo su costado positivo y benigno para los colonizados un día y al día siguiente, en Argel que Francia cometió un crimen contra la humanidad durante la colonización del norte de Africa. Por si fuera poco es un servidor del ‘Estado de Maastricht’ (por el tratado que creó a la UE). No por nada hizo su entrada triunfal en su puesta en escena de la victoria con el himno de la Unión Europea, la Oda a la Alegría de Beethoven ¿Y La Marsellesa? Quedará para más tarde, si es que viene”.

Excelente escritor, pero por sobre todo hábil contador de historias y demiurgo creador de suspensos, Onfray cultiva en Europa miríadas de seguidores… y detractores. “El filósofo que sacude Francia”, tituló la conocida revista Le Point en tapa. Polémico como buen nietzscheano, egocéntrico como buen hedonista y provocador como buen anarquista, Onfray responde a Ñ atrincherado tras la fortaleza de murallas de libros de su casa en Caen, en la misma Normandía que lo vio nacer en 1959.

–Usted rescató la experiencia de las universidades populares de fines del siglo XIX de “democratizar la cultura y acercar gratuitamente el saber a la mayor cantidad posible de personas” y creó una en Caen, donde dicta su cátedra “Contrahistoria de la filosofía”. ¿Cómo fue esa experiencia?

–La idea de la universidad surgió luego de trabajar veinte años en un secundario técnico. Renuncié a la educación pública en 2002 y creé una Universidad Popular donde, con unos amigos, dábamos clases como voluntarios a gente a la que no le pedíamos nada: ni nombre, ni inscripción, ni una carrera, ni dinero, ni nivel de conocimiento previo. La clase está dividida en dos: una exposición previa de una hora, y una segunda en donde desarrollábamos un cometario del público. No quería ni enseñar lo que todos enseñan ni de la manera en que todos lo hacen. Entonces remonté la historia de la filosofía hasta sus bases y me encontré estupefacto cuando constaté que la historia que se enseña en la escuela o en la universidad está hecha de leyendas. Me propuse entonces romper esa leyenda demostrando los intereses ideológicos a los cuales la filosofía obedeció a lo largo del tiempo, como lo hizo por ejemplo en apoyo de la ideología espiritual cristiana. Propuse una historia de la historia de la filosofía. Creí necesitar tres o cuatro años para publicarla, pero ya van trece y llegará a ocupar once volúmenes.

En el quinto, «El eudemonismo social» (del griego “eudaimonia”: felicidad), afirma que “se ha dicho con frecuencia que en filosofía se retoman los mismos temas desde la más alta Antigüedad y que desde hace veinticinco siglos no ha salido a la luz ninguna cuestión filosófica nueva”. Pero es un aguerrido divulgador. ¿Qué se puede enseñar hoy en filosofía y para qué?

–Quizás hoy moderaría un poco mi propósito ya que creo que la realidad se encuentra cada día más modificada bajo los efectos de una ciencia que se ha vuelto loca, desde que ninguna ética ni ninguna moral pueden detener su estampida. Me enteré hace poco leyendo un artículo de que los científicos lograron implantar en el cerebro de ratones recuerdos de cosas que no fueron vividas por los roedores. Por supuesto que el experimento fue realizado con el pretexto de curar enfermedades degenerativas como el Alzheimer, pero hay también un gran mercado de las industrias farmacéuticas atrás de estos estudios. Quien tiene los medios para crear recuerdos ficticios también dispone de los medios para borrar los que sí han sido vividos. Un gran camino se abre para quienes manipulan a los humanos. Lo posthumano comienza a asomarse y el transhumanismo anuncia a partir de ahora cuestiones filosóficas inéditas.No soy optimista con respecto a que la filosofía vaya a sobrevivir… vamos hacia una sociedad de tipo del Egipto antiguo donde había un puñado de escribas y una masa inculta y sumisa a la casta que detentaba el saber. Por el momento el nihilismo es la verdad del mundo, pero no ha llegado aún a su etapa definitiva. Por eso yo propongo, en esta suerte de naufragio de Titanic que estamos presenciando, vivirlo de pie y morir con elegancia. Es lo que hago en la Universidad Popular o en mi Web TV.

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