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¡Ladra, George!, de Jules Feiffer: Los poderes de la risa

¡Ladra, George!, de Jules Feiffer: Los poderes de la risa

Caricaturista de diarios y tabloides como muchos otros artistas que en algún momento de sus vidas se consagraron a crear para niños (entre ellos, su admirado William Steig, o el también joven periodista Walt Kelly), Jules Feiffer, autor de tiras cómicas pobladas de personajes neuróticos, con desajustes entre la realidad interior y exterior, consiguió con ¡Ladra, George! uno de los mayores éxitos de su carrera.

El planteamiento no podía ser más sencillo ni más acorde al humor agudo de Feiffer: la madre de George, un cachorro de perro, lleva a su hijo al veterinario, desesperada, porque el pequeño no sabe ladrar. Cuando la madre le pide que hable, George solo es capaz de maullar como un gato, parpar como un pato o gruñir como un cerdo. La madre, en página par, se desespera, mientras que el hijo, en página impar, le da la réplica desnortada. Todo ello al modo de las viñetas clásicas, pero convertidas en página completa y sobre un fondo plano, de cambiante color (también madre e hijo cambian la tonalidad de su pelaje, para agudizar el desconcierto).

"Un cambio ingenioso de punto de vista permite expandir el plano y ofrecer el gesto de entusiasmado de la perra y el humano ante el primer ladrido de George"

La repetición mueve a risa (el libro fue celebrado con regocijo por la chiquillería estadounidense), pese a lo dramático del caso. Entonces irrumpe el personaje del veterinario, quien, guante en mano, decide explorar la causa del desvío verbal de George. Y así, explorando, acabará sacando de las fauces del pequeño cachorro un gato, un pato, un cerdo… y hasta una vaca. Feiffer, maestro de la expresividad, compone los planos permitiendo ver las contorsiones desesperadas de la madre, la mirada perpleja del veterinario, la sorpresa inocente de George. Un cambio ingenioso de punto de vista permite expandir el plano y ofrecer el gesto de entusiasmado de la perra y el humano ante el primer ladrido de George.

Pero, por supuesto, esto no será el final. Al clásico circense de lo grande saliendo de la pequeño (las viejas estampas de traganiños, el faquir tragasables, el sombrero del mago…), sigue una estampa urbana, con la madre y el pequeño paseando entre una muchedumbre. Esta quiere mostrar a la concurrencia la nueva imagen de su hijo. “¡Ladra, George!”, le pide. Y de la boca del cachorro vuelve a brotar el humor de Feiffer, que cierra el libro.

Álbumes como este demuestran los poderes de la risa: a partir de construcciones simples (la repetición, como fórmula de la abundancia; el absurdo, como encarnación de la complejidad de la vida; la persistencia, como fuerza de la verdad) se articula una imagen universal y contemporánea: una escena familiar sobre la identidad que es pura tragicomedia.

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Autor: Jules Feiffer. Traductora: Ellen Duthie. Título: ¡Ladra, George!. Editorial: entreDos. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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