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Las terribles cuatro des

¿Han oído hablar de “Las cuatro des”?

En el mundo anglosajón “The four D’s” abarcan las iniciales de death, disease, divorce y debt. En nuestra lengua equivalen a muerte, enfermedad, divorcio y deuda. Es decir: que muera alguien cercano, que uno mismo sufra una enfermedad grave, que transite por un divorcio o que tenga que gestionar una bancarrota económica.

"Podemos salir fortalecidos o podemos hundirnos pero en todo caso nuestro mundo nunca volverá a ser el mismo"

Dicen los que saben de la vida que todos nos vamos a enfrentar a varias de esas cuatro des, y probablemente a todas, a lo largo de nuestro discurrir en este planeta. Y que cada una de esas des, cuando nos tocan de cerca, marcan como chinchetas los puntos cardinales de nuestra biografía, esos que nos prueban. Podemos salir fortalecidos o podemos hundirnos pero en todo caso nuestro mundo nunca volverá a ser el mismo después de haber convivido con alguna de estas cuatro circunstancias.

Yo lo llamo “volver de la guerra”. A los soldados que han estado en batalla y han vuelto para contarlo se les reconoce pronto.

Me sucedió hace pocos días, en el retomado día de Sant Jordi.

Durante la primera firma una lectora me pidió una dedicatoria para su nuera. Caí en el tópico de comentarle que era una buena noticia que se llevase tan bien con su familia política, dada la leyenda negra que siempre ha acompañado a la relación entre suegras y nueras. Ella me dijo: “Lo hago por estar más cerca de mi hijo. No puedo perderlo a él también, es lo único que me queda”. Le animé a que compartiera conmigo su historia y me contó que había perdido a su otro hijo en 2019, que estaba recién operada de un cáncer muy agresivo y que ya no vivía con el que fue su marido.

“Las tres des”, pensé al momento. “Esta mujer ha pasado como mínimo por tres de las cuatro des”. Muerte de un ser querido, en este caso un hijo. Una enfermedad muy grave, de esas que te hacen verle los colmillos a la parca, y un divorcio que se adivinaba —como todos— doloroso y desgastante.

"No pude darle un abrazo por mantener la distancia de seguridad, pero busqué la manera, busqué las palabras para que le quedara claro que la maestra era ella"

Ella me hablaba de antidepresivos, de ansiolíticos y de que no quería salir de la cama, pero aquel día, 23 de abril, era el aniversario de boda del hijo que le quedaba. “No puedo dejarle sin su día, no lo merece. Él está vivo y lo tengo en mi vida. Por eso me he levantado y he venido a que me firmes la novela para su mujer, es muy lectora tuya y le va a encantar el detalle”. Se sentía sola y deprimida, pero yo solo vi allí a una mujer que había pasado por tres de las peores pruebas de la vida y que tenía fuerzas para seguir luchando por su hijo.

Me emocionó el valor y la sabiduría, de ese tipo de sabiduría práctica y dura de los supervivientes. Me olvidé de dónde estaba y acabé empapando la mascarilla. No pude darle un abrazo por mantener la distancia de seguridad, pero busqué la manera, busqué las palabras para que le quedara claro que la maestra era ella. Lo que me enseñó aquel día me lo llevé a casa, como un tesoro al que recurriré cuando vengan a visitarme mis cuatro des.

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