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Lepisma y el Código Saccharina

Lepisma y el Código Saccharina

Que trata de la condición y ejercicio del famoso insecto Lepisma Saccharina

En un lugar de mi estantería, de cuya balda no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un pececillo de plata de los de escamas plateadas, fototaxia negativa, del orden Zygentoma y familia Lepismatidae (…). Quieren decir que tenía el sobrenombre de Sacarina, o Estevia, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba Lepisma Saccharina

Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de templarios, rosacruces y masones, con tanta afición y gusto que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la muda de su piel, y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de conspiraciones en que leer, y así, llevó a su balda todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Dan Brown; porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y manuscritos misteriosos, donde en muchas partes hallaba escrito: “Langdon no tenía ni idea de qué idioma hablaba, pero la proliferación global de iPhones, iPods y iPads había extendido un vocabulario tan conocido universalmente como los símbolos de hombre y mujer que decoraban los cuartos de baño de todo el mundo”. Y también cuando leía: “¿Tienes enemigos? Bien. ¡Eso significa que has defendido algo!”

Con estas razones perdía el pobre bichejo el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello.

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