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Lepisma y la Prehistoria

—En la época de Pangea todo esto era campo —señaló el doctor Seward ante un mar cuya visión servía tanto para calmar los ánimos de los internos como para impedir posibles fugas del psiquiátrico

—Buenos tiempos, sí señor, podías ir andando a todas partes.

—Pero no es el continente único el motivo de nuestro homenaje de este año, sino el Neolítico, así que vistan las pieles que hemos dejado en sus celd… habitaciones y reúnanse conmigo en el salón de actos.

***

Cada seis de agosto, la dirección de Carfax organiza una jornada de reconstrucción histórica —a la que denomina homenaje— protagonizada por los pacientes del centro y cuyo motivo varía cada año. Además de aliviar la pesada rutina diaria y ampliar nuestra cultura general, esta actividad sirve para que adoptemos un rol pasajero, cosa por lo visto harto beneficiosa para nuestra salud mental.

Ya vestidos con unas pieles que olían a material sintético, nos repartieron unas hachas de piedra realizadas con plastilina y el doctor Seward me dio paso como experto en el tema; me había ofrecido como voluntario ya que, modestia aparte, sobre la prehistoria sé lo que no está escrito.

—Gracias —me aclaré la voz—. Compañeros, con armas como estas se defendían nuestros antepasados del ataque de los dinosaurios que por entonces dominaban la tierra: con todos ustedes, el triceratops —apareció un celador con un disfraz de gomaespuma y hubo gran regocijo.

Fue una maravillosa jornada en la que aprendimos nociones básicas de alfarería y pulido de piedra, plantamos trigo y erigimos un monumento megalítico de poliespán; yo, por mi parte, aprendí algo más sobre la historia de Carfax charlando con el trabajador que había interpretado el papel de saurio. Me explicó que la costumbre de homenajear etapas históricas lleva realizándose desde hace decenios y ha cubierto todas las épocas, pero hay una regla no escrita, una prohibición expresa que se cumple a rajatabla: no dedicar nunca la jornada a la Revolución Francesa. Por lo visto, antes del veto, en una ocasión se reconstruyó la época de Robespierre, y se dice que las cosas se salieron tanto de madre que los internos acabaron guillotinando a la junta directiva del centro, encerrando al personal sanitario y ocupando su lugar, así que, como en cierto relato de Poe cuyo título ahora no recuerdo, serían los propios enfermos los que controlarían el manicomio desde entonces. No sé si esto es verdad o es que el celador me estaba tomando el pelo, pero ciertamente esta historia explicaría muchas cosas de las que observo en este extraño lugar

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