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Lo importante está en lo cotidiano

Lo importante está en lo cotidiano

Esta breve y sorprendente novela repleta de ternura y crudeza es un relato íntimo sobre el duelo y la familia. Este es un monólogo de una madre herida, la de la propia autora,  que sobrevivió a Auschwitz con quince años y que reúne a la familia las semanas previas y posteriores a la muerte de su marido. Vemos a una mujer rozando la depresión, a punto de quedarse viuda con dos hijas ya mayores. Una, Chantal, a la que llama “la de Menilmontant”, el barrio de París donde Chantal vivió años, y la segunda, “la que tiene hijos y “vive aún más lejos, casi en Sudamérica y tiene un marido y unos hijos, y eso es una cosa oficial, y con las cosas oficiales no puede hacer una como si no existieran”.

"En Una familia en Bruselas parece que no pasa nada y pasa mucho a la vez. Cuenta poco y lo cuenta todo"

Para sobrellevar la enfermedad de su marido, que ya no puede estar en casa, Natalia llena su hogar de parientes y prepara cafeteras ante una espera incierta. La familia llama diariamente a un enfermero para estar al tanto del estado del padre y marido, y en ocasiones van a visitarlo, pero un día reciben la llamada del enfermero, que anuncia la esperada noticia. Chantal está en París y regresa en coche con un amigo para estar con la familia. Al llegar “no reinaba la intimidad y la tranquilidad, sino una especie de zumbido en el ambiente, y mi madre no se había puesto carmín, y los espejos estaban tapados con manteles, y mi madre me estrechó con delicadeza entre sus brazos, y las dos suspiramos, y no fue como dos días antes”.

En Una familia en Bruselas parece que no pasa nada y pasa mucho a la vez. Cuenta poco y lo cuenta todo. Pasa la vida, la enfermedad, la familia y el dolor. Porque lo importante está en lo cotidiano.

"Akerman transmite amor y con una voz literaria muy personal homenajea la figura de su madre"

Este pequeño libro, escrito en 1998, es todo un homenaje de la autora a su madre, Natalia Leibel, judía polaca y belga de adopción, deportada a Auschwitz a los quince años junto a sus padres, que nunca salieron vivos de allí. Akerman transmite amor, y con una voz literaria muy personal —un monólogo interior sin capítulos, en el que la autora alterna su propia voz y la de su madre, un monólogo en el que una se mete rápidamente en él y en muchas ocasiones se reconoce— homenajea la figura de su madre, imprescindible también en su cine.

Este no es el único libro que Akerman escribió sobre su madre. En 2013, cuando su madre se estaba muriendo, la cineasta volvió de Estados Unidos para cuidarla, y de estos meses juntas nació My mother laughs, traducido en España como Mi madre se ríe (edit. Ocho Milímetros).

Una familia en Bruselas está magníficamente traducida por Regina López Muñoz y termina con un epílogo de la montadora y directora de cine Diana Toucedo. Es imposible no leerse este brevísimo libro de un tirón, pero invita a releerlo, porque además de su belleza e intensidad es un regalo a la vida, pese a que Akerman se suicidó quince meses después de la muerte de su madre.

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Autora: Chantal Akerman. Título: Una familia en Bruselas. Editorial: Acantilado. Venta: Todostuslibros y Amazon

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