Inicio > Libros > Teatro > Lo único que queda de una historia de amor es su relato

Lo único que queda de una historia de amor es su relato

Lo único que queda de una historia de amor es su relato

A día de hoy cada uno ama como puede. Pero no siempre fue así. Cuando vinimos al mundo teníamos una ilimitada capacidad de amar que fuimos podando y adaptando al espacio que teníamos para hacer crecer ese amor.

Cuando nos enamoramos juntamos las capacidades de amar de dos personas diferentes e intentamos que crezcan más allá de las podas que hicimos cuando éramos niños, que vuelvan a nacer hojas en los nudos y cicatrices de las ramas cortadas.

Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril… Ya saben. La vieja historia.

Esta obra va de amor, lo cual no quiere decir nada. Llamamos amor a muchas cosas. A demasiadas.

La obra comienza con dos amantes, o examantes, o examantes con la posibilidad de volver a ser amantes, que han concertado una cita. Por un accidente, o quizá intencionadamente, el suelo que pisan se hunde y acaban cayendo en un sótano de una fábrica abandonada. Están atrapados, heridos y no encuentran una manera de salir o de pedir ayuda. Mientras esperan a que llegue la ayuda, o a que pase algo (todo es muy Godot), van recordando como fue su relación. No pueden escapar. O sí. A lo mejor los que están atrapados son los espectadores.

—EVA: Poesía ahora no querido ya está la realidad para pasarnos por encima

Y la realidad está jodiéndonos en una fábrica abandonada.

Los amantes rememoran su historia. O quizá se la están inventando. Para muchas historias de amor es más importante el relato que las emociones. Las emociones son un material demasiado inasible, algo que se crea y desaparece en un instante, en una copa de vino, un atardecer o una ducha. Está y al mismo tiempo no está. Es muy cuántico el amor, o muy puñetero. Para atraparlo, para sentir que no se escapa, o que alguna vez lo tuvimos, usamos las palabras. Lo único que queda de una historia de amor es su relato.

—FRAN: Pienso que no estamos al mismo tiempo en el mismo lugar

Como si hubiera un desfase y yo llegara siempre tarde a ti y por esa falta de sincronía me pierdo la lluvia que moja tu pelo.

Los protagonistas se lanzan mutuamente retales de ese relato. Piezas de un puzle que no consiguen encajar juntos ni por separado. Un montón de imágenes, de Polaroids, que van colocando delante de los espectadores para que ellos decidan cuánto amor hubo, o no, entre ellos. O cuánto amor siente cada espectador.

Un título alternativo sería: “El contenedor de obra del amor”. Están reformando una relación y en el contenedor aparcado en la calle van cayendo fragmentos sin orden ni sentido pero que el mismo tiempo significan algo. Lo que acaba en un contenedor de obra está al final de su ciclo. Quizá algún peatón cazatesoros rescate algún diamante, pero el resto irá a esa escombrera de la que nada vuelve. El texto tiene algo de aluvión, en el que vislumbramos fragmentos de lo que pudo ser y lo que no. Al final cualquier pareja es un balance entre lo que pudo ser y lo que no.

—EVA: Amar no se puede conjugar en pasado es como una de esas enfermedades que llevas para siempre en la sangre.

Al final lo único que queda de un amor es el relato. Por eso cada parte de una pareja que se separa se va con un relato diferente. Si tuvieran un mismo relato quizá podrían continuar la relación. Cuando los relatos divergen demasiado los amantes no pueden continuar juntos. No hay amor sin un relato común.

Cuando una pareja se separa y hay una lucha por ese relato el pasado es un campo de batalla, decía Walter Benjamin. ¿Lo que vale para las naciones también vale para las parejas? ¿Una pareja es una pequeña nación? Mejor no, no compliquemos más el mundo de la pareja.

El autor es dramaturgo, y también poeta, y también humorista. Los tres sabores se mezclan en la obra. Un lenguaje poético salpicado, o aliñado, con chistes malos. O quizá malos poemas aliñados con buenos chistes.

—EVA: Me deja más tranquila tu diagnóstico gracias a tus años de experiencia como médico en el Hospital que no existe en la especialidad de Bocazas.

—FRAN: Tampoco saldremos de aquí gracias a tu sarcasmo.

(Silencio)

—EVA: ¿Y si follamos?

Si estás enamorado casi mejor no leas este libro, o sí, quizá te sirva de aviso. En cualquier caso, lo tendrás que averiguar por ti mismo. El verdadero amor siempre está cambiando, siempre está de reforma, así que un derrumbe no es, necesariamente, una mala noticia.

—————————————

Autor: Francho Aijón. Título: El derrumbe del amor. Editorial: Teatropo. Venta: Todostuslibros.

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios