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Los aplausos no significan nada

Los aplausos no significan nada

Si algo caracteriza la singular autobiografía de Woody Allen, A propósito de nada, editada por Alianza Editorial, es el tono vulgar que emplea su autor. Se lee con placer por el desenfado, por la imagen desmitificada que Allen transmite de sí mismo y de su cine.

Conforme avanzamos a través de las páginas nos da la impresión de que el libro está escrito de un tirón, sin levantar la cabeza del teclado, sin documentarse. Sirva de ejemplo esta anécdota sobre Mira Sorvino: afirma el autor que en Poderosa Afrodita (1995) interpretó francamente bien, “incluso me parece que ganó un Oscar”. ¿Le parece…? ¿Acaso no se ha molestado en comprobarlo…?

La desmitificación, la comedia, comienza desde las primeras páginas, cuando afirma que su padre opinaba que si no tienes salud no tienes nada, afirmación que le parece “más sabia y compleja que todo el pensamiento occidental”.

"Si algo ha logrado Allen es transformar sus tragedias íntimas en comedias de cara al público"

De sí mismo desvela que siempre se ha inclinado por actividades que le permitan disfrutar de la soledad, como practicar la prestidigitación, tocar el clarinete o escribir, porque así evita tener que lidiar con otros seres humanos. Le parece un misterio que siendo un joven mimado por su familia, atlético, buen deportista de equipo, terminara convertido en un neurótico: “Inquieto, temoroso, misántropo, claustrofóbico, aislado, amargado, pesimista…”. Esta imagen pública contrasta con la del humorista hilarante que todos conocemos, pero no hay contradicción entre ambas, pues si algo ha logrado Allen es transformar sus tragedias íntimas en comedias de cara al público, salvo en el momento que define como más trágico de su vida, aquel en que debe afrontar la acusación de violación de su expareja, Mia Farrow, con cuya hija Soon Yi mantiene un idilio desde hace veintidós años. Fue este el único momento de su existencia en que el dolor se impuso, y así lo cuenta en esta autobiografía, excusándose ante el lector por haber dedicado demasiadas páginas a explicar su drama, que quedó reflejado en una de sus mejores películas: Maridos y mujeres (1992). La película trata sobre la crisis de dos matrimonios: “Decidí rodarla cámara en mano, sin respetar las reglas de la realización. Cortaría las escenas cuando me pareciera conveniente y no me preocuparía de si los personajes estaban mirando en la dirección equivocada. Efectuaría cortes en momentos imprevistos e intentaría lo contrario de lo que se considera bonito o bien hecho”.

Su clásico preferido de la historia del cine es Un tranvía llamado deseo. En particular, le fascina la interpretación de Vivian Leigh como Blanche Du Bois, quien declama: “No quiero realidad, quiero magia”. Allen siempre ha despreciado la realidad y ha anhelado la magia. De niño comenzó pronto a hacer trucos con naipes y monedas hasta que ese poder de manipulación de los magos lo invirtió en crear películas de celuloide, cuyo contenido le ha parecido siempre más grande que la vida real.

"De todas las personas con las que ha trabajado, afirma que su expareja Diane Keaton es su estrella del norte"

Será tras debutar en Broadway y hacerse famoso en televisión cuando se enfrente por vez primera a la dirección cinematográfica en Toma el dinero y corre (1969). Afirma que tuvo la idea de hacer una comedia bajo la forma de un documental. A nadie se le había ocurrido antes. Olvida quizá que Ciudadano Kane es un filme documental plagado de momentos satíricos, aunque haya que calificarlo de drama. Sin duda, Toma el dinero y corre transmite la frescura de algo distinto, una comedia disparatada plagada de chistes intelectuales o mundanos. “Lo que quería es que las escenas resultasen llamativas, que fueran rápidas. La velocidad es la mejor amiga del director de comedias, pues lo que buscas son risas.

De todas las personas con las que ha trabajado, afirma que su expareja Diane Keaton es su “estrella del norte”. El idilio de ambos fue breve, unos pocos años, pero más tarde se convirtió en la amiga que lo ha guiado durante su vida, a la cual ha pedido consejo en los peores momentos. Con ella hizo la que para muchos es su obra maestra, Annie Hall (1977), que es la historia de una pareja: cómo nace, crece y termina. Cuando Keaton y Allen la protagonizaron ya habían roto. A raíz de la escritura de esta reseña he vuelto a ver la película, y el final me parece sutilmente ingenioso. Tras su ruptura con Annie, el personaje de Woody, Alvy Singer, está ensayando una comedia que ha escrito, donde los protagonistas guardan un notable parecido con los propios Annie y Alvy, hasta que el espectador comprende que se trata de ellos mismos, en una especie de ritornello: el arte imita a la vida y la vida imita al arte como un juego de representaciones superpuestas: Diane Keaton y Woody Allen; Annie Hall y Alvy Singer; los dos jóvenes actores… El autor afirma que sintió una gran seguridad en sí mismo mientras escribía el guión. Todo fluía, era como un stream of consciousness del protagonista.

Allen rebosa humildad a lo largo de las páginas, como cuando confiesa que ha hecho unas cuantas películas divertidas pero nada más, ninguna obra maestra; o cuando afirma que Philip Roth es un verdadero intelectual mientras él es un simple cómico metido a director de cine. Es curioso cómo resta vanidad a su oficio y enuncia lo que, en mi opinión, es la mayor verdad del libro, su núcleo motriz, y quizá la actitud que ha mantenido al autor al abrigo de los sinsabores de la vida:

“La gracia de hacer una película es hacerla, el acto creativo. Los aplausos no significan nada. Incluso aunque recibas los elogios más entusiastas, no dejarás de padecer artritis. ¿Tú crees que los elogios te elevan a la categoría de Rembrandt o de Chopin? ¡Basta ya de trivialidades! (…) Sudad la gota gorda. Trabajad. Disfrutad de vuestro trabajo (…). Disfrutad de la cálida sensación de haberlo logrado, haceos guiños delante del espejo y pasad a otra cosa (…). Si no disfrutáis, cambiad de oficio”.

"¿Qué significa el titulo de esta autobiografía: A propósito de nada? En mi opinión significa que la fama o el dinero no son nada o, más bien, que no significan nada"

En relación con su otra gran pareja cinematográfica, Mia Farrow, me sorprende cómo Woody Allen es capaz de separar su historia de amor y sus películas juntos de la crisis de pareja que llegó más tarde, con acusaciones de violación y pederastia incluidas. Cualquiera hubiera soslayado lo primero a causa de lo segundo; sin embargo, Woody describe con lujo de detalles las primeras cartas que recibió de Farrow, donde ésta le confesaba su admiración hasta el punto de que la primera de ellas concluía: “Te amo”.

Más tarde vendrían algunas obras maestras: La rosa púrpura del Cairo (1985), Hanna y sus hermanas (1986), Delitos y faltas (1989), Maridos y mujeres (1992). Fue la última semana de rodaje de esta última película cuando se desató la tormenta de rayos y truenos: Farrow descubrió el romance de Allen con su hija adoptiva coreana, Soon Yi. La revelación se produjo porque Allen había fotografiado desnuda a la joven, olvidó las fotos en la repisa de la chimenea y Mia Farrow las encontró. Cuando sucedió esto, quedaba una semana para que concluyera el rodaje de Maridos y mujeres. Ambos actuaron con fría responsabilidad: sin dirigirse la palabra, terminaron la película.

El autor se desmitifica continuamente. Afirma que es torpe con los montajes cinematográficos, que le cansa decidir los ángulos de la cámara, el peinado de la actriz o el menú de una cena romántica de los protagonistas. A él, en realidad, lo único que de verdad le gusta es escribir chistes.

¿Qué significa el titulo de esta autobiografía: A propósito de nada? En mi opinión significa que la fama o el dinero no son nada o, más bien, que no significan nada y lo verdaderamente importante es disfrutar de la vida, divertirte haciendo lo que haces sin darte la más mínima importancia. Quizá gracias a esta filosofía Woody Allen sigue en activo, dirigiendo películas a sus ochenta y cinco años.

 

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