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Los fantasmas del deseo

Whiplash, de Damien Chazelle.

De acuerdo, tienes problemas…, ¿pero eso quiere decir que nadie puede reírse?

He aprendido a callármelo; no respecto a los demás —que también—, sino respecto a mí mismo. Creo que es algo bueno, aunque tenga sus contrapartidas en mi relación con los cuerpos de los demás. He escondido mi deseo hasta el punto de disfrazarlo de cotidianidad, de confundirlo con una lámina irónica que lo desviste de sí mismo. Racionalizar mi deseo y aplicarle parámetros éticos —sostengo, en mi intimidad— es una decisión responsable desde el punto de vista social. Todo lo demás sería excesivamente caótico, sería casi insoportable: ver derramarse todo ese anhelo individualista a mi alrededor sería algo imposible de soportar para una persona como yo. Por la noche tengo sueños, pero no se los cuento a nadie.

1. El diagnóstico de un tiempo y un espacio

Explica la contracubierta de la edición que Anagrama publica de Lo estás deseando, el primer libro de relatos de la escritora norteamericana Kristen Roupenian (1981), que su relato Un tipo con gatos es algo así como «el primer boom literario de la era #MeToo«. Entiendo, pues, que la escritura de Roupenian no sólo es contemporánea a este movimiento, sino que es partícipe del mismo de forma activa. Esta tesis puede ser cierta, o al menos tomada como premisa para comprender la esencia de lo que escribe esta joven, agitada y vivaz autora, pero creo que dispara corto, que comprende poco, que se estanca en la cáscara vendible de lo que Kristen Roupenian puede representar.

"Pienso en la voz de Roupenian como el reverso —a nivel de significancia— de la serpiente en el mito de Adán y Eva: ella sacude la tentación, pero la tentación no conduce jamás al apocalipsis. Más bien todo lo contrario"

Lo estás deseando, de hecho, no nace con vocación de subrayado, más bien al contrario: la genética del libro trasciende las estéticas del #MeToo, naciendo en él una larga lista de personajes que ya han aprehendido los dilemas éticos inherentes a dicho movimiento. Todos los relatos que componen este volumen, Un tipo con gatos incluido, transcurren en la cabeza de alguien, y la acción sólo es un punto de apoyo para abrir espacios de reflexión, para adentrarnos en las diatribas de una serie de personas que se enfrentan a diversos conflictos afectivos consigo mismas y con los demás. Lo que conduce la narración en Lo estás deseando, pues, no es la búsqueda del diagnóstico de un tiempo y un espacio; más bien lo es el intento de hacer las paces con uno mismo dentro de ese tiempo y ese espacio, dados los parámetros éticos que definen nuestra época.

En la dedicatoria que abre el libro, la autora apunta: «Para mi madre, Carol Roupenian, que me enseñó a amar lo que me da miedo». Este valiente posicionamiento existencial marca la profundidad hasta la que Kristen Roupenian es capaz de adentrarse en los deseos de sus protagonistas, a menudo narradores masculinos, incluso a riesgo de desvelar cartas oscuras, aunque siempre titubeantes. Si la autora aplica algún tipo de diagnóstico, este siempre se preserva en la intimidad: de Lo estás deseando se extrae el latido de una generación llena de dudas, de imposibilidades afectivas y expectativas limitadoras. Hay un miedo sangrante incrustado en la voz de cada uno de los narradores de este libro, y tras ellos aparece siempre el soplido de la escritora, susurrando venga, no es tan difícil, atrévete a hacerlo, muérdele el cuello a tu jefe. Pienso en la voz de Roupenian como el reverso —a nivel de significancia— de la serpiente en el mito de Adán y Eva: ella sacude la tentación, pero la tentación no conduce jamás al apocalipsis. Más bien todo lo contrario.

2. Cervezas y fantasía

La estricta contemporaneidad de la escritura de Kristen Roupenian vive también en su capacidad para comprender y ajustarse a muchas de las narrativas que componen la cultura pop de nuestro tiempo. De este modo, sus relatos —que comparten entre sí ese estudio antropológico, ese estudio sociocultural del deseo como impulso relacional indisociable de nuestra humanidad— se acercan con frecuencia a la estética coming of age: es el caso del citado Un tipo con gatos, pero también de otros como Un buen tío El chico de la piscina; pero también se desplazan a menudo hacia territorios fantásticos, despojados de todo realismo, como ocurre en Cicatrices o, de manera mucho más flagrante, en El espejo, el cubo y el fémur viejo.

"Su literatura gana mucha fuerza como sistema de representación al colocarse como un espejo delante de la realidad a la que imita; colándose en la trastienda de los pensamientos de sus contemporáneos"

Es como si Roupenian describiese círculos concéntricos alrededor de nuestro deseo, desgranándolo hasta llegar a sus capas más horribles: en El espejo, el cubo y el fémur viejo, una princesa se enamora perdidamente de la imagen de sí misma reflejada en un espejo roto, de su propia voz rebotada en un viejo cubo de latón. Este impulso narcisista, instalado en un relato fantástico y medieval, no deja de hablar de nuestra relación con nuestro propio cuerpo, de algún modo desvelando en ella el núcleo central de todos los conflictos que después se desarrollan en relación con los cuerpos de los demás.

La autora está particularmente cómoda, eso sí, en los relatos en los que se aproxima más a su vertiente realista: su literatura gana mucha fuerza como sistema de representación al colocarse como un espejo delante de la realidad a la que imita; colándose en la trastienda de los pensamientos de sus contemporáneos, de sí misma y del lector que pueda identificarse con las dinámicas afectivas dictadas por Tinder, la desconfianza y la tensión no resuelta. En Un tipo con gatosUn buen tío, la escritura de Kristen Roupenian parece acercarse al máximo al objetivo de su búsqueda: el retrato de esos dos narradores, primero una mujer y después un hombre, es tan vívido y exento de escrúpulos que uno puede casi sentir sus sendas vergüenzas, sus miedos, sus desconciertos ante lo complicado que resulta a veces, en estos días tan precipitados, encontrar una forma saludable de expresar el deseo.

3. El miedo a estar ahí

A pesar de que la gramática de Kristen Roupenian ubica sus textos dentro del campo de la ficción, lo cierto es que su semántica es eminentemente ensayística. Dos lugares a los que regreso, en cualquier caso: en primer lugar, es conveniente apuntar que Roupenian nunca busca dogmatizar la sociedad contemporánea, sino asumir sus pretextos para indagar en sus debilidades —las cuales ella transforma en posibles fortalezas—; en segundo lugar, subrayo que la fuerza expresiva de la autora norteamericana crece en tanto su trazo metafórico se debilita y emerge lo que podríamos casi considerar un aprovechamiento del anecdotario de su propio entorno, es decir, del entorno de una joven millennial hecha a ciertas costumbres de la sociedad occidental contemporánea.

"Ella percute, relato tras relato, sobre el elemento del deseo; considera que flagelar el deseo congela la conformación de una identidad sólida y que, en una sociedad contemporánea marcada por una paradójica incomunicación, ese deseo es flagelado permanentemente"

El título de este volumen de relatos, extraído de un fragmento del primero de ellos —titulado Chico malo—, es verdaderamente significativo a la hora de explicar los lazos entre el lector y el contenido propuesto por Roupenian. Lo estás deseando, grita desde la cubierta del libro la escritora americana. Yo comparto una serie de características contextuales no sólo con la autora, sino con muchos de sus protagonistas. Más allá de eso, tengo la sensación de que algunos de los conflictos dispuestos en el libro comprenden cosas sobre mí que no estoy dispuesto a admitir siquiera ante el espejo, y eso resulta en cierto modo aterrador: se desvela así una cosa que uno se niega siempre a aceptar, una condición que uno esquiva interminablemente. Todos esos problemas identitarios, esas incapacidades físicas, esas frustraciones que mutilan el ánimo; en fin, todas esas cosas que uno se hace creer que lo diferencian, terminan por devenir en patrones sociológicos, en las más básicas y gruesas líneas de soporte generacional.

Quizá mi mayor distancia con Roupenian resida en el análisis de las causas: ella percute, relato tras relato, sobre el elemento del deseo; considera que flagelar el deseo congela la conformación de una identidad sólida y que, en una sociedad contemporánea marcada por una paradójica incomunicación, ese deseo es flagelado permanentemente. Su reacción ante todo esto se basa en la agitación, en la liberación de esos circuitos. Me interesa hasta cierto punto la oscuridad de esa tesis; me agrada su valentía en la reacción. No comparto, en cualquier caso, el hecho de colocar al deseo en una posición de privilegio a la hora de enmarcar mi voluntad. Al menos, hasta donde estoy dispuesto a admitir.

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Autora: Kristen Roupenian. Traductora: Lucía Barahona. TítuloLo estás deseando. Editorial: Anagrama. VentaAmazonFnac y Casa del Libro.

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