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Los novelistas rescatadores de la historia

Los novelistas rescatadores de la historia

Los griegos tenían dos palabras para referirse al paso del tiempo: kronos y kairós. El kronos hacía referencia al tiempo físico, medible, cuantificable. El kairós al tiempo subjetivo, el mental, en el que acontece algo importante, el que se nos pasa raudo al estar con quienes amamos, entre amigos, haciendo lo que nos apasiona. Esta última medición del tiempo es la que prefiero para referirme a los días santanderinos que transcurrieron en el palacio de la Magdalena, en el seminario La novela al rescate de la historia de España celebrado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en el cual los integrantes del grupo Escritores con la historia nos congregamos al amparo del magisterio y carisma de Antonio Pérez Henares, Chani. Fueron días tan intensos que se pasaron en un suspiro, como cuando vemos una película subyugante, viajamos o leemos un libro que secuestra nuestra atención. Kairós. Toda mi vida gira en torno a él.

"Chani, con su porte de retrato de Van Dyck y su mirada azul de cazador-recolector, estuvo al tanto de todo y aunó voluntades merced a su expansivo caracter"

Hubo récord de matriculaciones y la universidad tuvo que habilitar el salón de baile del palacio de la Magdalena como aula y, además, las sesiones fueron retransmitidas en directo vía streaming en las redes sociales de la UIMP. Desde el principio se generó tal expectación en los medios de comunicación y entre los asistentes que el ambiente estaba cargado de electricidad electrostática, dado el nivel de atención, el interés, las preguntas formuladas y los aplausos que rubricaban cada ponencia y mesa redonda. Ya el primer día se tuvo la certeza de que aquello iba a ser un éxito.

Pérez Henares, director del seminario, impartió la conferencia inaugural. Chani, con su porte de retrato de Van Dyck y su mirada azul de cazador-recolector, estuvo al tanto de todo y aunó voluntades merced a su expansivo caracter, una especie de prusianismo alcarreño capaz de radiografiar corazones y mentes, promover tertulias y hacer fácil lo difícil. Incidió en que los ponentes coincidían en la profesión de fe en la novela histórica y en reivindicar la historia de España para afianzar los lazos de convivencia entre los ciudadanos, pues no se puede amar lo que no se conoce, y los españoles quieren saber sobre sí mismos, reconocerse en lo que fueron.

La mesa redonda inicial versó sobre el título del seminario. Santiago Posteguillo habló con el empaque de un cónsul de sus novelas al explicar que, a diferencia de los profesores universitarios españoles, los británicos llevan décadas escribiendo historia divulgativa destinada a una gran masa lectora que ha conseguido construir un relato de su pasado plasmado en sus monumentos, la conciencia colectiva, la narrativa y el cine. Juan Eslava abundó en el vacío de historia de estilo divulgativo escrita por el profesorado universitario español, y lo hizo en su doble vertiente de ensayista y novelista de largo recorrido, concluyendo que ese vacío ha venido a llenarlo la narrativa histórica, lo que ayuda a explicar su éxito sostenido entre unos lectores deseosos de conocer el pasado mientras disfrutan con la lectura. El palentólogo Juan Luis Arsuaga, con el pelo revuelto como si se acabase de quitar el salacot de las excavaciones de Atapuerca, habló de la dimensión biológica de la especie humana, lo que implica construir un patrimonio biográfico transmitido mediante relatos personales y colectivos, y comentó que la mayoría de las muertes sufridas por los indios durante la conquista de América se debió no a una acción despiadada de los españoles, sino a las enfermedades, algo achacable a los mecanismos de la Naturaleza. Calvo Poyato elogió la novela histórica al considerar que permite llegar a muchos sitios a los que no llegan los manuales de historia, lo que le concede al novelista las libertades que el historiador no puede permitirse si pretende hacer un trabajo serio y honrado.

"Juan Eslava, un basileus para los lectores y un referente para los escritores, habló en su ponencia de una época que conoce a la perfección: el mundo íbero plasmado en su novela Rey Lobo"

Los novelistas trabajamos con la palabra escrita, y el profesor Arsuaga dio una evocadora conferencia acerca del mundo previo a la escritura. Habló de la humanidad antes de la historia, y destacó la importancia del paisaje, del territorio, del contacto con la Naturaleza que permite al hombre actual religarse con sus ancestros, aquellos que vivían en comunión con la tierra y sentían sobre sí mismos la inmensidad de las estrellas, y que ya tenían la capacidad simbólica para comprenderse a sí mismos y proyectarse, al igual que tenemos los humanos actuales.

Juan Eslava, un basileus para los lectores y un referente para los escritores, habló en su ponencia de una época que conoce a la perfección: el mundo íbero plasmado en su novela Rey Lobo. Y lo hizo con su proverbial capacidad para sintetizar lo académico y lo divulgativo, adobado con un sentido del humor que magnetizó a los presentes.

El seminario, planteado como un eje cronológico, dedicó una mañana a tratar la España romana, andalusí y cristiana. Santiago Posteguillo recreó la Hispania perteneciente a Roma con la agilidad y brillantez que refleja en sus trilogías, e hizo hincapié en la importancia de la Península Ibérica en la estructura imperial.

El prestigioso arabista Serafín Fanjul, tras explicar las claves de la conquista islámica, desmontó el mito de al-Andalus como lugar y época de pacífica convivencia y desgranó la confusión entre lo andaluz y lo andalusí, desarrollada por la literatura francesa de la mano de los viajeros románticos del siglo XIX. Asimismo, defendió la finalidad pragmática de la novela histórica, entendida como una manera de que los intelectuales devuelvan a la sociedad el esfuerzo y la inversión que ésta dedica a la cultura por medio de los impuestos,

La periodista Isabel San Sebastián en su correspondiente ponencia sobre la Reconquista disertó con la soltura y solidez habituales en sus columnas de ABC y novelas, y terminó su exposición valorando que el triunfo del cristianismo y la desislamización convirtió España en un país occidental, lo que significa la forma más libre, inteligente y civilizada de vivir. Sobre todo para las mujeres, dijo.

"Almudena de Arteaga abordó la difusa frontera que separa la Edad Media del Renacimiento, y lo hizo con la elegante presencia escénica que la caracteriza"

Posteriormente, en una apasionante mesa redonda, Fanjul e Isabel San Sebastián debatieron acerca del concepto historiográfico de conquista y Reconquista, pues la periodista sostuvo que debe hablarse de Reconquista, ya que dicho proceso se inició para recuperar una unidad territorial y política que ya existía en el 711, y si bien es un anacronismo hablar de nación durante la Hispania visigoda, había una lengua, religión y moneda conjuntas. También conversaron acerca de la pervivencia en un sector del mundo islámico de los valores que sustentaron el imperio almorávide y almohade, haciendo Serafín Fanjul consideraciones de calado intelectual sobre la civilización islámica actual.

Entre los eventos de la UIMP sobresalen los martes literarios, y el celebrado durante el seminario desbordó las previsiones y hubo que habilitar un espacio escénico de mayor cabida para acoger al público. Y es que fue algo semejante al estreno de una superproducción. No era para menos. Juan Eslava y Almudena de Arteaga son dos escritores de continuado éxito. El jiennense Eslava Galán, con En busca del unicornio revitalizó la novelística histórica contemporánea española y fijó el canon, lo que le otorga una mochila experiencial abrumadora. El moderador de la mesa preguntó a uno y a otra acerca de aspectos del oficio de escritor, y ambos respondieron con un torrente de sinceridad que gustó sobremanera a los asistentes. Juan y Almudena hablaron de la intrahistoria de sus novelas, de las presiones y consejos de las editoriales, de su relación con el cine, de su acopio de lecturas y preferencias. El tiempo metarfoseó en kairós porque pasó en un parpadeo y el público aplaudió con la prolongada intensidad reservada para los teatros de ópera.

Y entre medias, la convivencia. Suele ser lo mejor de estos cursos de verano. Charlas en la cafetería de la Magdalena y en sus espléndidos pasillos y salones, paseos demorados alrededor del palacio, frente al mar y rodeados de flores y arboleda, confidencias entre los escritores, amistades nacientes, firmas de libros sin el agobio de las ferias, fotos, números telefónicos agregados al móvil, tertulias en mitad de las comidas y cenas, y el placer de conocer a unos cursillistas que derrochaban educación y ganas de aprender y compartir experiencias con los conferenciantes. Qué gozada. Qué suerte haber estado allí para vivirlo y contarlo.

Almudena de Arteaga abordó la difusa frontera que separa la Edad Media del Renacimiento, y lo hizo con la elegante presencia escénica que la caracteriza, reivindicando el protagonismo de la mujer en la historia a través de personajes como Catalina de Aragón, María de Molina o Beatriz Galindo, la Latina, pues no fueron mujeres arrinconadas u oprimidas, sino que se comportaron con carácter y visión de futuro.

José Calvo Poyato, secretario del seminario, conferenció con esa simbiosis de seriedad y humor que adorna a no pocos andaluces, y lo hizo al tratar uno de los temas estrella de la narrativa histórica: la monarquía imperial de los Austrias. Consideró que los españoles le hemos otorgado excesivo crédito a la visión exterior que se ha tenido de la casa de Austria, y remachó su intervención volviendo a elogiar el valor de la novela histórica.

"Almudena de Arteaga desentrañó los orígenes históricos y literarios del sintagma Leyenda Negra y manifestó su convencimiento de que los novelistas hacían una importante labor para desmantelar los prejuicios que aún quedaban acerca de nuestro pasado"

En la mesa redonda sobre la génesis y pervivencia de la Leyenda Negra, un preocupado Fernando Martínez Laínez expuso un riguroso diagnóstico sobre la España actual y consideró que el discurso independentista ha asumido de manera acrítica los viejos postulados de la Leyenda Negra para municionar su odio contra la nación española. El extenso bagaje en el periodismo internacional de Fernando Martínez dotó sus opiniones de un enorme interés. Almudena de Arteaga desentrañó los orígenes históricos y literarios del sintagma «Leyenda Negra» y manifestó su convencimiento de que los novelistas, con su concienzudo trabajo, hacían una importante labor para desmantelar los prejuicios que aún quedaban acerca de nuestro pasado. Por mi parte, consideré que la Leyenda Negra es un artefacto exitoso que surgió como una mezcla de admiración, temor y envidia hacia España, la potencia hegemónica mundial en la Edad Moderna en cualquier aspecto, y referí algunos ejemplos de historia comparada para mostrar que la represión ejercida contra los disidentes políticos y religiosos en los países europeos protestantes fue mucho mayor que la realizada en el imperio español.

Pocos historiadores españoles gozan de mayor prestigio y favor lector que Fernando García de Cortázar. Con un brillante discurso esmaltado de ironía y galanura, sintetizó las claves de la conquista de América, que consideró una auténtica globalización, pues en el siglo XVI España lideró una manera europea de ver la realidad. El profesor enfatizó que ahora habría que desplegar un patriotismo cultural que reescribiera la historia europea de forma más ponderada en beneficio de los países del sur del continente.

Con Jesús Maeso de la Torre en el principio fue el verbo. Si uno cerraba los ojos se le antojaba que alguien movía el dial de la radio hasta sintonizar la voz profunda y envolvente de un locutor. Y si los abría, se encontraba con un busto romano parlante, tal es la prestancia del ubetense afincado en Cádiz. Jesús Maeso enjuició positivamente la labor de los conquistadores españoles en América por el grado de civilización que alcanzó el continente, y profundizó en los orígenes históricos españoles del sur de los Estados Unidos. Se metió al auditorio en el bolsillo con su caudal de datos, su fina ironía y su apasionada defensa de la novela histórica. De haber llevado sombrero, me hubiera destocado en aquel palaciego salón de baile.

Maeso, García de Cortázar y José Luis Corral compusieron la mesa redonda dedicada a la historia juzgada con los valores del siglo XXI, y concordaron en condenar el presentismo, es decir, enjuiciar el pasado a través de los parámetros del presente, algo en lo que las buenas novelas históricas jamás incurren.

"Al igual que sor María Jesús de Ágreda, la monja de las llagas que se carteaba con Felipe IV, Javier Sierra parecía tener el don de la bilocación para estar con sus numerosos lectores en Santander"

El último día del seminario lo abrió María Elvira Roca para disertar sobre Imperiofobia y Leyenda Negra, tema que la ha catapultado al estrellato ensayístico merced a un riguroso y original estudio del imperio español y las raíces históricas de la Leyenda Negra. Como curiosidad, ella comenzó con música, pero no con una cantata de Bach, sino con una composición barroca de origen boliviano fruto de la misión evangelizadora y civilizadora de los jesuitas españoles, que dieron lugar a una historia digna de un realismo mágico siquiera concebido por el mejor García Márquez.

Al igual que sor María Jesús de Ágreda, la monja de las llagas que se carteaba con Felipe IV, Javier Sierra parecía tener el don de la bilocación para estar con sus numerosos lectores en Santander y, acto seguido, encontrarse con los cursillistas en la Magdalena. El escritor se mojó al instar a los medios de comunicación a revisar su vínculo con la historia y su responsabilidad formativa además de informativa, pues la recuperación de la historia y defensa de las Humanidades es una eficaz manera de enfrentarse a quienes, desde la manipulación histórica, pretenden poner en jaque la integridad territorial española. Asimismo, manifestó que la Real Academia de la Historia adolecía de cierta dejación de funciones en la situación actual, pues la RAH debía estar más presente en la vida de los ciudadanos a través de los medios y universidades.

Para finalizar, el rector de la UIMP, Emilio Lora-Tamayo, tuvo la deferencia de clausurar el seminario, participar en la entrega de diplomas y animarnos a repetir la experiencia en años venideros.

Y llegaron los adioses, los besos y abrazos, las promesas de no perder el contacto, las últimas fotos con la Magdalena y Santander al fondo, como un paisaje de ensueño. Antonio Pérez Henares, que tantas veces ejerció como embajador de la novela histórica, se despidió como anfitrión, volvió a repartir sonrisas y agradecimientos y glosó el espíritu de aquellos días con la mirada y unas palabras horneadas con cariño.

Los días santanderinos ya son historia. Y eso es con lo que trabajamos los novelistas que nos reunimos allí cuando moría julio y nacía agosto.

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