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Folio con diagrama de ajedrez del tratado de Lucena. Fuente: Wikipedia

La tarea de escribir sobre la autoría de un libro tan emblemático como La Celestina podría tildarse de pretenciosa debido a la ingente cantidad de estudios publicados hasta la fecha sin conclusión definitiva alguna. Sin embargo, si giramos levemente el prisma y lo dirigimos hacia un aspecto tan poco o nada estudiado como es la influencia del ajedrez en ella y en obras y autores coetáneos, entonces la cosa cambia. Por ello, quisiera llamar la atención hacia dos autores del s. XV que además de amigos y compañeros en el “preclarísimo studio de la muy noble ciudad de Salamanca”, tuvieron un papel relevante en la autoría del libro que más ríos de tinta ha vertido en los 517 años que lleva de existencia.

Del hasta ahora reconocido autor de la obra, Fernando de Rojas (1465-1541) poco habría que añadir que no se conozca ya como que era judío converso, estudió Derecho en la ciudad del Tormes, tenía unos 27 años cuando concluyó la obra y jamás volvió a coger la pluma para continuar su efímera vocación de escritor.

LucenaDe su amigo y colega Lucena, la cosa cambia. Desconocemos su nombre pese a que la costumbre y la cicatería se esfuerzan en repetir una y otra vez que se llamaba Luis, cuando lo cierto es que únicamente firmaba con su apellido: Lucena (c.1465-1530). Tenía aproximadamente la misma edad que Rojas y era hijo ilegítimo del protonotario (una suerte de embajador) de los Reyes Católicos Juan Ramírez de Lucena (no confundir con el impresor del mismo nombre de la Puebla de Montalbán). Compartió aula y docentes con Rojas y ambos eran vigilados muy de cerca por los agudos ojos del Santo Oficio al ser miembros de sendos clanes de judíos conversos emparentados entre sí por motivos de endogamia, práctica muy común entre estos clanes para preservar la transmisión de la fe, por afinidad sicológica o sociológica, que evitaban de alguna manera el rechazo social.

Compañeros de correrías estudiantiles, tenían en común su gran afición al juego del ajedrez, aunque Lucena era un auténtico maestro en el arte de Caissa, como puede colegirse con sólo leer la segunda parte de su magna obra “Repetición de Amores e arte del Axedrez con CL juegos de partido”, publicado en Salamanca entre 1496-97 y dedicado al malogrado príncipe Juan, hijo de los Reyes Católicos, fallecido con 19 años, posiblemente envenenado como señalan los archivos de Navarra y de la catedral de Toledo.

Como escritor, Lucena difiere de Rojas de forma notoria ya que mientras éste no volvió al oficio de las letras, Lucena pone su firma en seis libros de los que tenemos noticia: “Tratado sobre la muerte de D. Diego de Acevedo”, (Medina del Campo, 15l4), “Repetición de amores, El Arte del Juego del Ajedrez con CL juegos de partido” (Salamanca, 1497), el “Manuscrito de Gotinga” (1505) y el “Manuscrito de París”, 1515, así como una versión alemana de éste  hacia 1530. Ambos utilizan la acrosticidad para esconder nombres: La Celestina, el de Rojas, y la “Repetición…” el de Villoslada, Bachiller amigo de Lucena y converso como ellos. M.ª Rosa Lida de Merkel señala que este método era común para intentar pasar desapercibido a los ojos inquisitoriales y también para tratar de ocultar la contribución en la conclusión de un texto que no es de quien 1o escribe.

De la afición y práctica de Rojas por el ajedrez queda constancia en su propio testamento, donde en el apartado 37 de su relación de bienes, el Bachiller deja a sus herederos entre otras muchas cosas: “Ytem el libro de Axedrez” que no puede ser otro que el de su amigo Lucena “Repetición…” ya que el de Alfonso X el Sabio no estaba impreso en aquella época. Para más abundamiento, Stephen Gilman en su libro “La España de Fernando de Rojas” p.414, sugiere que éste jugaba al ajedrez con miembros de su familia o amigos. Incluso solo, pudiendo “entretenerse con las posibles combinaciones de finales de partida que Sempronio había recomendado a Calixto para distraerse del tormento amoroso”. Y como colofón de esta relación de Rojas con los trebejos, el “supuesto” autor de  La Celestina hace otro apartado en su testamento donde deja a su mujer “…, un tablero de axedrez con sus tablas y axedrezes”, lo que demuestra su patente interés por el juego que tan asiduamente practicó en su juventud.

El tratado de ajedrez impreso más antiguo que se conserva con las reglas nuevas

Encuadernados en un solo tomo, tanto la “Repetición…” como “El Arte del Ajedrez…” son dos obras cruciales para la historia. El primero por ser un claro precursor de “La Celestina” un hecho desconocido hasta hace poco para los filólogos debido a que pensaban que era un manual sobre el juego, y para los ajedrecistas al creer que la “Repetición..” era un ensayo de erotología que seguía el modelo de las “Repeticiones Académicas de la época a base de yuxtaponer textos de diferente naturaleza.  En cuanto al “Arte del Ajedrez con CL juegos de partido” es el tratado de ajedrez más importante de la historia moderna porque en é1 se indican, por primera vez, las reglas por las cuales se rige el juego actual. Sólo hasta hace escasos años autores como Orstein, Calvo, Matulka, Pérez de Arriga y quien esto escribe, han sabido encontrar relación entre ambos textos. 

[Continuará].