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Lugares en los que nunca pasa nada

Lugares en los que nunca pasa nada

Lugares en los que nunca pasa nada porque, cuando pasa, acostumbra a no ser bueno, y ya alguien se encarga de enterrarlo. Esa es la premisa fundamental de esta novela, escrita con agilidad, frescura y un vuelo poético que nunca empalaga, porque es preciso, revelador y, tal vez, imprescindible para convertir en literatura todo esto. Y todo esto es lo que puede haber en cualquier lugar en decadencia, en donde tal vez alguna vez hubo algo, pero ya nadie lo recuerda. Son parajes, como vemos en este caso en el oeste de Irlanda, donde la población se reduce a un puñado de viejos que viven en sus casas aislados unos de otros pero que, casi siempre, se encuentran una vez a la semana en el pub. Hay también, cómo no, alguna familia encargada de proporcionar el sustento, los alimentos imprescindibles, en el supermercado, y la bebida en el pub. Pero hay más familias, o, al menos, llaman más la atención, de esas que ahora se llama desestructuradas: mujeres solas a cargo de una granja o a cargo de los restos de una granja en la que lo único que se mueven son media docena de hijos.

Y en ese marco sucede una desaparición y, sobre todo, a ese marco llega Cal Hooper, policía estadounidense recién jubilado que huye de un fracaso matrimonial y de una oscura crisis profesional. Un policía desocupado y, sobre todo, con un sentido de la moralidad distinto, y un desaparecido son el calvo de cultivo perfecto para que de repente todo se llene de problemas. Porque en esta historia siempre hay alguien para quien una desaparición solo es algo que es necesario dejar estar, que la ley aquí es que no pase nada y que, cuando pasa, lo que conviene es decidir el castigo, ejecutarlo y, sobre todo, olvidarse.

"Es, por lo tanto, esta novela, una vuelta al género negro más clásico, al del detective que solo tiene su intuición, su capacidad para penetrar en el alma humana"

Pero Cal no está de acuerdo. Viene de un mundo con otro tipo de leyes, uno en el que cuando desaparece alguien se le busca, con toda la tecnología disponible, de la que ahora Cal no va a disponer, lo que dificulta su tarea pero que permite a la autora ofrecer las páginas más brillantes de esta novela que envuelve al lector como un abrazo, uno al que apetece volver una y otra vez, aunque alguna vez apriete. Porque aquí Cal la única herramienta que podrá emplear será la del lenguaje y ello deparará páginas y páginas de diálogos a cuál más lúcido e intrigante. Es, por lo tanto, esta novela, una vuelta al género negro más clásico, al del detective que solo tiene su intuición, su capacidad para penetrar en el alma humana, y una cierta facilidad para hacer las únicas preguntas que deben hacerse. Y es también una vuelta al western, ese que nos recuerda que el límite entre el bien y el mal no está tan claro y que muchas veces debe decidirlo uno sobre la marcha. Y es, sobre todo, una novela sobre lo que pasa donde nunca pasa nada al modo de lo que sucede en los universos de los hermanos Coen, en los que la superficie de lo que se ve poco tiene que ver con lo que en realidad está bullendo por dentro de los personajes.

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Autor: Tana French. Título: El explorador. Editorial: Alianza de Novelas. Venta: Todostulibros y Amazon

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