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 Madre superiora, dígame

Que toda resurrección es un acto arbitrario es algo que procuro poner en práctica con cierto rigor. En otras palabras: resucito cuando me da la gana. A fin de cuentas, nadie vuelve de la muerte por una nimiedad. Pero se van uniendo las cosas y, entonces, toca poner un pie fuera de la tumba. Así que, heme aquí, cargando la suerte de los que no tuvieron mucha.

Esta semana el diario El País publicó algo ya había adelantado Arcadi Espada en El Mundo: una relación entre el sello Malpaso y los Pujol, concretamente con Jordi Pujol Ferrusola. El sumario apunta a una relación entre Bernardo Domínguez Cereceres, el socio mexicano de Malpaso y potentado empresario que hace cuatro años puso en marcha un proyecto editorial ambicioso que ha logrado abrirse paso en plena crisis, no sin sospechas. Ediciones cuidadas, costosas, con autores de relumbrón. Y luego una librería. Y un bar.

"Marta Ferrusola, la mismísima madre superiora habría encargado a Malpaso dos libros de memorias para limpiar la imagen de Jordi Pujol."

Según cuentan Jesús García y Carlos Geli en El País esta semana, el padre de Domínguez, del mismo nombre, “prestó 2,3 millones a Pujol hijo en 2005 para construir el Encanto, un hotel de lujo en la turística Acapulco a cuya inauguración acudieron el expresident y Marta Ferrusola”. Dos años más tarde, volvió a financiarle (4,1 millones) para entrar en el mundo de los casinos a cambio de un 20% de los beneficios. Ningún proyecto cuajó, el padre murió y el primogénito quedó endeudado.

Pero hay más. En principio, Marta Ferrusola, la mismísima madre superiora —ya sabéis, aquella diligente mujer que ordenaba misales como quien liquida activos— habría encargado a Malpaso dos libros de memorias para limpiar la imagen de Jordi Pujol, por aquello de que en tiempos de ‘España nos roba’ lo hubiesen pillado con las manos en la masa.

"No deja de ser raro que Malpaso, en apenas cuatro años, no sólo hubiese sobrevivido con su ambicioso catálogo sino que además se metiera en otros negocios."

Para verificar, marco el número de Malcolm Otero, editor y socio de Malpaso. Pero el hombre, a lo infanta Cristina, dice no saber nada del asunto. Seguro que eso ha sido un trato previo de su socio, Bernardo, con Jul, sello mexicano que desembarcó en España con Malpaso. Que él, claro, de eso no sabe nada.

El asunto muy claro no queda.  Hace unos meses, un escritor mexicano me puso en conocimiento de lo que Jul era: un sello muy vinculado a los ambientes católicos más conservadores de México. Es ahí cuando las cosas comienzan a tener sentido, en lo que a esas biografías respecta. En un momento en el que el mercado editorial intenta sobrevivir a una devolución del 40% y un empequeñecimiento del 35%, no deja de ser raro que Malpaso, en apenas cuatro años, no sólo hubiese sobrevivido con su ambicioso catálogo sino que además se metiera en otros negocios, da qué pensar. Y mucho. Pero mucho.

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