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Manon Lescaut de Puccini: pura pasión

Manon Lescaut de Puccini: pura pasión

El Teatro Real de Madrid inicia la temporada operística 26/27 con Manon Lescaut, de Giacomo Puccini. Esta ópera fue vista por primera vez en este teatro el 4 de noviembre de 1893, diez meses después de que fuera estrenada en el Teatro Regio de Turín. El libreto, firmado finalmente por el poeta Domenico Oliva y Luigi Illica, está basado en la novela corta Las aventuras del caballero Des Grieux y Manon Lescaut, del abate Prévost, un clásico francés del siglo XVIII, incluida en una obra más amplia titulada Memorias de un hombre de calidad que se ha retirado del mundo.

Manon Lescaut fue el primer gran triunfo de Puccini, que en años posteriores encadenaría éxitos creando personajes femeninos muy poderosos.

Una novela escandalosa

Hijo de una familia acaudalada de Artois, Antoine François Prévost fue novelista, militar, historiador y clérigo benedictino, de donde le viene que sea conocido como el abate Prévost. Y entremedias, un apasionado amante. Adoptó el sobrenombre d’Exiles: se exilió dos veces en Londres y una en Holanda. Fue durante su estancia en Ámsterdam cuando Prevost escribió Manon Lescaut.

"Manon es una amante apasionada que busca el placer por encima de todo y que aborrece la miseria"

Aunque la obra fue publicada en 1731, la acción transcurre el 1717, hacia el final del reinado de Luis XIV. La novela es un fiel reflejo de la época y pone de manifiesto la hipocresía, la corrupción, los vicios y la crisis de valores imperantes.

Manon es una amante apasionada que busca el placer por encima de todo y que aborrece la miseria, y Des Grieux es una mezcla de virtudes y vicios. Ninguno de los dos mide el alcance de sus acciones. «Manon sentía una desmedida pasión por el placer; yo la sentía por ella», dice Des Grieux. Este es el motor de la novela.

El Parlamento de París condenó la novela por escandalosa. Sin embargo, el tono autobiográfico de la obra y que la heroína tenía dieciséis años —dieciocho en la ópera— cautivaron a los lectores. Montesquieu escribió en 1734: «No me sorprende que una novela cuyo héroe es un pícaro y la heroína una ramera resulte agradable. Las acciones de Des Grieux están motivadas por el amor, aunque la conducta sea vil. Manon también ama, lo que permite perdonar el resto de su carácter».

"El caballero Des Grieux es un estudiante de origen noble, que estará dispuesto a cualquier locura por el amor de Manon"

Dos siglos después, Jean Cocteau abundaría en el comentario de Montesquieu en el prólogo de una edición de Manon Lescaut en 1948: «El amor recubre a los personajes con esa capa gracias a la cual el cisne chapotea en el agua sucia sin mancharse».

La escritora Elsa Osorio afirma en una excelente edición española ilustrada (Siruela, 2013), que «han cambiado las costumbres, los modos de relación entre hombres y mujeres, y los valores; pero no ha cambiado lo esencial de esta novela: el poder del amor».

El poder del amor es universal, tanto como lo es esta contradicción que expresa Prévost: «Cabe preguntarse la razón de esa peculiaridad del corazón humano que lo lleva a saborear ideas de bondad y perfección de las que se desvía continuamente en la práctica». Razón versus pasión.

Sola, perduta, abbandonata

El caballero Des Grieux es un estudiante de origen noble, que estará dispuesto a cualquier locura por el amor de Manon. Manon, enviada por sus padres al convento «para frenar sin duda su inclinación al placer», es una joven seductora e irresistible de la que se aprovecharán los hombres y ella jugará con ellos.

Hay flechazo entre ambos camino del convento.

—Una extraña fascinación me empuja hacia vos (…) ¡Y en vos, abril se manifiesta y florece en el rostro…! —canta Des Grieux la primera vez que ve a Manon.

Ella le promete que regresará al anochecer.

Cuando De Grieux se queda solo, canta un aria apasionada, cuyo nombre lo dice todo: “Donna non vidi mai simile”: nunca vi una mujer igual.

Se escapan juntos, hasta que Des Grieux se arruina. Manon huye del joven y de la miseria, y se convierte en cortesana; él se refugia en el juego para hacer fortuna.

"Instantes después, Manon es detenida para ser deportada. Él la seguirá hasta el destierro"

Des Grieux, en el segundo acto de la ópera, se encuentra con Manon, mantenida por el rico y «viejo lascivo» Geronte. Es un pasaje bellísimo en forma de dueto. A la vez que le recrimina que le haya abandonado al perder su fortuna, Des Grieux le declara de nuevo su amor, la invita a huir y ella está dispuesta a hacerlo, pero no sin sus joyas. Instantes después, Manon es detenida para ser deportada. Él la seguirá hasta el destierro.

A Puccini le había conmovido la muerte heroica de Manon en la novela: muere en brazos de Des Grieux en Luisiana, entonces colonia francesa, donde ha sido exiliada, junto con «una docena de chicas de vida alegre».

El cuarto acto completo de la ópera es la agonía y muerte de Manon. Es un dramático y desolador duo entre Des Grieux y Manon, que deambulan por un paisaje desolado y solitario. Mientras Des Grieux va en busca de ayuda, ella canta un aria estremecedora, “Sola, perduta, abbandonata”.

—Sola, perdida, abandonada en un país desolado (…). No quiero morir (…). Ahora resurge todo mi horrible pasado y desfila ante mi vista (…). ¡Ay, mi funesta belleza! (…) ¡No! ¡No quiero morir…amor, ayúdame! (…) ¡Entre tus brazos, amor, por última vez!

Des Grieux, de vuelta, dice:

—¡Sin ti… perdido, te seguiré!

—Mi culpa será olvidada, pero mi amor… no morirá —son las últimas palabras de Manon antes de expirar.

Muertes trágicas

Giacomo Puccini se había sentido atraído por la inocencia juvenil de Manon. El compositor la hará evolucionar desde la inicial inocencia hasta que toma conciencia de su destino trágico. Este cambio en el personaje es muy exigente para la soprano protagonista, ya no solo por la dificultad del canto, sino también por su capacidad actoral. Puccini acabaría convirtiendo esta transformación en una constante de sus siguientes personajes femeninos, muy complejos psicológicamente.

Las figuras femeninas posteriores a Manon que alumbró Puccini tendrán muertes trágicas, que el compositor convirtió en inolvidables. Son historias de mujeres que amaron y pagaron por sus emociones: Cio-Cio San (Madama Butterfly) y Mimí (La Bohème), mujeres tan jóvenes como Manon, Liu (Turandot) y Tosca, en la ópera homónima.

Manon, un arquetipo

Manon Lescaut es un icono del imaginario francés, que ha vencido al tiempo y traspasado fronteras.

«Manon, simplemente Manon. Eso lo dice todo», escribió Jules Massenet a un amigo, explicándole que había titulado así la ópera que había compuesto en 1884. Manon es el apelativo cariñoso con el que los franceses se refieren a las mujeres que se llaman Marie o Madeleine.

"La novela de Prévost fue ampliamente defendida por los escritores franceses del XIX, que prologaron las numerosas ediciones que se publicaron"

Curiosamente, cuando el Real madrileño estrenó la Manon Lescaut de Puccini en 1893, no había programado aún Manon, de Jules Massenet, compuesta nueve años antes; lo haría en 1895. La ópera de Massenet lleva más de dos mil representaciones en el teatro de l’Opèra – Comique de París, donde fue estrenada, en cuyo vestíbulo hay una estatua de Manon.

Hay una ópera anterior a la de Massenet, escrita en 1856 por Daniel Aubert, prácticamente desconocida por poco representada. En 1952 se acercaría también al personaje de Manon el compositor alemán Hans Werner Heinze con una ópera en un acto, Boulevard Solitude, también poco representada.

En 1968, Serge Gainsbourg, l’enfant terrible de la cultura francesa, compuso la canción “Manon”. Simplemente. El compositor y cantante expresa su relación de amor-odio con Manon. Le dice que es «perversa, cruel y pérfida», pero los versos finales son: «Debo de haber perdido la razón. Te quiero, Manon».

La canción se incluyó en la película Manon 70, protagonizada por Catherine Deneuve, quien debe decidir entre el amor y la riqueza. En 1949, Henri-Georges Clouzot había dirigido Manon, premiada con el León de Oro del Festival de Cannes.

La novela de Prévost fue ampliamente defendida por los escritores franceses del XIX, que prologaron las numerosas ediciones que se publicaron, algunas de ellas ilustradas.

Guy de Maupassant (1885): «Manon es una mujer llena de seducción e instintiva perfidia. ¿Acaso no reconocemos en ella a la Eva del paraíso perdido, a la eterna tentadora, astuta e ingenua a la vez, que nunca distingue el bien del mal y que, con el mero poder de su boca y de sus ojos, arrastra consigo al hombre, débil o fuerte, al eterno varón».

Siempre provocadora, la escritora George Sand dijo: «Convertir a Manon en hombre y a Des Grieux en mujer sería una combinación digna de probarse, pues ofrecería situaciones bastante trágicas: el vicio suele estar muy cerca del crimen en el hombre, y el entusiasmo próximo a la desesperación en la mujer».

Alejandro Dumas hijo fue el más firme defensor de la novela. «Manon, eres de todos los tiempos», escribió en el prólogo de una edición de 1875. Pero Dumas fue más allá: en Manon está la semilla literaria de Marguerite Gautier en La dama de las camelias. Ambas novelas están contadas desde el punto de vista del amante masculino. Está documentado que entre los libros encontrados a la muerte de la famosa cortesana Marie Duplessis, cuya vida retrata Dumas hijo en La dama de las camelias, había un ejemplar subrayado de Manon Lescaut.

"Holly Golightly, la protagonista de la novela Desayuno con diamantes (1958), de Truman Capote, es la Manon del siglo XX"

Como a Puccini, a Dumas hijo la muerte de Manon le había conmovido. Pone en boca de Armand, el amante de Marguerite, esta reflexión acerca de la solitaria muerte de esta, en contraposición con la muerte de Manon en brazos de Des Grieux: «Pecadora como Manon, [Marguerite] había muerto en el desierto del corazón, mucho más árido y despiadado, sin consuelo a su cabecera».

Holly Golightly, la protagonista de la novela Desayuno con diamantes (1958), de Truman Capote, es la Manon del siglo XX. Tiene viente años, huye de una familia pobre, vive del agasajo de los hombres, tiene debilidad por las joyas… y se enamora. El tono de comedia y el encanto de Audrey Hepburn en la película enmascaran la crudeza del personaje en la novela.

Pasión a la italiana

Puccini quiso diferenciarse de Massenet no solo añadiendo a su ópera el apellido Lescaut. «Manon es una heroína en la que creo. Yo la sentiré como italiano, con una pasión desesperada, sin pelucas ni minués, a diferencia de Massenet», escribió Puccini a su editor, Ricordi, cuando este no veía claro que el compositor escribiera otra ópera sobre Manon. Y añadió el compositor italiano: «Una mujer como Manon puede tener más de un amante».

Manon Lescaut de Puccini es pura pasión envuelta en bellísimas melodías.

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