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Milú, la fox terrier eterna

Milú, la fox terrier eterna

Siguiendo la narración de nuestras peripecias tintinescas, y ocupando una de las celdas más relevantes de nuestro panal tintiniano, este artículo lo dedicaré a uno de los seres que han sido más queridos en nuestra familia. Se trata ni más ni menos de nuestra estimada “Miluneta”.

Sería a finales de enero del 2010 cuando, recién cumplidos los 50 años de edad, me encontré entre mis brazos con un cachorro de fox terrier cuyo cuerpo era extremadamente blanco y su cabeza de un marrón oscuro, que la hacía distinguirse de la mascota de Tintín, cuyo nombre, como la mayoría de lectores sabrán, es Milú.

Y ese mismo nombre fue con el que la bautizamos. En la festividad de mi onomástica me encontré abrazando a ese ser tan frágil y diminuto. Como agradecimiento a mis muestras de cariño, no se le ocurrió mejor cosa que orinarse encima mío delante de los invitados.

Mª Carmen tuvo la feliz idea, secundada por mis hijos, de regalarme dicho ser femenino, ya que en casa siempre hemos considerado que el animal acompañante de Tintín en sus aventuras tiene todos los condicionantes narrativos para disponer de dicha condición sexual, algo que explicaré detenidamente.

"Hergé engalanaba a Milú en alguna ocasión con unas indumentarias que reflejaban, a nuestro entender, una sensibilidad femenina incuestionable"

Para empezar, diremos que el nombre de Milú —Milou en francés— estaba muy sujeto a la adolescencia de Hergé. No en vano, siendo un jovenzuelo, mantuvo una relación sentimental con una joven llamada Marie-Louise van Cutsen, tildada en sus círculos íntimos con el apodo de Milou, dando a entender que dicho nombre era utilizado como diminutivo de Marie-Louise. Ese hecho en sí ya supone un dato bastante relevante.

Ampliaré la curiosidad explicando que el padre de dicha señorita, diseñador e interiorista del prestigioso gabinete de arquitectos Víctor Horta de Bruselas, hizo romper la relación entre su hija y George, argumentando que el futuro de su descendiente no podía desarrollarse al lado de un muchacho que se dedicaba a hacer monigotes. Vamos, una clarividencia supina la del hombre, a la altura de cualquier vidente de pacotilla.

Milou van Cutsen

Se comenta que el disgusto de Milou fue muy grande, negándose a salir durante varios días del recinto de su habitación.

Siguiendo con las explicaciones acerca de la feminidad de Milú dentro de las aventuras de Tintín, mencionaré un aspecto ciertamente llamativo y sugerente. Hergé engalanaba a Milú en alguna ocasión con unas indumentarias que reflejaban, a nuestro entender, una sensibilidad femenina incuestionable. Buen ejemplo de ello lo encontramos en unas cuantas viñetas que se ilustran en la aventura de La Estrella Misteriosa, donde aparece vestida con un abrigo de lana nórdico y un pañuelo al cuello de color “rosa”. Dicho esto, el lector ya me perdonará, pero en los años 30 del siglo pasado difícilmente podías vestir a un animal racional o irracional de sexo masculino con un pañuelo rosa sin que fuera cuestionada su condición sexual.

"Su presencia ayudó muchísimo a nuestros hijos en el terreno afectivo, volcando sus sentimientos en dicho animal, y a la vez dicho can les devolvía con creces todas esas muestras de cariño que recibía de ellos"

Otro dibujo relevante llevado a cabo por Hergé se encuentra en la última página del libro El Cangrejo de las Pinzas de Oro, en el que se ve a un cartero haciendo acto de presencia en el domicilio de Tintín, entregándole un paquete con una nota de un admirador de Milú. En el interior de dicho paquete se encuentra un hueso de tamaño considerable, engalanado con una cinta formando un lazo de color “rosa”. Después de lo descrito, a nuestro entender, blanco y en botella, sin la menor duda.

Por otro lado, ya puestos a asumir la convivencia con ese magnífico ser, su obsesión y astucia por pillar comida y salir corriendo, el coraje, valentía y audacia por defender a sus dueños, las ganas de jugar poniendo en práctica su brutal fuerza en las mandíbulas, no son condiciones exclusivas de una hipotética virilidad. Nuestra Milú aglutinaba todas esas características, convirtiéndola en toda una “señora” con un carácter severamente terco y tenaz a la hora de conseguir sus propósitos.

Al entrar Milú en nuestras vidas, la casa se convirtió en una algarabía caótica de adiestramiento, juegos y mucho amor. Su presencia ayudó muchísimo a nuestros hijos en el terreno afectivo, volcando sus sentimientos en dicho animal, y a la vez dicho can les devolvía con creces todas esas muestras de cariño que recibía de ellos. Todo un bálsamo que apaciguaba las turbulencias propias de algunas adolescencias revoltosas y de relación complicada con los adultos más cercanos.

Fuimos comprobando que, a medida que pasaban los años, el color de la cabeza se le iba aclarando. Comentado este aspecto con el veterinario, y teniendo en cuenta que Milú tenía un buen número de problemas alérgicos, amortiguados por la ingesta de comidas atópicas, nos insinuó que tenía muchos números de convertirse en toda blanca, y en consecuencia en un animal albino.

Al mismo tiempo, leyendo un artículo sobre la relación entre Tintín y Milú, se explicaba que Hergé tuvo el propósito de poner a una perrita veterana al lado de un becario de periodismo para intentar apaciguar los delirios aventureros que tenía ese joven con tupé. De ahí la blancura de Milú en los cómics. En la única edición que apareció con manchas en su pelaje fue en el periódico francés Cœurs Vaillants, mientras se serializaba la aventura Tintín en el País del Oro Negro.

CONCURSO DE MILÚS EN LA GRAND PLACE DE BRUSELAS

A principios de diciembre del 2016 apareció en los corrillos tintinescos la noticia de que, dadas las presiones editoriales que se ejercían al entorno de la viuda de Hergé y su marido Nick Rodwell, se veían sometidos a mover ficha para seguir incentivando a los miles de seguidores tintinianos esparcidos por todo el mundo, ávidos de novedades editoriales.

No olvidándonos que Fanny Remi había sido una de las trabajadoras que daban color a las aventuras de Tintín en Studios Hergé, arrancaron el proyecto de ir coloreando cada uno de los nueve primeros álbumes, que contenían más de un centenar de páginas, y que inicialmente se habían impreso en blanco y negro.

Por orden cronológico, el primero en ser editado a color fue el de Tintín en el país de los Sóviets, y para darle notoriedad a dicha novedad editorial, Moulinsart organizó un gran festejo con el que celebrar la salida al mercado de dicho libro.

"Hablamos sobre la posibilidad de presentarnos a dicho concurso, con la certeza de que las posibilidades que tenía nuestra mascota de ser proclamada ganadora eran bastante elevadas"

Para ello, intentando emular la gran celebración que se hizo el 8 de mayo de 1930 por la llegada a Bruselas de Tintín proveniente de Rusia, se llevó a cabo una escenificación conforme un Tintín de carne y hueso llegaba a la Gare Central de Bruselas y, montándose en un coche bólido rojo Amilcar, se dirigiría a la Grand Place de Bruselas, donde todo el mundo podría aclamar su llegada.

Para hacer más multitudinaria la afluencia de público a tal evento, decidieron hacer una proclama popular por toda la ciudad con el objetivo de que distintos tintinófilos llegados de todas partes hicieran acto de presencia con sus Milús, con el argumento de que en el viaje Tintín había perdido a su mascota y era necesario una especie de concurso para decidir qué fox terrier ocuparía ese lugar tan privilegiado, y que sería noticia destacada en la prensa escrita y televisiva.

Mª Carmen leyó la noticia, y teniendo en cuenta la raza y la blancura de nuestra mascota, hablamos sobre la posibilidad de presentarnos a dicho concurso, con la certeza de que las posibilidades que tenía nuestra mascota de ser proclamada ganadora eran bastante elevadas.

Dicho y hecho. La organización del show tenía como fecha el sábado 7 de enero, y el día anterior emprendimos viaje por carretera, ya que nuestra perrita pesaba trece kilos y no podía ir en cabina de avión. El viaje duró unas trece horas, con sus consiguientes paradas de avituallamiento, repostaje y estirada de piernas de los tres ocupantes, alternando conducción al volante Mª Carmen y yo.

"A la hora indicada por Moulinsart, recorrimos unos diez metros hasta llegar a la Grand Place, lugar de concentración de todos los tintinólogos que hicieron acto de presencia con sus respectivos Milús"

Llegamos sobre las diez de la noche al hotel Ibis de la Grand Place, donde teníamos reservada una habitación. Nos costó descansar placenteramente, dada la desubicación en la que se vio inmersa Milú. Cualquier ruido de madrugada por el pasillo de la planta donde nos hospedábamos era buen motivo para ladrar y rompernos el sueño, además de las posibles molestias que dicha situación ocasionaba a los ocupantes de las distintas habitaciones. Total, la noche del loro intentando apaciguar a la fiera.

Lo dicho. Descansamos lo que pudimos, y al día siguiente nos encontramos con nuestro buen amigo Patrice Cardon, con el que ya nos habíamos citado con anterioridad para que nos hiciera de guía y de intérprete en el peor de los casos. A la hora sugerida nos acercamos al Tintin Shop que se encuentra en la Rue de la Coline, a tres minutos de la Grand Place, y en dicha tienda estaba ya esperándonos nuestro amigo Patrice. En el interior de ese espacio tintinesco nos deleitamos con todo lo expuesto, comentado los distintos aspectos relacionados con precios, calidad, tirajes, etc.

A la hora indicada por Moulinsart, recorrimos unos diez metros hasta llegar a la Grand Place, lugar de concentración de todos los tintinólogos que hicieron acto de presencia con sus respectivos “Milús”, quedando a la espera de que hiciera acto de presencia Tintín con su bólido rojo llegado de tierras soviéticas.

Nos mezclamos entre todos los presentes en dicha plaza, y ya sólo vernos los medios de comunicación audiovisuales se interesaron por nosotros y por nuestra perrita; entre otras cosas porque no había fox terrier igual a la nuestra. Acaparando el interés periodístico mientras un buen número de perros se iban husmeando entre ellos, se nos acercó un señor con un tono de ofendidito, propietario de un chucho poco competitivo con nuestra Milú, preguntándonos si le podíamos enseñar los papeles acreditativos de pedigrí de nuestra perrita. Evidentemente, Mª Carmen los llevaba en la mochila personal de Milú junto a su comida y se los mostramos gustosamente, ante lo cual hizo una mueca de desdén, como aquel que desmerece la evidencia mediante su desagrado. Miré al fulano en cuestión y le dije con mi paupérrimo francés que no se olvidara de que aquella reunión canina no era un concurso de razas ni de pedigrís, simplemente no pasaba de ser un concurso informal de Milús.

Seguimos con las entrevistas a los medios y, de golpe, oímos un gran revuelo entre los presentes, ya que se vaticinaba la inmediatez con la que entraría Tintín conduciendo su flamante automóvil rojo.

Efectivamente, su entrada victoriosa no se hizo esperar y después de aparcar el coche enfrente del ayuntamiento, se fueron acercando distintas autoridades del consistorio bruselense para darle la bienvenida a la ciudad y el saludo apropiado de Fanny Remi y Nick Rodwell al flamante Tintín.

"Finalizado el acto, los encargados de protocolo nos pidieron que les acompañáramos junto a todo el séquito a la plaza del Grand Sablon, donde se encontraba la Galerie Hergé"

Acto seguido se fueron acercando distintas personas para saludarlo, y fue Philip Fontaine el que, por mediación de Patrice, nos acercó en primer lugar al coche para poder sentar como acompañante y copiloto a Milú al lado de Tintín, con el fin de perseguir el momento en que, mediante caricias y arrumacos, Milú le diera un lametón en la cara, cosa que se logró y las cámaras fotográficas captaron.

Pasados unos buenos diez minutos de postureo de Milú con Tintín en el interior del coche, Patrice nos acompañó hasta la presencia de Fanny, la cual al ver a Milú quedó prendada. La cogió en brazos mientras Milú se resistía, y no paró hasta que consiguió que le diera un beso en la mejilla.

Finalmente exclamó entre todos los presentes: Oh, la la! C’est lui!, entendiendo que Fanny no sabía que era una perrita. Se interesó por nuestra procedencia, quedándose pasmada cuando le dijimos que veníamos desde Barcelona en coche.

Milú y Fanny.

Acto seguido, Nick se acercó y también se interesó por nuestra mascota, preguntándonos como se llamaba. Al decirle que se llamaba Milú se quedó pensativo. Las risas y carcajadas de los que nos rodeaban se hicieron notar y acto seguido, con la sonrisa en sus labios, respondió: “Claro, qué pregunta más inoportuna. Milú. No se puede llamar de otra manera. ¡Muchas felicidades!”.

Finalizado el acto, los encargados de protocolo nos pidieron que les acompañáramos junto a todo el séquito a la plaza del Grand Sablon, donde se encontraba la Galerie Hergé. Todo ello para compartir con ellos una copa de champagne, obsequiarnos con el premio que tenían preparado para el o la ganadora del Concurso de Milús y, en ese espacio artístico, poder hacer otro reportaje fotográfico de Milú con Tintín para Moulinsart.

Evidentemente, accedimos a trasladarnos en taxi a dicha plaza y, una vez llegados a la Galerie, nos pidieron por unos minutos la cesión de Milú para poder llevar a cabo dicho reportaje. Mientras tanto, nos dieron como regalo del Concurso una litografía con tiraje limitado de 77 ejemplares de una de las páginas de Tintín en el País de los Sóviets a color sin texto en los bocadillos.

Acabado el reportaje fotográfico y la entrega del premio, dimos por terminada la peripecia bruselense, y al salir a la calle nos dispusimos a fotografiarnos nosotros y Milú con personalidades tan célebres en el mundo de Hergé como Philippe Godin, Jean-Michel Noseda y el propio Patrice.

"Nuestra estancia en Bruselas nos dejó la grata sensación de haber vivido una jornada única, inolvidable, irrepetible, finalizada con una mirada tierna de un animal ciertamente fatigado por todo lo vivido y por todo lo que nos llegó a dar"

Finalizamos el día con un buen almuerzo con Patrice, invitándolo por su colaboración, y después del festín nos despedimos de él con sumo agradecimiento. Nos fuimos a descansar al hotel, llevando con nosotros infinidad de sensaciones, emociones y el gran recuerdo que quedó plasmado en un maravilloso vídeo, que se puede contemplar en la web consulatsyldavia.cat, apartado “quiénes somos” o en YouTube.

Aquella noche caímos todos en la cama como sacos de cemento, a plomo, fatigados, diría que extenuados. Al día siguiente tuvimos que despertar a Milú. La pobre estaba derrotada. Desayunamos y emprendimos viaje de vuelta hacia Barcelona, llegando a nuestro domicilio cerca de la una de la madrugada.

Pasados un par de días, y como consecuencia de la salida al mercado del libro coloreado de los sóviets, en Catalunya Ràdio se hicieron eco de la noticia y de nuestra presencia en la capital bruselense, lo cual tuvo como efecto el envío de un correo a nuestra web proponiéndonos una entrevista radiofónica con Mónica Tarribas en hora punta de emisión, hablando de nuestra peripecia, de Tintín y, cómo no, de Milú.

Nuestra estancia en Bruselas nos dejó la grata sensación de haber vivido una jornada única, inolvidable, irrepetible, finalizada con una mirada tierna de un animal ciertamente fatigado por todo lo vivido y por todo lo que nos llegó a dar.

"Coincidí con Nick Rodwell, el cual, al verme, se acordó perfectamente de mí. No por mi condición de tintiniano, sino por ser el propietario de la Milú ganadora del concurso en la Grand Place de Bruselas"

Pasados cinco años, en febrero del 2022, nuestra Miluneta nos dejó. Tras un largo periplo de pancreatitis, sufrió un ictus, quedando totalmente paralizada, y nos tuvimos que despedir de ella con unas lágrimas y una congoja difíciles de narrar.

Reuní a mi mujer y a mis hijos para decirles que el mejor homenaje que le podíamos hacer era que el recuerdo de dicho animal se hiciera en nuestra mente “eterno” e insustituible; de ahí el enunciado de este artículo.

La vida continuó y, pasado escaso tiempo, el mundo de Tintín no cesaba. El cinco de octubre de ese mismo año se inauguró en el Círculo de Bellas Artes de Madrid la exposición titulada “Hergé, The Exhibition”, a la que fuimos invitados. Coincidí con Nick Rodwell, el cual, al verme, se acordó perfectamente de mí. No por mi condición de tintiniano, sino por ser el propietario de la Milú ganadora del concurso en la Grand Place de Bruselas.

La vida continuó, disfrutando de grandes momentos al entorno de la obra de Hergé y quedándonos con el consuelo del recuerdo y cariño recibido de nuestra Miluneta, toda una digna perrita del Tintín que se preciara.

Y todo lo descrito manteniendo la vista siempre hacia adelante, con la esperanza de saber que, por suerte… siempre nos quedará Tintín.

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Patrice
Patrice
32 minutos hace

He trobat el teu text molt emotiu i molt càlid. Es nota fins a quin punt aquesta passejada per Brussel·les, al voltant de Tintín i amb en Milou, t’ha arribat al cor. Hi ha alguna cosa de molt viva i molt humana en la manera com expliques aquestes trobades tan boniques. Gràcies per compartir-ho.
amb tota la meva amistat
Patrice