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El misterio de Agatha Christie sigue sin resolverse

El misterio de Agatha Christie sigue sin resolverse

A veces se dice de los escritores que sus vidas no son interesantes; después de todo, la mayoría es gente muy normalita, con un trabajo como cualquier otro. Yo tiendo a pensar que todo el mundo esconde algo interesante, hasta el que desde la superficie parece llevar la vida más ordinaria. De hecho, a menudo los que se empeñan en proyectar una imagen extravagante o poco convencional son los que, cuando escarbas un poco, menos extraordinarios son.

Opinaba George Orwell que entre los cuatro motivos que tienen los escritores para escribir uno de ellos es el puro egocentrismo. Sin embargo, a algunos la fama y atención pública les incomoda o cohíbe. Por lo que cuentan sus biógrafos, Agatha Christie era de esos: prolífica pero modesta, entregada a su trabajo para entretener a los lectores, y sobre todo dedicada a su familia. Dijo que su meta en la vida, antes que la escritura, era tener un matrimonio feliz. Nunca fue su intención llamar demasiado la atención o ser protagonista de un escándalo que dio la vuelta al mundo.

La reina del crimen no necesita presentación: la conocemos todos, hasta quien no ha leído nada suyo. Es la novelista que más libros ha vendido en todo el mundo; se estima que unos dos mil millones de ejemplares, y a la que más lenguas se ha traducido: ciento tres. Sin embargo, hay un episodio de su vida sobre el que todavía se especula y se sabe poco. Se trata de su desaparición, durante once días, en diciembre de 1926.

El pasado mes de mayo se publicó en la prensa que después de noventa y un años, por fin un biógrafo de Agatha Christie ha resuelto el misterio de su desaparición. Lectores, no nos dejemos engañar ni confundamos ficción con realidad: esto no es cierto y el misterio sigue sin resolver.

El biógrafo en cuestión es Andrew Wilson, que entre otras biografías ha publicado una de Patricia Highsmith, por ejemplo. Pero no es biógrafo de Agatha Christie y lo que ha escrito sobre ella es una novela en la que reinventa, imagina o teoriza lo que le sucedió a la afamada novelista entre el 3 y el 14 de diciembre de 1926. Voy a resumir lo que sí se sabe que sucedió, para quien no esté al corriente.

"Enseguida se puso en marcha una operación de búsqueda que empleó a más de mil agentes de policía, quince mil voluntarios e incluso, por primera vez, aviones. Los periódicos se hicieron eco de la noticia, solicitando cualquier tipo de información."

La noche del viernes 3 de diciembre de 1926, sobre las 21:45, Agatha Christie se levantó de su sillón preferido en su casa de Berkshire, subió las escaleras hasta la habitación de su hija de siete años para darle un beso, volvió a bajar, salió de la casa, se metió en su Morris Cowley, y desapareció en la noche. Ese mismo día, su marido, que le había pedido el divorcio meses atrás, le dijo que se iba a pasar el fin de semana fuera con unos amigos y su amante, Nancy Neele.

Antes de desaparecer, Agatha escribió algunas cartas, a su secretaria, a su cuñado explicando que se iba de vacaciones a Yorkshire (la recibió al día siguiente), y al superintendente Kenward —que llevaría su caso— contándole que temía por su vida. De esta última solo se supo cuando en 1978 Gwen Robyns (autora de The Mystery of Agatha Christie) entrevistó a la hija del superintendente, que aseguró haber visto la carta; sin embargo, antes de morir en 1932 su padre le hizo quemar toda la evidencia referente al caso.

Al día siguiente se encontró su coche abandonado en Newlands Corner, en el que también había un abrigo de piel y un carné de conducir caducado. Enseguida se puso en marcha una operación de búsqueda que empleó a más de mil agentes de policía, quince mil voluntarios e incluso, por primera vez, aviones. Los periódicos se hicieron eco de la noticia, solicitando cualquier tipo de información. La desaparición llegó a estar en primera plana del New York Times. Además, colaboraron en la investigación dos de los escritores de novela negra más famosos del Reino Unido: Arthur Conan Doyle y Dorothy L. Sayers. El creador de Sherlock Holmes, aficionado al esoterismo y las artes ocultas, llevó uno de los guantes de Agatha a una médium, que declaró que la propietaria de ese objeto estaba medio aturdida, pero no muerta como muchos pensaban.

A medida que pasaban los días, crecía la especulación. The Silent Pool, un manantial natural cercano al lugar donde se encontró el coche de Agatha, había sido la escena de la muerte de dos hermanos y algunos conjeturaron que la novelista se había ahogado allí. Otros creyeron que el incidente era una estratagema para promocionar su última novela —en efecto, el escándalo la ayudó a aumentar ventas, aunque ya era muy conocida—.

"En el hotel se registró bajo el nombre de Theresa Neele, usando el apellido de la amante de su marido. Dijo ser viuda y de Sudáfrica y haber perdido a su recién nacida."

El superintendente Kenward, por su parte, estaba convencido de que tenía ante sí un caso de asesinato, y todas las pistas señalaban a su marido infiel, Archie Christie. Este declaró a la policía que Agatha había dicho en más de una ocasión que podía desaparecer siempre que quisiera y, ya que era escritora de novelas detectivescas, sería muy natural para ella disfrazarse para pasar desapercibida. A los periódicos les contó que su esposa sufría un ataque de nervios. La muerte de su madre en abril de ese mismo año la había afectado profundamente. No obstante, en junio había publicado su mejor novela hasta el momento, El asesinato de Roger Ackroyd. Los rumores de la infidelidad de Archie hicieron que la policía interviniera su teléfono.

Hasta el 14 de diciembre —once días después de su desaparición— no se localizó por fin a Agatha Christie. Su cuñado había notificado a la policía la recepción de la carta donde informaba que se iba a un balneario en Yorkshire, pero nadie le hizo caso. Fue un músico de la banda del Hotel Hydro en Harrogate quien la reconoció y alertó a la policía. Su marido fue a buscarla inmediatamente.

Agatha no lo recibió enseguida, sino que lo hizo esperar en el vestíbulo mientras se arreglaba para la noche, y cuando por fin bajó lo presentó a otros huéspedes como a su hermano. Según Archie informó tres días más tarde a la prensa, la novelista sufría amnesia a causa del accidente que había tenido con el coche, y no reconocía a su propia hija. Varios psiquiatras confirmaron el diagnóstico.

La policía llegó a la conclusión de que después de abandonar el coche en Newland Downs, Agatha había tomado un tren a Londres, se había comprado un abrigo y enviado la carta a su cuñado; de ahí había tomado otro tren a Harrogate, en el condado de Yorkshire. En el hotel se registró bajo el nombre de Theresa Neele, usando el apellido de la amante de su marido. Dijo ser viuda y de Sudáfrica y haber perdido a su recién nacida. El 11 de diciembre, tres días antes de que por fin la encontraran, había puesto un anuncio en el diario The Times urgiendo a sus amigos y parientes a que se pusieran en contacto con ella. Según algunos testigos, ella misma leyó las noticias sobre la desaparición de la famosa novelista con curiosidad, notando su parecido físico, pero sin sospechar que era ella misma. Agatha pasó todos esos días en el hotel-balneario bailando, cantando, tocando el piano, socializando y, en fin, divirtiéndose.

A partir de entonces empezaron a surgir las teorías sobre lo que había ocurrido. De entrada, el público reaccionó mal, como si lo hubieran estafado. Tanta parafernalia para encontrar a la escritora asesinada y resultó que se lo había estado pasando bomba en un balneario.

"Agatha Christie no volvió a hablar nunca más sobre los acontecimientos de ese diciembre de 1926, ni siquiera en su autobiografía, publicada póstumamente en 1977."

Un año más tarde, en febrero de 1928, Agatha Christie concedió una entrevista al diario Daily Mail explicando que después de la muerte de su madre había sufrido una depresión, y otros asuntos personales la habían llevado a padecer de insomnio, falta de apetito, confusión y soledad. La tarde del 3 de diciembre, después de visitar a su suegra, pasó por Newlands Corner y «me vino a la cabeza el pensamiento de conducir hacia allí. Sin embargo, puesto que mi hija estaba en el coche, deseché la idea enseguida. Esa noche me sentí muy mal, como que no podía continuar así. Salí de casa en un estado de nervios y con la intención de hacer algo desesperante». Condujo sin rumbo fijo hasta que llegó a un río, pero se dio cuenta de que si se tiraba no se ahogaría, pues era muy buena nadadora. Finalmente volvió a Newlands Corner y dirigió el coche hacia la colina. Soltó el volante y dejó que el vehículo bajara solo hasta que chocó con algo; «me lanzó contra el volante y me golpeé la cabeza con algo. Hasta ese momento había sido la señora Christie».

Andrew Wilson, el autor de la novela publicada en mayo a la que me refería más arriba —titulada A Talent for Murder—, se ha basado en parte en estas declaraciones para elaborar su teoría. Según él, la intención de Agatha Christie fue suicidarse, pero después del golpe en la cabeza se avergonzó de haber siquiera contemplado la idea pues el suicidio iba en contra de su ideología cristiana. Incapaz de confesar su primera intención, se inventó la excusa de la pérdida de memoria.

Wilson también ha tomado nota de la novela semiautobiográfica Unfinished Portrait (Retrato inacabado) que Agatha publicó en 1934 bajo el seudónimo de Mary Westmacott y en la que la protagonista, Celia, intenta suicidarse después de la infidelidad de su marido y consecuente divorcio. Wilson alega que Agatha Christie era una experta en despistar «alejando la atención del lector de las pistas que, con una inspección más meticulosa, parecen obvias. Aquí hemos tenido la verdad ante nosotros todo el tiempo, escondida a la vista de todos —en una entrevista al Daily Mail y en una novela que escribió usando un nombre diferente». Aun así, Wilson echa mano de la imaginación, como han hecho todos los que han escrito sobre el caso antes, y añade que «al final del libro he listado los hechos, de manera que los lectores vean por sí mismos lo que es verdad y lo que he imaginado».

Agatha Christie no volvió a hablar nunca más sobre los acontecimientos de ese diciembre de 1926, ni siquiera en su autobiografía, publicada póstumamente en 1977. La arqueóloga Joan Coates, amiga de Agatha, confesó a la biógrafa Laura Thompson —autora de Agatha Christie: an English Mystery (2007)— que era un tema del que no se podía hablar: «Me dijeron que… alguien abordó el tema una vez y ella no volvió a hablar a esa persona».

En la película Agatha de 1979 se ve a una Agatha Christie ficticia planeando su suicidio de manera que incrimina a la amante de su marido por asesinato. Un periodista americano, interpretado por Dustin Hoffman, la vigila de cerca y consigue detener su plan. Los herederos de Agatha Christie intentaron detener la producción y distribución del largometraje, sin éxito. Aun así, en los créditos iniciales hay un descargo de responsabilidad advirtiendo que la película no es más que una solución imaginada a un auténtico misterio.

Aparte de Wilson, otros autores también han asegurado haber arreglado el caso con su teoría. Por ejemplo, en Agatha Christie and the Eleven Missing Days (1998), Jared Cade concluyó que la escritora había planeado todo el episodio con sumo cuidado para asustar a su marido, sin sospechar que desembocaría en un melodrama mediático y que al final su matrimonio terminaría en divorcio de todos modos y Archie se casaría con Nancy Neele.

"Personalmente, me convence más la teoría de Norman, no solo porque fue médico sino porque su libro es una biografía, no una novela, así que al menos ha intentado ser fiel a los hechos."

En 2006 los medios de comunicación volvieron a anunciar que el misterio quedaba resuelto con la publicación de The Finished Portrait de Andrew Norman. Se trataba de una nueva biografía sobre Agatha Christie, haciendo clara alusión a la novela semiautobiográfica que he mencionado más arriba. El autor de la biografía aseguró haber resuelto el misterio pero, como hemos visto, eso no ha evitado que este año haya salido otro Andrew asegurando que el misterio lo ha resuelto él —en una novela.

Personalmente, me convence más la teoría de Norman, no solo porque fue médico sino porque su libro es una biografía, no una novela, así que al menos ha intentado ser fiel a los hechos. Norman estudió otros casos médicos para llegar a la conclusión de que Agatha Christie padeció una condición mental rara conocida como estado de fuga, fuga disociativa o trance psicogénico. Se trata de un tipo de amnesia provocada por el estrés, el trauma o la depresión. Las señales de este estado en ella fueron el adoptar una nueva personalidad y el hecho de no reconocerse a sí misma en las fotografías de los periódicos. Pero Norman también creyó que Agatha había pensado en el suicidio, como su alter ego Celia en Retrato inacabado. Fue el estado de fuga lo que la salvó de un destino trágico.

Así pues, el caso sigue abierto, o el retrato inacabado. Dicen que Agatha Christie se llevó el secreto a la tumba. Que de verdad sufriera una fuga disociativa o pérdida de memoria temporal o que, por el contrario, fuera perfectamente consciente de lo que hacía es algo que quizá no se sepa nunca. Pasado el tiempo, puede que no lo supiera ni ella misma, pues la memoria es traicionera y más aún en las personas altamente imaginativas. Y a fin de cuentas, ¿qué más da que se resuelva el misterio o no? Después de todo, no hubo ningún asesinato, y así la puerta queda abierta para que más escritores y cineastas sigan dándole vueltas a la historia con su imaginación.