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Mónica G. Prieto: «Si Mandela fuese palestino hoy, habría sido asesinado»

Mónica G. Prieto: «Si Mandela fuese palestino hoy, habría sido asesinado»

El matadero: Gaza o la insoportable minuciosidad del mal (Debate), de Monica G. Prieto, compone el horror en sus seiscientas páginas repletas de datos, titulares o historias sacadas de la Franja de Gaza. El genocidio sistemático israelí y toda su maquinaria quedan al descubierto, pero este no es un ensayo con una historia cerrada: la matanza sigue y los números —todos con sus caras y tragedias detrás— aumentan.

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—¿Cómo se llega a que toda una generación de niños desee morirse?

—Pues cuando no tienen ninguna esperanza de futuro, cuando se ha creado todo un universo para que no tengan ninguna esperanza ni de sobrevivir. Cuando la vida es más difícil que la muerte, los niños quieren morir. Esto yo nunca lo he visto en treinta años, treinta y cinco años de cobertura de conflicto, jamás. Porque hay una cuestión que contamos en el libro y que tú sabes perfectamente. En los conflictos se preserva a los niños. Los niños siempre están alejados de las líneas de combate. Puede ocurrir como ocurrió en Ucrania, en el teatro de Mariúpol, cuando están todos los civiles condensados con niños, que se ha bombardeado un núcleo civil. Pero esto es excepcional en las guerras. En el caso de Gaza hay una política sistemática por parte del gobierno israelí de acabar de aniquilar a generaciones de gazatíes. Y eso implica desde la cuna hasta los ancianos, es decir, lo abarca todo. Se bombardeó el centro de fertilidad de Gaza con tres mil o cuatro mil embriones ya fecundados. Eso es lo que te marca además uno de los delitos de genocidio, el hecho de impedir que las futuras generaciones se desarrollen, que crezcan o que nazcan futuras generaciones de niños. Y en el caso de Gaza es que es completo si matas a familias enteras. Se ha creado el acrónimo «Child Without a Surviving Family», o sea, niño herido sin familia superviviente. El hecho de que ocurran este tipo de cosas, desde luego, condena a los niños a una desesperanza absoluta. No tienen por lo que vivir, no quedan familiares con quien vivir, no hay colegios a donde ir. La infancia de los niños en Gaza se ha convertido en buscar agua potable para poder sobrevivir, o buscar comida, o hacer trabajos absurdos, como buscar piedras para hacer lápidas de tumbas, porque no hay otros trabajos en Gaza, porque tienen que sobrevivir. Realmente se les ha quitado cualquier esperanza de vida.

—¿Por qué Israel se empeña en llamar a esto «guerra»? ¿Tienen razón o no?

"Evidentemente, los ataques del siete de octubre constituyeron crímenes de guerra que tendrían que haber sido examinados en los tribunales internacionales"

—No es una guerra porque hay un contexto de ocupación beligerante. Y esto es la legislación internacional la que lo ordena. El ordenamiento jurídico te dice que hay diferentes situaciones. En el caso de que una potencia invada a otro país no se trata de una guerra. Hay una “situación de ocupación beligerante”. Y en ese caso Naciones Unidas concede derecho al ocupado, al invadido, el derecho a la legítima resistencia. “Legítima resistencia”, obviamente, no implica que Hamás pueda matar civiles. Evidentemente, los ataques del siete de octubre constituyeron crímenes de guerra que tendrían que haber sido examinados en los tribunales internacionales y que no se podrán examinar porque Israel ejecutó sumariamente a todos los responsables de aquellos ataques, en lugar de detenerlos y llevarlos a las instancias internacionales.

—¿Por qué los medios asumimos desde Occidente la narrativa israelí?

—Pues porque Israel, desde la creación del Estado de Israel en el año 48, lleva creando una narrativa alternativa donde cambia las palabras, donde blanquea el lenguaje, blanquea sus acciones. Todos sus crímenes de guerra han pasado a ser obligación de Israel. Israel cree tener superioridad moral, Israel cree ser el pueblo elegido con derecho a un país que no es el suyo. Quiero decir, Israel considera, por ejemplo, que esto es autodefensa, cuando no se puede hablar de autodefensa en un contexto de ocupación. Si tú estás ocupando, no te estás defendiendo, estás agrediendo al ocupado, con lo cual es el ocupado el que se puede defender. Pero en el caso de los medios internacionales, yo creo que se incurre en un delito. Y esto lo he hablado con juristas palestinos y juristas internacionales, y todos consideran que en el fondo hay colaboración con el genocidio a la hora de no haber denunciado los crímenes de guerra cometidos dentro de Gaza. Cuando se ha protegido o se ha dudado, se ha dado pábulo a las mentiras que se difundieron en Israel de forma masiva, como por ejemplo los niños quemados en hornos. No existió, pero era una imagen muy recurrente en el imaginario colectivo que te llevaba a Auschwitz, con lo cual se termina asociando a los palestinos con los nazis, que es una vieja estrategia israelí. «Todos mis enemigos son nazis, me estoy defendiendo del nazismo. Y ya veis lo que nos pasó en el Holocausto, nos tenéis que proteger». Este es el juego que ha llevado Israel a cabo toda su existencia. Yo misma caí en ese juego. Fui corresponsal tres años en Israel, en Jerusalén, en el Jerusalén ocupado. Por otro lado, yo vivía en Jerusalén Este. Hoy en día está todo absorbido por Israel. Y claro, yo misma temía llamar a las cosas por su nombre, porque no quería incurrir en antisemitismo. Pensaba que algo dentro de mí podía estar siendo antisemita. Es lo último que quiero, ser antisemita. Pero aquí no se trata de antisemitismo, se trata de antisionismo. Efectivamente, el sionismo se ha desvelado como una ideología supremacista expansionista. Es un proyecto colonial de asentamiento a costa de otro pueblo, que está expoliando a otro pueblo. Y efectivamente, el sionismo se ha convertido en un modo de fascismo. Hablan de la única democracia de Oriente Próximo, pero solamente tiene derechos para los judíos. Los árabes israelíes no pueden participar en las elecciones al mismo nivel que el resto de los judíos, con lo cual no podemos hablar de una democracia. Podemos hablar de una etnocracia, en todo caso. Entonces, todo este tipo de cosas realmente llevan un proceso mental para entender todo este tipo de matices, para poder hablar objetivamente del conflicto de Israel y de Palestina, que es un conflicto, como digo, de asentamiento colonial expansionista, sin más, un proyecto colonial. Pero claro, todo esto conlleva un esfuerzo por parte de los medios internacionales que no se hace. Es mucho más fácil evitar la acusación de antisemitismo y amplificar las mentiras de Israel, cuando Israel miente sistemáticamente desde la creación de su Estado. Un Estado, por cierto, que se crea a raíz de atentados terroristas por parte de milicias sionistas, de grupos armados sionistas, que pusieron atentados en todo el mapa, contra hoteles, contra mercados. Mataron al cónsul honorario español, mataron al responsable del mandato británico en Palestina. Es decir, una serie de atentados que en cualquier otro contexto los veíamos tachados de terrorismo. Para ellos era un proyecto de liberación nacional. Un país que no era suyo.

—¿Qué nivel de sistematización tienes que tener para matar a toda una población de hambre y de sed?

"Para que haya un genocidio tiene que haber la intención de cometerlo, y esa es la clave del delito de genocidio"

—Es que ese es el proyecto del libro: intentar poner en perspectiva, conectar los puntos que nos han llegado en forma de una mansalva de imágenes muy gore, que nos impedían pensar, nos impedían ver más allá, porque no queríamos verlas, nos horripilaban tanto que miramos hacia otro lado. Hay un proyecto detrás, y es un proyecto que no solamente implica matar a la población, sino hacer el territorio en un lugar, en un erial invivible, contaminado, donde no se pueda cultivar, donde no se pueda pescar, donde no se pueda producir alimento, donde no se pueda producir vida. Se han cargado toda la infraestructura sanitaria. Ese es uno de los grandes mandatos del ordenamiento jurídico internacional, de las leyes de guerra. No se puede atacar infraestructura civil, no se pueden atacar puentes o carreteras. Imagínate: ya todos los hospitales de la Franja han sido asediados, cercados, bombardeados y finalmente asaltados militarmente. Y los soldados israelíes han destrozado maquinarias sanitarias carísimas, costosísimas, a culatazos. Estamos hablando de que todas las universidades fueron atacadas en el primer mes del asalto, de que todos los museos, todas las bibliotecas públicas, los archivos nacionales, fueron asaltados en las primeras semanas del genocidio. Y estamos hablando de una intencionalidad. Para que haya un genocidio tiene que haber la intención de cometerlo, y esa es la clave del delito de genocidio. Esa intención se puede derivar de las palabras y de las acciones. En este caso coinciden las dos. Los dirigentes israelíes han dicho por activa y por pasiva que van a aniquilar a una población subhumana. Y además han creado un patrón que impide la vida en Palestina, que impide la vida en Gaza. No solamente en Gaza, también en Cisjordania, pero bueno. Y en este caso, ya te digo, se ha hecho de una forma muy meticulosa.

—El hambre.

—Hay que entender que Gaza ya venía de veinte años de cerco de alimentos, desde las elecciones en el año 2005. En 2006 se implanta un cerco de alimentos, con lo cual ya se empiezan a contar las calorías. Israel hace un estudio de cuántas calorías debería permitir en Gaza para que la gente no muera de inanición, pero pase hambre. Durante veinte años la gente pasó hambre. Hambre combinada con tres, cuatro ofensivas militares brutales, con cientos o miles de muertos. La marcha contra la ocupación que se produjo en la frontera, donde murieron mil cien personas. Toda esa serie de movimientos hizo que la población de Gaza llegara terriblemente debilitada a una situación de genocidio, con lo cual fue bastante fácil. Y luego hay que entender también lo que es Gaza. Gaza es una franja costera muy pequeña, controlada, por tierra, mar y aire, por Israel. Si ellos quieren cerrar la puerta a los alimentos, y lo hacen, matan a la población de hambre, con lo cual es bastante fácil. La rapidez con la cual se ha desarrollado todo implica que había una maquinaria detrás que estaba construida y pensada.

—¿Habría habido otra respuesta al terrible siete de octubre si hubiese existido otro gobierno que no fuese el de Netanyahu?

"Estos no son los primeros crímenes que se cometen en Palestina. Se llevan cometiendo crímenes de guerra y de lesa humanidad desde la creación del Estado de Israel"

—Me temo que se habría seguido más o menos la misma situación. Evidentemente este es el gobierno más radical, más mesiánico y más supremacista de la historia de Israel, porque se ha aliado con colonos supremacistas, mesiánicos, ultraconservadores, que creen en la superioridad de la raza judía. Literalmente ellos creen que son superiores, que es la tierra prometida, que tienen la superioridad moral y que pueden matar a la población. Sinceramente, yo creo que el problema está en la sociedad israelí. La sociedad israelí ha sido criada en una ideología del sionismo que realmente ha generado un gran lavado de cerebro, un lavado inmenso de cerebro, donde se victimiza a la población por haber sobrevivido a la Shoá, con toda la razón. Es un pueblo que ha sobrevivido a un holocausto, y a mí eso me sobrecoge, y es uno de los principales motivos por los cuales, estando en Israel, te cortas tanto a la hora de formular ciertas razones, porque han sobrevivido al holocausto. ¿Qué les puedes decir tú a ellos? Pero eso ha sido explotado por el gobierno, por los gobiernos y sobre todo por la ideología sionista del país, para justificar crímenes. Estos no son los primeros crímenes que se cometen en Palestina. Se llevan cometiendo crímenes de guerra y de lesa humanidad desde la creación del Estado de Israel. Como digo, es la primera vez que los vemos, que los podemos poner en perspectiva y que entendemos que aquí existe el mal detrás, con el mal del fascismo, del totalitarismo, del supremacismo detrás. Pero como te digo, me temo que el problema es el sionismo. Y me temo que el ochenta por ciento de la sociedad israelí, según las encuestas, apoya la expulsión masiva de palestinos en Gaza. Y les da igual que sea con muerte o con un desplazamiento forzoso. Ambas cosas son delitos, son crímenes internacionales. Pero desde luego lo quieren hacer, tienen la voluntad de hacerlo. Eso mismo les ha convencido de que la convivencia es imposible. En cambio, del otro lado no encuentro ese discurso. Para ellos la convivencia no es imposible. Y el problema no es el judío, el problema es la ocupación. Y eso te lo repiten todos los palestinos. Nos da igual que sean judíos, que sean budistas, que sean cristianos. El problema es la ocupación. Necesitamos que nos devuelvan nuestras tierras o parte de nuestras tierras. Con lo cual me temo que no, que el discurso sionista que impera la sociedad israelí de que haya una solución hoy en día justa para ambas partes.

—El ensañamiento con los hospitales y el ensañamiento con los periodistas. ¿Por qué?

—En primer lugar, porque pueden. Esto es como por qué ensañarte contra la infraestructura médica. Porque sabían que les iba a salir gratis. Y esto a mí es un comentario que me hacen mucho los analistas judeo-israelíes que están en contra de todo esto. Hay que entender que muchísimos judíos, israelíes sobre todo, y judíos que están en contra, profundamente en contra de todo esto, no tanto dentro de Israel como en el exterior, ellos te lo dicen porque pueden, quieren cambiar la narrativa, quieren tomar el poder de la narrativa. Había dos pilares fundamentales para controlar por completo la narrativa de Gaza. Impedir la entrada de periodistas extranjeros, que esto lleva ocurriendo ya desde 2008. De hecho, yo en 2008, tras mi último viaje a Gaza, intenté entrar por barco, en una de las flotillas humanitarias, porque estaban produciendo una matanza considerable de civiles. No solamente nos rechazaron en alta mar, como suele ocurrir, sino que entré en una lista de personas non gratas y se me prohibió la entrada durante diez años por intentar entrar en Gaza, por intentar hacer mi trabajo. Se nos prohíbe, por un lado, que entremos en Gaza y que lo veamos nosotros con nuestros propios ojos. Por otro lado, se mata al narrador local, que está preparado por periodistas occidentales y que trabaja para prensa occidental o para prensa árabe muy bien formada. Todas las ONGs están presentes en Palestina. Todos los periodistas hemos cubierto Palestina hasta el hastío, porque la situación de injusticia era brutal. Y era fácil: podías llegar, acreditarte, cruzar la frontera y entrar. Y hablaba contigo todo el mundo. Yo he entrevistado primeros ministros de Hamás, a ministros de la Yihad Islámica, dirigentes militares… Era muy fácil. Ellos querían dar su mensaje. Israel ha acabado por completo con esto. ¿Cómo? Pues impidiendo la entrada por un lado, y por otro lado matando al narrador local objetivo, que está formado por los estándares internacionales y que está haciendo su trabajo. Lo hacía de varias maneras, no solamente matándoles directamente, matando a sus familiares. Ha habido muchísimos ataques contra familias de informadores, muchas amenazas, evidentemente. Amenazas de todo tipo y habitualmente se cumplen. Y luego con campañas de lo que se llama en inglés smear campaign, campañas de descrédito, es decir, acusarte de ser de Hamás. Esto les ha pasado a todos los informadores palestinos. Todo palestino pertenece a Hamás. Todos. Da lo mismo a lo que se dedique, sea un médico, sea un periodista. Todos dependen de Hamás, todos trabajan para Hamás. Nunca se presentan las pruebas. Recuerdo cuando matan a Anas Al-Sharif, de Al Jazeera, muy joven, que era un icono en la franja, porque era uno de los pocos que se queda en la ciudad de Gaza. Se le había acusado varias veces de ser de Hamás. Nunca hubo pruebas que demostraran algo así. En cualquier caso, recuerdo titulares de la prensa alemana que titulaban la noticia: «Muere un periodista palestino, muere supuestamente un miembro de Hamás, o alto cargo de Hamás», etcétera. No se hace el trabajo de comprobación. Y por eso te digo que el hecho de que no se haga ese trabajo de comprobación nos convierte en cómplices del genocidio. El hecho de que hayamos dado pábulo a todas las teorías locas de Israel, a todas las mentiras locas de Israel, según las cuales los periodistas son todos de Hamas, los niños son incinerados en hornos, todo ese tipo de mentiras sobre las que se ha construido el relato, ha sido en colaboración necesaria de la prensa occidental con un genocidio.

—¿Cuándo va a parar Israel su ambición expansionista?

"El proyecto Israel, las fronteras de Israel, esa tierra prometida por Yahvé, no se corresponde a las fronteras de Palestina, sino que va mucho más allá"

—Ese es uno de los grandes problemas, como decíamos antes. El gobierno de Israel actual es un gobierno mesiánico y supremacista desde el punto de vista de la Torá, de la Biblia judía o de uno de los tres libros de la Biblia judía. El proyecto Israel, las fronteras de Israel, esa tierra prometida por Yahvé, no se corresponde a las fronteras de Palestina, sino que va mucho más allá. Ese proyecto se llama en Israel el «Israel extendido» o el «Gran Israel». Y este proyecto ocupa parte de todo el sur del Líbano, casi todo el Líbano, ocupa Siria, ocupa Líbano, ocupa Irak, ocupa Egipto, ocupa Jordania y llega a Arabia Saudí. Por el momento tenemos un contexto de ocupación militar en Palestina, en Siria y en el Líbano qué nos dice que esto va a parar aquí. Hablando con filólogos judíos israelíes, les preguntaba sobre los mapas, la educación, cómo se educan los niños israelíes en geografía, cuáles son los límites de Israel y me lo confirman: se ha impuesto Gran Israel.

—¿Se puede calificar a las sociedades occidentales actuales de colaboracionistas de Israel?

—Sí, sin duda. Habría sido muy fácil al principio simplemente no proporcionar armamento militar, porque Estados Unidos y Alemania han proporcionado una enorme parte de las bombas que se han tirado, de la munición que se ha tirado en Gaza. Sin la ayuda de ambos, desde luego habría sido imposible. Y sin la protección del resto, habría sido imposible. Era muy difícil, volvemos al principio de nuestra conversación, ser lo suficientemente valiente como para quitarte de encima todos los mitos que nos vende Israel y todo este sentimiento de antisemitismo, todo este sentimiento de culpa que tenemos en la cabeza, con cierta razón, hasta que se ha atravesado la línea roja del genocidio. Había una frase muy buena de José Luis Sampedro: «Israel es un país rentista del Holocausto». No puede seguir viviendo de las rentas ochenta años después, noventa años después, cuando están ejerciendo otro genocidio. Hizo falta que algunos países pequeños, o no tan pequeños, como España, como Noruega, como Bélgica, como Colombia en su día, dieran el paso para que el resto lo haya seguido. Si esto hubiera ocurrido antes, desde luego no habría habido un cerco, una hambruna en Gaza, no se habría debilitado la población. Antes de esta crisis, Gaza necesitaba una media de mil camiones diarios para que su gente sobreviviera. Después de esta crisis han entrado entre doscientos y cero. Muchas temporadas, cero. No entraban camiones. Y esos camiones, toda esa carga, toda esa medicina, todas esas muletas, las sillas de ruedas, estaban al otro lado de la frontera. Israel permitía el acceso de colonos para destrozar la carga humanitaria, pisotearla, tirarla, estropearla. Se ha permitido un mal, un ensañamiento, un envilecimiento que yo creo que nos envilece a todos.

—¿Cómo ve el boicot que se ha producido recientemente tanto al Festival de las Ideas de Madrid con una marca de una aseguradora y la escritora Ariana Harwicz en Granada?

"Colaborar con instituciones israelíes que se han pronunciado en contra del genocidio me parece una obligación por parte de todos nosotros"

—También ocurrió en Sudáfrica. No tiene nada que ver con la cancelación. Yo creo que es la única opción ahora mismo. Es decir, nos encontramos en un mundo en el que los ciudadanos vamos en una dirección y la clase política va por otra. Los ciudadanos tenemos clarísimo, por lo menos en tantísimos países como España, que esto es inadmisible, porque estamos hablando de la humanidad, parte de la humanidad. Los palestinos no queremos que acaben con nosotros, que somos otra parte de la humanidad. Para proteger a la humanidad, desde luego, tenemos que llevar a cabo acciones. Si los políticos no quieren, si los gobiernos no quieren, lo podemos hacer individualmente. Para mí, el boicot económico, la desinversión en empresas israelíes y el cortar lazos, por desgracia, es obligatorio hoy en día, salvo que la institución en sí se pronuncie en contra del genocidio. Colaborar con instituciones israelíes que se han pronunciado en contra del genocidio me parece una obligación por parte de todos nosotros. Aquí no se trata de castigar a Israel, se trata de castigar el sionismo que protege el genocidio, de castigar el genocidio. Y creo que hay que ser muy proactivos. Efectivamente el régimen de Sudáfrica cayó así, cayó con la desinversión económica. Si empiezan a recibir menos ingresos, se lo empezarán a pensar.

—¿Teme represalias de Israel?

—Es que me da igual. Ya has llegado a un punto en el que te da igual. Quiero decir, aquí lo único importante es que paren de matar a los palestinos. Desde el punto de vista personal, es insoportable esta situación. Sinceramente, estoy cansada de ver morir a palestinos. No creo que intenten parar un libro. Creo que ya han perdido ciertas batallas, y a España nos tiene bastante perdida desde el punto de vista social, desde el punto de vista humano. Saben que no nos van a convencer, porque ellos mismos no están convencidos de lo que están haciendo. Hay una cuestión, una pregunta maravillosa que le hice a alguna académica israelí hace poco, y llegamos a una conclusión tras una conversación muy bonita. Le dije: «¿Pero por qué ese ensañamiento? ¿Por qué esa necesidad de acabar con el último de los palestinos?». Llegamos a la conclusión de que porque la existencia de un solo palestino les recuerda que robaron el país.

—No sé si cabe el optimismo. ¿Ve algún futuro para Gaza y los palestinos?

"Pronto tendremos elecciones en Israel. En el programa electoral de ninguno de los partidos se incluye Palestina"

—Pues uno donde los paren de matar sistemáticamente. La verdad es que veo a los palestinos mucho más optimistas que a mí misma, en cuanto a que se ha generado una conciencia colectiva en el mundo, que ellos no contaban con que ocurriera. Ya se daban por perdidos, daban por perdida su causa, porque ellos ya van denunciando. Tiene que cambiar mucho en el gobierno israelí, y no me refiero solo a Netanyahu, sino en la sociedad israelí, en toda la clase política israelí. Pronto tendremos elecciones en Israel. En el programa electoral de ninguno de los partidos se incluye Palestina. Palestina se da por perdida, hay que acabar con Palestina. Como posible futuro, en primer lugar esto lo proponen mucho los palestinos, y cada vez crecientemente más los israelíes judíos que están en contra del genocidio: un solo país para todos, donde todos tengan los mismos derechos, que sería lo ideal. Y además, un palestino me decía: “Si se quiere llamar Israel, que se llame Israel, pero que nos den derechos, que nos den la oportunidad de tener una vida normal, de cuidar nuestras ovejas, que no nos las roben, que no nos violen”.

—¿Quedan líderes palestinos? ¿Si Mandela fuese palestino habría sido asesinado?

—Sí, si Mandela fuese palestino hoy habría sido asesinado. Todo aquel que podía representar una esperanza y una guía y una referencia social ha sido asesinado. Y no ha sido casual. Eso te lo cuentan muy bien los académicos. Se han diseñado y escrito listas de intelectuales a batir. Uno de los decanos de la Universidad de Gaza me contaba que en la lista que él manejaba, que era de doscientos nombres, eran todos los académicos que habían sido decanos, vicedecanos, rectores, vicerrectores… Se ha hecho de una forma muy meticulosa la destrucción de cualquier referencia intelectual para la sociedad de Gaza. Y esto ocurre también en Cisjordania, en Jerusalén Este, con la detención masiva, con el asesinato. Entonces, efectivamente, digamos que se ha desarticulado la posibilidad de que Gaza tenga ese Mandela.

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