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Muriel Barbery: «Ha sido fantástico poder ser la madre de un nuevo mundo»

Muriel Barbery: «Ha sido fantástico poder ser la madre de un nuevo mundo»

Vive en medio del campo, en una casa sin apenas objetos de plástico y cultivando un huerto. Todo ello, según la escritora francesa Muriel Barbery, facilita que lleve unos años embarcada en proyectos literarios como «Un país extraño», una fábula de tintes filosóficos, con elfos y mucha naturaleza.

En una entrevista con Efe, la autora de la mundialmente aplaudida «La elegancia del erizo», de la que lleva vendidos más de un millón de ejemplares, explica que con el paso de los años cada vez tiene más ganas de dejar volar su imaginación. «Ya hace tiempo que quería inventarme —confiesa— un mundo totalmente imaginario, nuevo, en el que poder dejar vía libre a todas mis experiencias».

Reconoce que el reto ha sido difícil —además de «Un país extraño», en 2015 ya creó «La vida de los elfos»— pero «ha sido fantástico poder ser la madre de un nuevo mundo», porque le da «mucho miedo» hacer «siempre lo mismo». «Es algo que me aburre», apostilla.

«La fábula —dice— me permite soñar en un mundo mejor. Por otra parte, creo que cuanta más distancia tomo con la realidad, más sensación tengo de entender el mundo, en un momento en el que todos estamos confrontados con diversas formas de desencanto».

Publicada por Seix Barral, en su nueva novela Barbery traslada al lector a un imaginario y poético universo, donde la ceremonia del té tiene un peso muy importante, habitado por unos seres que creen que la naturaleza «es el principio»: «Lo que nos hace existir, a nosotros mismos y a todo lo que ha sido y será».

Ese mundo será conocido por dos personajes españoles, Alejandro de Yepes y Jesús Rocamora, oficiales del ejército regular del país, que se enfrentan a una cruenta guerra.


La prosista remarca que España es un país que quiere «profundamente por razones muy diversas» y que cruzaba en su infancia cada verano porque sus padres dejaban Francia para regresar a Marruecos, donde habían vivido y donde Muriel nació, en Casablanca, en 1969.

«Me fascinaban ya entonces sus paisajes, porque aunque fueran muy secos y ásperos, tenía la sensación de estar en tierras poéticas y mágicas —agrega—. Incluso de adulta he tenido la misma sensación y eso explica, probablemente, que cuando mis libros se han publicado en este país yo haya creado vínculos muy fuertes y tenido amistades muy sólidas».

A lo largo de toda la obra sobrevuela, asimismo, la influencia de Japón, un país del que también está enamorada y donde residió, gracias a una beca, dos años en la Villa Kujoyama de Kioto.

Rememora que cuando publicó «La elegancia del erizo», en 2006, era profesora en una pequeña ciudad francesa, no tenía apenas dinero y no podía viajar mucho.

Sin embargo, su vida cambió totalmente con el éxito de la obra y pudo dar la vuelta al mundo «en unas condiciones extraordinarias», porque le acogía gente de los diferentes países, lo que le permitió ampliar su universo y enriquecer su «visión filosófica de la vida».

Fascinada por la ceremonia japonesa del té, en su último título incluye escenas en las que este brebaje tiene un peso fundamental.

No olvida tampoco cómo de impresionada quedó por una experiencia que califica de «espiritual» en Taiwan, donde ha ido en tres ocasiones y donde ha vivido un ritual del té muy diferente al japonés, consistente en oler el perfume de una taza vacía antes de tomar la bebida, lo que la primera vez le provocó unas «emociones internas sorprendentes», que le permitieron volver a conectar con su infancia.

Respecto a si continuará en la senda de la fábula, Barbery deja claro que no y desvela que ahora ha terminado por «sorpresa» una nueva novela que se ha «escrito sola», lo que ha sido «muy agradable» para ella, «porque estos dos últimos libros han supuesto un duro trabajo».

Aunque no avanza mucho, sí desliza que se trata de una historia de amor en el Kioto de hoy, alejada de sus primeros relatos, que transcurrían en la calle de Grenelle, en pleno centro de París.

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