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Negro y maricón

Negro y maricón

Resulta extraño que una novela tan llena de matices y tan cargada de emoción tenga un título tan vulgar, con resonancias de libro de autoayuda: Cómo luchamos por nuestras vidas. Sin embargo, el lector no debe dejarse intimidar por el título, que podría haberse encaminado mejor por alguno de los muchos rumbos sentimentales que tiene la novela.

Es cierto, por supuesto, que el autor, el joven Saeed Jones, habla de cómo luchó por mantener su identidad y por salvar su vida. Pero lo conmovedor y honesto de la novela está, como siempre, en los detalles. El diablo siempre está en los detalles.

En primer lugar: la carencia de énfasis, de ese tono de melodrama quejumbroso que suele acompañar a los malos libros. Saeed cuenta su dolor, su miedo y sus incertidumbres, pero cuenta también esa pequeña felicidad gloriosa de los encuentros y los descubrimientos sexuales; esa paz dulce del reconocimiento y la soledad. Y lo hace siempre desde la lucidez, desde la voz íntima que se aparta de los tópicos.

"Leyendo literatura del sufrimiento, uno se da cuenta de que quienes quieren escribir desde el borde de la desesperación no suelen hacer buenos libros"

Es negro y maricón. Él mismo usa esas palabras (el nigger despectivo de los estadounidenses racistas), y subraya el impacto que tienen en los momentos en los que todavía pueden causarle daño, cuando es vulnerable. Pero no se deja devorar por ellas. Ni siquiera hace la suma de una con la otra. Las dos son menguas, pero ninguna de ellas le aplasta. Cómo luchamos por nuestras vidas no es una colección de agravios y ofensas.

Leyendo literatura del sufrimiento, uno se da cuenta de que quienes quieren escribir desde el borde de la desesperación no suelen hacer buenos libros. Primo Levi, Semprún y algunos autores más del Holocausto levantan los ojos de la desesperación para escribir de ella (quizá la excepción sea Imre Kertész, que creó gran literatura desde la misma desesperación existencial). Pero en cualquier caso, en ellos también encontramos esa luz de la vitalidad que lo reubica todo. Camila Sosa, con su fascinante novela Las malas, que en algunos momentos podría parecer incluso luminosa. O —en el mismo espectro que Saeed Jones— James Baldwin, el primer negro homosexual que le plantó cara literariamente a la marginación.

Jones es víctima, pero huye de la representación victimista. Cuenta el dolor desde la frialdad.

La novela (que no es novela) tiene muchos encuadres interesantes y originales que me gustaría repasar. El primero de ellos, el reconocimiento del cuerpo como llave de la comprensión del mundo. Saeed Jones escribe: “Nunca le había prestado demasiada atención a mi cuerpo. No era el de un atleta, ni tampoco se alejaba demasiado de uno normativo. Era simplemente… mi cuerpo. No era la clase de cuerpo que recibía elogios o comentarios, la verdad. Pero, en ese momento, apoyado en los cojines que había sobre la cama, sentí mi cuerpo, y me di cuenta de que podía ser un pasaporte o una llave, o puede que incluso un arma. […] Se me puso dura solo de pensar en todo lo que podía hacer con mi cuerpo”.

"Las grandes historias gais saben combinar la ternura con la brutalidad, porque una ha crecido inevitablemente al lado de la otra"

La realidad del cuerpo en el universo gay —sin entrar en otras consideraciones superiores— es determinante en la vida de un individuo. Representa un salvoconducto de respetabilidad o de poder. Una oportunidad de vida. Y, como dice Saeed, a menudo un arma. Incluso un arma de agresión. Hay un largo episodio en la novela en el que el protagonista mantiene una relación con un personaje —El Botánico— gobernada por la violencia. Una especie de combate sexual construido sobre la rabia: “Tal vez, puesto que (él) era una década mayor, supiera que yo mismo aprendería pronto que es posible que dos hombres se vuelvan adictos al daño que se provocan”, escribe.

Saeed Jones muestra la rabia con la misma frialdad con la que muestra el dolor: algo invisible, que se pega al corazón sin que puedas ser consciente de ello. Algo que no se va ya nunca de la forma de ser.

Las grandes historias gais saben combinar la ternura con la brutalidad, porque una ha crecido inevitablemente al lado de la otra.

La familia —el sentido de la familia, el valor de la familia— es uno de los temas centrales de Cómo luchamos por nuestras vidas, que se presenta en algunas partes como una historia de redención familiar, de gran encuentro. La abuela malvada y la madre protectora pero extraña son dos personajes capitales de la novela. “Las personas no somos como somos porque sí. Sacrificamos versiones anteriores de nosotros mismos. Sacrificamos a las personas que se atrevieron a educarnos. La identidad parece no existir hasta que puedes decir ‘Ya no te pertenezco’.”

"Uno sigue todavía recordando el primer día en que escuchó la palabra maricón dirigida a él"

Siempre a vueltas con los mismos asuntos de la historia de la literatura: la identidad, el amor, la violencia, la muerte. Cómo luchamos por nuestras vidas es una excelente novela autobiográfica de un muchacho negro que muestra al mismo tiempo la fragilidad de una sexualidad singular y de un color de piel que conserva aún —al menos en Estados Unidos— los estigmas del racismo.

Hay un apunte extraliterario que no quiero callar. Yo nací en 1962. Mi generación fue la bisagra del cambio en el mundo LGTBI que había impulsado la generación anterior. Todo empezó a ocurrir muy deprisa, aunque el sida tergiversó, detuvo y retrasó el proceso. Pero a partir de un determinado momento yo comencé a creer que un chico nacido un cuarto de siglo después de mí, como Saeed Jones, que es de 1985, no habría tenido que pasar por algunas pruebas, peligros, incertidumbres e inseguridades. Esta novela demuestra que sí, que aunque el tiempo corra, aunque los derechos aumenten y el escarnio social se alivie, uno sigue todavía recordando el primer día en que escuchó la palabra maricón dirigida a él. Y eso, además de las virtudes narrativas del libro, es otro de los valores testimoniales de Cómo luchamos por nuestras vidas.

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Autor: Saeed Jones. Título: Cómo luchamos por nuestras vidas. Editorial: Dos Bigotes. Venta: Todostuslibros y Amazon

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