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Corazón borrado

“Las tensiones sexuales pueden ser tan intensas que, con facilidad, los jóvenes con tendencias homosexuales creen que comprometerse en una relación homosexual será la solución a todos sus problemas, incluido el de la soledad. Acabarán, tarde o temprano, en un modo de vida completamente desordenado, neurótico de hecho. Su estado profundo se parece en diversos aspectos a una toxicomanía”.

Esta pequeña joya forma parte del prólogo del libro titulado Homosexualidad y esperanza, que lleva por subtítulo Terapia y curación en la experiencia de un psicólogo. El autor es el médico holandés Gerard van den Aardweg, y el libro ha sido publicado en España en 2018 por la editorial de la Universidad de Navarra, siempre atenta a los asuntos del fundamentalismo religioso. La tesis del ensayo, que se vende con normalidad en las librerías, es que la homosexualidad puede y debe ser curada. Defiende la idea de que todo nace de un complejo de inferioridad y de un cierto narcisismo. Y por supuesto cuenta varios casos de exgays, es decir, de personas que fueron homosexuales y que aseguran que han dejado de serlo. Algunos de ellos siguiendo terapia y otros con sus propias fuerzas y voluntad.

"Mis conocimientos de inglés no son lo suficientemente buenos como para decidir si es más dura la traducción española del título o el titulo original inglés: Boy erased. Identidad borrada o chico borrado"

Varias historias de las contadas en el libro son estremecedoras por arquetípicas, banales y falsificadas. La historia de Ben, por ejemplo, es la de un chico menor de 20 años que no tiene ninguna atención de su padre y al que su madre trata de dominar. Ese “cuadro clínico” es según el autor el que le hace fantasear con hombres cuando se masturba. A partir de ahí pasa por todas las fases tópicas: el narcisismo infantil, la autocompasión, el enamoramiento idealizado, etcétera. Pero como el joven Ben no está satisfecho con ese modo de vida, toma la decisión de acudir a la terapia del autor del libro, y ahí encuentra las herramientas necesarias para cambiar su identidad. Se hace un hombre. “Después de casi cinco años, es más independiente y varonil, y más optimista. Los intereses homosexuales no se han extinguido aún, aunque han perdido intensidad e influencia sobre su imaginación. Necesitará otro par de años para cruzar suficientemente el umbral de su virilidad adulta”.

Ben podría ser Garrard Conley, el autor y protagonista de ese extraño libro de memorias que es Identidad borrada. Mis conocimientos de inglés no son lo suficientemente buenos como para decidir si es más dura la traducción española del título o el titulo original inglés: Boy erased. Identidad borrada o chico borrado.

Conley cuenta su propia historia: la de un muchacho que descubre su atracción sexual por otros chicos y que cree entonces estar poseído por el demonio o por una enfermedad. Sus padres son un ejemplo de paz conyugal y su padre, además, es pastor de la Iglesia Baptista. Nuevamente vuelve a aparecer la religión en este paisaje de identidades confusas, de aprensiones y de miedo a no ser aceptado.

"La tragedia de alguien que sueña con haber sido otro, con tener deseos eróticos distintos, con amar a una mujer, tener hijos y llevar una vida completamente normal"

La historia de Conley, como la de Ben, es muy sencilla. Al principio de la juventud descubre su atracción por los chicos. Vive esa anormalidad con terror, sobre todo a causa de las creencias religiosas de su familia, que son también sus propias creencias religiosas. Conley cree en Dios y quiere seguir creyendo en Dios. La idea de su monstruosidad le atormenta. Trata de evitar las tentaciones, trata de evitar el deseo. Trata de respetar la moral que le han enseñado. Un día, sin embargo, es violado por uno de sus compañeros universitarios. Es violado por alguien hacia quien siente atracción. Y no sólo eso: el violador, quizá por culpa, confiesa a los padres de Conley que su hijo es homosexual. Y ahí estalla definitivamente el drama. “Si te dejas llevar por esos sentimientos y actúas en consecuencia, no volverás a pisar esta casa. Nunca recibirás una educación”, le dice su padre.

Una tragedia de aroma griego: la tragedia de alguien que necesita gustar a las personas que le aman, pero que es incapaz de hacerlo. La tragedia de alguien que sueña con haber sido otro, con tener deseos eróticos distintos, con amar a una mujer, tener hijos y llevar una vida completamente normal. Conley lo intenta. Se pliega a la voluntad de sus padres de que intente cambiar su forma de ser. Y acepta, así, inscribirse en una asociación de terapia reeducativa para dejar de ser gay: Love in Action. Eso es lo que cuenta Identidad borrada.

“La idea de abandonar a mis padres, de unirme a una comunidad que apoyara a los homosexuales y continuar mi vida sin ellos, me parecía hasta peor el suicidio”, dice Conley en un determinado momento. Ése es el planteamiento exacto del conflicto: la muerte casi se convierte en una solución.

"Le dice que el silencio ya no basta. Que la tolerancia ya no basta. Le dice que le ama, que le sigue amando, pero que no está dispuesto a dejar de ser quien es, y que si tiene que elegir entre una cosa u otra la elección ya está hecha"

El libro avanza y retrocede temporalmente con una ordenación del material narrativo a veces extraña. Conley nos cuenta retrospectivamente sus amores, sus deseos, sus escarceos sexuales y sus fantasías eróticas. Nos cuenta también, sobre todo, su angustia, su incomprensión de la vida, su terrible perplejidad de lo que le está ocurriendo. El gran valor del libro estriba en esa confesión desnuda del dolor de alguien a quien le están exigiendo que deje de ser quien realmente es, que se convierta en otro.

El final lo conocemos anticipadamente: es un final feliz. Garrard Conley abandonó Love in Action, siguió estudiando literatura creativa en la Universidad, mantuvo su identidad homosexual y terminó casándose con un hombre al que amaba. Se convirtió en un activista que denuncia el lavado de cerebro y las secuelas terribles que dejan las terapias de reeducación sexual.

El libro, editado por Dos Bigotes impecablemente, como siempre, se ha publicado en español coincidiendo con el estreno de la película del mismo título protagonizada por Lucas Hedges y Nicole Kidman. La película es muy fiel al libro, aunque por razones obvias ordena la narración más limpiamente. Pero hay una diferencia importante. Una de las escenas más emocionantes —o más hollywoodienses— de la película no aparece en el libro, y es de suponer que el guionista haya contado con el asesoramiento extraordinario del autor para incluirla. Se trata de la escena en la que el joven Garrard, años después de la experiencia traumática, mientras está ya escribiendo el libro que cuenta su historia, se reencuentra en unas vacaciones con su padre y le hace por fin frente. Le dice que el silencio ya no basta. Que la tolerancia ya no basta. Le dice que le ama, que le sigue amando, pero que no está dispuesto a dejar de ser quien es, y que si tiene que elegir entre una cosa u otra la elección ya está hecha. El padre, interpretado por Russell Crowe, simplemente le regala un bolígrafo. Un viejo bolígrafo de la familia para que siga escribiendo. No se atreve a darle su bendición, por miedo a su Dios, pero en realidad se la da.

"Quienes dicen que la homosexualidad es una enfermedad, por tanto, están consiguiendo crear enfermos de verdad, aunque no por su naturaleza sexual, sino por sus inseguridades, sus miedos y su necesidad de autodestrucción"

“El eslogan de que la homosexualidad debe ser aceptada suena engañosamente humanitario para muchos oídos; algunos han pasado por un lavado de cerebro tan radical como para tragarse la tontería de que las relaciones homosexuales deberían disfrutar de los mismos derechos del matrimonio. Sin embargo, los muy entusiastas respecto a la vida homosexual no quieren reconocer el dolor que a menudo conlleva esta. Parecen indiferentes ante los apuros de los adolescentes y los adultos jóvenes que corren el riesgo de errar en algo central de su vida, cuando el desarrollo homosexual les lleve a un punto muerto. Ni siquiera piensan en prevenir esto, aunque, objetivamente, no hay razón para tomar a priori una posición fatalista al respecto”, dice Van den Aardwerg.

Toda literatura es literatura política, pero algunos libros lo son especialmente. Identidad borrada da cuenta de una agresión que se sigue produciendo todavía en nuestros días: la de quienes intentan curar la homosexualidad. El mero hecho decir que la homosexualidad puede ser curada da a entender que es una enfermedad, y eso, a la postre, se convierte en la razón para que muchos adolescentes y jóvenes en formación, apegados a familias o entornos conservadores, sientan que están infectados de algún mal y por lo tanto sientan que no pueden vivir con normalidad su vida. Quienes dicen que la homosexualidad es una enfermedad, por tanto, están consiguiendo crear enfermos de verdad, aunque no por su naturaleza sexual, sino por sus inseguridades, sus miedos y su necesidad de autodestrucción. Los homosexuales como Conley no se sienten mal por ser homosexuales, sino por ser odiados, por ser despreciados y por no estar seguros de poder conservar el amor de aquellas personas a las que quieren y a las que necesitan.

“Es un mundo en el que las emociones se construyen con mentiras. Para alcanzar una satisfacción momentánea del sexo, los homosexuales repiten “te quiero” tan a menudo como se dice “buenos días”. Una vez que la experiencia ha finalizado, sólo están preparados para decir “adiós”. La caza empieza otra vez”, se explica en Homosexualidad y esperanza. Mentiras de odio que tal vez alguna vez —sí— deban empezar a ser delito.

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Autor: Garrard Conley. Traductores: Bruno Álvarez Herrero y José Monserrat Vicent. TítuloBoy Erased (Identidad borrada)Editorial: Dos Bigotes. VentaAmazonFnac y Casa del Libro.

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