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Ni alarmas que espantan

Ya no estás esperando el momento. Sientes que el pasado, sí, dejó de tener sentido, cuando podría ignorarte y pensaba que la dicha no estaba cerca de ti.

Ya es mañana y el futuro que llega. Quizá querías dejar escapar el momento de lo inesperado. Quizá desconocías lo que te iba a ocurrir. Porque nunca sabes si ese instante es real, porque podrías ser una sombra.

Fuiste ayer, desesperanza inerte. Tu calma hincha mi corazón, que late ahora por tu presencia cada vez más intensa y necesaria: yo diría que hasta urgente, como el llanto del bebé recién nacido.

Eres un océano calmo. Mi Pacífico. Una victoria que empezó, hace ya un tiempo imborrable (ambos nos acordamos, pero no hace falta decirlo) con una derrota por la mínima por despistes de la vid, y ahora lucho por mantenerte aquí. A tu lado.

Porque si puedo compartirte en una noche apasionada, sin fin; una tarde sin reloj, ni alarmas que espantan, y también en una mañana con horizonte, colmas mi felicidad cuando me transportas a viajes interminables.

Tus páginas son episodios de mi vida. Te guardo en el escritorio del alma esperando ser un amigo mejor. Y mañana es tu Día. Felicidades, Libro.

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