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La luz cenital de ‘Contra paraíso’

La luz cenital de ‘Contra paraíso’

Cabras y pájaros. Las hojas guardan colores ocres y algún verde se deja asomar. Y el cielo encapotado, tímido, a punto de abrirse. Oigo los cencerros, por ahora lejos, como tambores de paz. El ‘Shazam’ de las plantas y flores da cuenta de espinos blancos, alcornoques y esparragueras. Hay un agujero en ese árbol. ¿Por ahí cabe un animal? ¿Cuántos pájaros hay? Ninguno se quiere perder este festín de sonidos.

Arranco la lectura de Contra paraíso, de Manuel Vicent, en este inédito —para mí —ambiente campestre. El libro quería empezarlo en un lugar distinto al habitual, un escenario que me recordara al de la obra de Vicent, que suponía Mediterráneo puro, donde oliera a salitre y a limoneros y donde los dioses bendijeran los recuerdos del niño Manuel.

Sabía de la existencia de este libro por las notas biográficas del autor y de la importancia en el contexto iniciático de su obra memorialística. El impulso que me llevó a decidirme por fin a leerla fue el convencimiento del novelista de que era su mejor obra y la que había tenido peor fortuna, la que había sido menos. Merecía tener mejor suerte.

"Cicatrices, miedos, ilusiones y cariños no correspondidos como el de su madre, una herida que sangra en su escritura"

Porque en Contra paraíso no solo encuentras una enciclopedia sensorial de Vicent, sino un estilo poderoso, una prosa que hilvana melancolía sin edulcorantes, un refugio permanente al niño que fue y despierta al mundo entre jabón Heno de Pravia, bocadillos de pan con chocolate, cuadernos del Galgo, lápices de colores Alpino y uno de carbón marca Faber, “que olía como hoy huele la memoria”.

El paraíso se transforma en una antesala tragicómica, como el del relato de Trinitario, el carpintero que comenzaba a trabajar a las siete de la mañana todos los días. Si había un muerto en el pueblo, su sierra y su martillo se oían toda la noche fabricando el ataúd. Y el de señoras mayores que dan besos apretados, plazas llenas de golondrinas y los párvulos que aprendían a deletrear junto a los senos de doña Teresita.

Cicatrices, miedos, ilusiones y cariños no correspondidos como el de su madre, una herida que sangra en su escritura. Y un padre del que destaca siempre lo guapo que era. Y un matrimonio, el de sus progenitores, que estaban enamorados, y que podían haber tenido una existencia muy feliz, ellos solos, en su mundo de pareja, al margen de los hijos.

Años del hambre, de limones podridos, de bombas que todavía resuenan en el horizonte, de maquis que merodean cerca del pueblo. Y una luz cenital que se aloja en lo hondo de la niñez, justo el día del descubrimiento del mar, el que marcará de modo irremediable y transversal toda su literatura.

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Autor: Manuel Vicent. Título: Contra Paraíso. Editorial: Cátedra. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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