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Niño de Elche: «Ser artista es en sí un compromiso político»

Niño de Elche: «Ser artista es en sí un compromiso político»

Foto de portada: Óscar Fernández Arengo

Francisco Contreras Molina es el Niño de Elche. Decir que es cantaor de flamenco es ahorrarnos buena parte de su intensa biografía. Su búsqueda de nuevas formas de expresión, su experimentación con el lenguaje y con la música y su participación en gran variedad de formatos artísticos —performance, teatro, documentales…— le convierten en uno de los referentes más frescos y audaces de nuestro panorama cultural. El verano pasado escuchamos en bucle su colaboración, junto a La Húngara, en la canción «Tú me dejaste de querer», de C. Tangana —con quien ya había trabajado anteriormente en el tema «Un veneno»—. Muchos ya le conocían por discos como Colombiana y por haber formado parte de las bandas de música Exquirla —grupo formado junto a los miembros de Toundra— y Fuerza Nueva —su unión con el grupo granadino Los Planetas—. Azote de críticos que aspiran a mantener virginal la pureza flamenca, Francisco no se detiene en su afán por trascender, renovar y proponer nuevas alternativas para nuestra música —y nuestra cultura— popular. Su última obra, Llamadme Amparo (Espasa 2022), es un conjunto de piezas de prosa poética, que aviva recuerdos de infancia, intenta recuperar ese hogar en que vivimos cuando éramos pequeños y propone una buena dosis de ilusión, tan necesaria en los tiempos que afrontamos.

A continuación conversamos con él sobre los versos de su último libro, de su música, del significado de ser artista, de la muerte y del socarrat.

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—Mark Zuckerberg, el dueño de Facebook e Instagram, nos intenta sobornar con una vida alternativa, un «metaverso». En su poemario, usted nos propone un regreso al hogar, encontrar el alivio en los detalles pequeños de nuestro pasado. ¿Quién de los dos está equivocado y quién tiene razón?

—Paradójicamente, Facebook e Instagram pueden ser considerados como esos pequeños detalles de nuestro pasado o nuestro presente y no tanto de nuestro futuro, como se ha venido entendiendo en los últimos tiempos. Creo que las diferentes realidades en las que nos relacionamos nos permiten atender las pequeñas cosas de formas diferentes y que no tienen que ver tanto con unas plataformas concretas sino con el cómo nos acercamos a ellas. Por eso soy tan reiterativo y persistente en la importancia de la contemplación, la observación, la escucha, para desde ahí generar un sentido crítico de todo lo que nos rodea.

—En los poemas de Llamadme Amparo aparecen abuelos —uno de ellos, Francisco, fabricaba los nichos del cementerio del pueblo— y bisabuelos, y muestra en esa prosa poética del libro sus recuerdos de ellos, de sus enfermedades y de sus fallecimientos. ¿Le ha ayudado este poemario a comprender mejor la muerte?

"Escribir me ayuda a comprender mejor la vida y la muerte, que vienen a ser hermanas gemelas"

—Escribir me ayuda a comprender mejor la vida y la muerte, que vienen a ser hermanas gemelas. Poner sobre el papel un pensamiento supone ponerte ante un espejo a través del arma que es el lenguaje. Por eso escribo de una forma más autobiográfica que cuando realizo discos o espectáculos. La escritura me transporta a un territorio de mi yo algo más íntimo, más concreto sobre mi experiencia cotidiana, y en estos últimos tiempos, gracias a esta experiencia, mi práctica musical se está viendo buenamente intoxicada por todo ello.

—Su libro de poemas se entiende como una metáfora del vivir, de una montaña que hay que subir, de un puente que hay que cruzar. Después de atravesar la pandemia, ¿qué recompensa vamos a encontrar?

—Vivir y convivir con la muerte de una forma tan cercana es una buena recompensa para la superación del miedo. Eso sí, para quien esté dispuesto a entender la complejidad de nuestra existencia.

—¿Cómo ha sobrellevado la pandemia un artista tan inquieto como usted?

—Con mucha frustración, mucho dolor, mucha rabia acumulada, que con el tiempo ha ido encontrado consuelo y empatía con el prójimo pero que a veces no he podido evitar sentirme decepcionado por los ojos llenos de miedo que veo por la calle. Ahí es cuando entiendo que mi labor puede tener algo de importancia en estos momentos, aunque sea para unos pocos.

Foto: Óscar Fernández Arengo

—Serrat cantó los versos de Antonio Machado y Miguel Hernández, Paco Ibáñez hizo lo propio con Bécquer, y hasta Los Suaves se atrevieron con el «Palabras para Julia» de Goytisolo. ¿A qué poeta le dedicaría usted un disco entero? ¿Qué versos le gustaría cantar?

"Me gustaría hacer algún día un disco con la Biblia cantada de principio a fin a capella"

—A Ernesto Cardenal, Thomas Merton, Christian Bobin, Erri de Luca, John Donne, Rilke o T. S. Eliot. Me gustaría hacer algún día un disco con la Biblia cantada de principio a fin a capella, como ya ocurre con el Corán, por ejemplo.

—¿El artista debe experimentar para serlo?

—La experimentación tiene que ver con la experiencia, y es desde ahí como entiendo el arte y la vida.

—¿Y debe tener un compromiso político?

—Ser artista es ya en sí un compromiso político, no es necesario afiliarse a un partido político o a una ideología concreta.

—Cuando Lourdes Hernández (Russian Red) dijo «preferir la derecha a la izquierda» recibió muchas críticas. ¿Está el artista obligado a ser de izquierdas cuando se posiciona políticamente?

—Es claro que la hegemonía cultural está más decantada por la idea de lo que entendemos de izquierdas que de derechas. Eso es una realidad y cada día es más latente. A partir de ahí todo lo que se salga de la hegemonía cultural será estigmatizado y criticado. Ella fue una víctima más, porque sobrepasó lo políticamente correcto actualmente.

—En una de sus últimas entrevistas, Antonio Escohotado afirmaba: «Yo soy el paradigma del hombre de izquierdas. De verdad me preocupan los pobres y no quiero que haya pobres pero, naturalmente, no tengo la solución de Castro, de Pol Pot o de Mao, que es empobrecer a todo cristo y matarlos de hambre». ¿Qué es para usted ser un hombre de izquierdas?

"Nuestro interés debe centrarse en eliminar la pobreza y no basarse en los códigos de igualdad que plantea la actual izquierda clásica"

—Partiendo de la base de que el término “ser de izquierdas” ya no nos dice nada, pero aceptando el juego y entrando en él, podría decirte que estoy en la línea que planteaba mi querido Antonio Escohotado, que es una idea que respira también de los ideales anarcocapitalistas que suelo seguir. Nuestro interés debe centrarse en eliminar la pobreza y no basarse en los códigos de igualdad que plantea la actual izquierda clásica. ¿Cómo se elimina la pobreza? Pues sigo creyendo que la pobreza se elimina haciendo que la gente tenga más recursos a su alcance y creo que el social liberalismo, el liberalismo y el anarcocapitalismo siguen siendo las filosofías políticas que más se acercan y se han acercado a esa posibilidad.

—Ernesto Cardenal es uno de sus referentes. ¿Sigue siendo necesaria la Teología de la Liberación? ¿Qué nos puede ofrecer en el siglo XXI?

—Creo que la Teología de la Liberación tiene una gran labor actualmente, sobre todo para entender a Jesús-hombre como un valor a tener en cuenta en lo moral o lo político. También nos ayuda a desmitificar a según qué tipo de personajes relacionados con las sagradas escrituras y a ser críticos con una institución tan corrupta o perversa como puede ser la Iglesia.

—Con Los Planetas refundó Fuerza Nueva, un grupo de música de lo más político. Si Blas Piñar levantase la cabeza…

—Se volvería a morir por ver su marca apropiada por seres como nosotros.

—Sostiene Zanón —escritor y comisario del festival literario BCNegra— que «al rocanrol se le está quedando cara de western crepuscular». ¿Al flamenco le está pasando lo mismo? ¿Es el trap la nueva música popular?

"Lo bueno del flamenco es que no tiene un rostro, y creo que nunca lo ha tenido"

—Lo bueno del flamenco es que no tiene un rostro, y creo que nunca lo ha tenido. El trap es una nueva música popular más, que como todas las que se han basado en rápidas tendencias caerá en un envejecimiento nada interesante.

—¿Qué opinión le merecen los que le critican por innovar e indagar en nuevos caminos para el flamenco?

—Seres que te ayudan a recordar que la labor que uno hace es necesaria.

—Las redes sociales fomentan la taxonomía. ¿Son necesarias las etiquetas en el arte? 

—Para mí actualmente las etiquetas no son necesarias para el mundo del arte ni otros muchos. Creo que con la accesibilidad que nos ofrece a la información el mundo de internet eso es algo que ya pertenece a otro mundo.

—Quieren cancelar en Estados Unidos El mercader de Venecia de Shakespeare por antisemita. En España hace un par de años, el festival Festival BioRitme declaró que no volvería a contar con el grupo de rap SFDK porque una espectadora se había sentido molesta con sus letras. ¿Está a salvo el flamenco de la cultura de la cancelación?

"El flamenco no se salva de tener en su largo historial contenido machista, racista o violento, pero porque es una música popular"

—El flamenco no se salva de tener en su largo historial contenido machista, racista o violento, pero porque es una música popular y de ahí nacen todas estas lógicas. Por ahora se están salvando porque a la mayoría de cantaores no se les entienden las letras que cantan.

—Israel Galván, C. Tangana, Toundra, Ángelica Liddell… ¿Hay algún artista en España con el que no haya colaborado El Niño de Elche? ¿Con quién le gustaría colaborar en un nuevo proyecto?

—Diamanda Galás, Blixa Bargeld, Jaroussky, Mike Paton, Arvo Part, Wim Mertens o Laurie Anderson, por ejemplo.

—La literatura es una de sus pasiones. ¿Qué libros hay en la mesilla de noche de Niño de Elche? ¿Qué autor no falta en su maleta?

—Últimamente me acompaña casi siempre algún librito de Christian Bobin o Thomas Merton. Después voy cambiando según en lo que esté trabajando. En los últimos viajes me han acompañado libros de Al Álvarez, Ramón Andrés, Jean-Luc Nancy, Pascal Quignard o Freud.

—Iba a terminar esta entrevista preguntándole por su próximo proyecto literario. Quería saber si se iba a atrever con una novela. Pero después de verle escribir con esa pasión, y conocimiento, del bollit, el socarrat, el potaje y la torrija, quizás toque uno de cocina…

—La novela no es santo de mi devoción, leo muy poca novela, por no decir ninguna. Me gusta mucho leer sobre la gastronomía o del arte del cocinar y del comer. Pero mis proyectos de escritura tendrán que ver con una escultura de Ernesto Cardenal por un lado, el flamenco y su mentira por otro y un par de ideas sobre mis padres y sus infancias.

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Pepehillo
Pepehillo
5 meses hace

Y ser padre de familia, ni te cuento. Si encima enseñas a los niños que nuestra ciudadanía está en el Cielo, te conviertes en enemigo público.