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5 poemas de Niño de Elche

5 poemas de Niño de Elche

«El presente libro supone un artefacto de prosa poética donde escribo a partir de la idea del hogar. Una intimidad que me ha ayudado a repensar de nuevo esos pequeños gestos de la cotidianidad, inspirado por las formas de abordar la escritura de escritores que han marcado mi forma de observar el mundo como Christian Bobin, Milan Rufus o Vladimir Holan, entre otros. Los recuerdos de mis antepasados así como las situaciones tan paradójicas en casa de mis padres y hermanos siempre me han ayudado a entender mejor lo minúsculo de la realidad que habitamos. Historias que a mí entender encierran la complejidad de las relaciones humanas. La ternura, el cariño con el que se corta una verdura o se posan unas flores en un jarrón, la marca de un cuchillo en la mesa donde se come, el pomo de una puerta o el destello de un rayo de luz en el libro que descansa en tu cama siguen siendo pequeños signos de lo milagroso y fascinante de esta experiencia llamada vida. Llamadme amparo (ESPASAesPOESÍA) es a veces un grito a modo de consuelo, otras veces supone el marco del abrazo entre diferentes y otras el silencio de una soledad buscada. Escribir como rito introspectivo, así lo tomo, como la lectura, un espacio privado común».

Zenda adelanta cinco poemas de Llamadme Amparo, de Niño de Elche.

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Fue utilizada sin ningún reparo. No tuvo la suerte de que el Señor se olvidara de ella y la desechara. Ni su corta edad pudo salvarle de la tortura que supone escuchar los lamentos de Sísifo al final de una calle en cuesta asediada por los leones. Un miedo que caló en sus huesos a modo de trauma nevado. A la luz de sus ojos, los nevazos no son dignos portadores de belleza. El pesar del cántaro en su cabeza le recordaba que si se quiere comer al final de la jornada no se pueden cruzar los brazos ante la fría ventisca. De ahí proviene no querer malgastar el agua. Fue capaz de transportar en un botijo toda la moral del mundo sin morder el polvo. La gravedad de aquel recipiente no consiguió clavar sus huesos en la tierra, ni dejarla en la estacada, como el que hinca una cruz para indicar que ahí se mató alguien, sin demasiada importancia, desconocido para la mayoría, como el trabajo de aquella niña que fue mi madre.

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A mi bisabuelo lo metieron en la cárcel por leer libros y periódicos públicamente a sus vecinos del pueblo. Era un socialista convencido que, después del año 1936, ya en prisión, siguió transmitiendo conocimientos a los presos a través de la lectura grupal. Algunas veces les leía una roída página de algún diario pasado de fecha o una cuartilla clandestina a sabiendas de que se jugaba la vida. Otras declamaba la Biblia entre los cautivos, para así poder disfrutar de la doble ración de comida con la que las monjas le premiaban por tan cristiana labor. En los cuadros del pintor suizo Alfred Anker puedo respirar la dulzura cotidiana con la que mi abuelo Melón —así le apodaban— se acercaba al desvalido con un libro, como el que trae un consuelo y una esperanza entre las manos. Por ello, cada vez que me dispongo a leer siento que él está ahí, a mi lado, como si me escuchara y asintiendo con la cabeza me diera su bendición revolucionaria.

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Siempre he llevado anillos con un pasado familiar. En sus orígenes, las alianzas no eran empleadas como un signo distintivo de riqueza. Servían para unir a las personas con las que se compartía la siembra, la caza, una comunidad o la vida. Por lo tanto, este artilugio tiene una base emocional muy importante. Lo que sí ha perpetrado en su utilización es su estrecha relación con las creencias religiosas. Lo circular de su forma nos habla de la eternidad y el pacto que nadie podrá romper. No tienen ni inicio ni fin. La mano es el miembro del cuerpo más divino donde portarlo. Como europeo, me gusta colocarlo en el dedo anular, el sanador según la antigua Roma, ahí donde termina la vena del amor, la que recorre todo el cuerpo.

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Cuando era un niño de menos edad, me golpeé con un poste de hierro en la oreja derecha mientras jugaba en el patio del colegio con algunos de mis compañeros de clase. Fue el único accidente que sufrí en mi vida. El miedo ha sido un buen protector para evitarme torceduras, cortes, quemaduras o alguna rotura de hueso o corazón. Una deformación física que me obliga a tener un perfil preferido. Mis orejas no son iguales entre sí como no existen dos individuos con las orejas idénticas. A simple vista, es la única parte del oído que se puede ver. Cartílago y piel que une el sentido de la visión y de la escucha. Su sagrada función reside en captar la vibración sonora para redirigirla al tímpano y desde ahí a las demás partes del cuerpo. En algunas especies, el pabellón auricular nos puede dar señas del estado de ánimo del animal así como irradiar calor. Por eso posamos la cabeza sobre los seres queridos como seña de cariño, como gesto de amor.

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La voz se esconde en cualquier rincón de un cuerpo. Incluso en algún recóndito espacio de tu casa también la podrás encontrar. Aquí «casa» es lugar donde poder alzar la voz y no tanto el hogar que anhela el exiliado. Si buscas dentro de ti seguramente oirás voces que no imaginas. La conciencia, Dios o la moral también son voces que debes atender. No creas que estás solo, que eres un ser que habla solo. La soledad es algo tan sagrado que hablar de ella es romper con su significado. El silencio, amor, es otra cosa. Sentir una reverberación supone experimentar una resonancia que puede hacer temblar tus huesos. Ahí, en ese mismo instante de pregunta, sabrás que se esconde algo que debes escuchar. Seguramente será un ruido, sin más significado ni razón que ser un ruido. Un sonido que interrumpirá tu cotidianidad. No hay nada más bello que suspender la inercia de tus días. Abrirse también supone parar, atender, respirar con el oxígeno del otro. Nadie respira con su propio oxígeno. Detrás de cada afilado diente hay un silbido. Es la llamada de atención que estabas esperando para no morder antes de tiempo. Abrirse también supone esto. Pregúntale a las flores.

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Autor: Niño de Elche. Título: Llamadme Amparo. Editorial: EspasaesPoesía. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

BIO

Francisco Contreras, Niño de Elche (1985) es un artista indisciplinar y exflamenco que ha sabido aunar en sus diferentes propuestas artísticas géneros como el flamenco, la libre improvisación, el krautrock o las músicas electrónicas, electroacústicas o contemporáneas junto con la poesía, la performance, la danza o el teatro. Entre su decena de trabajos discográficos destacan , a Miguel Hernández, Voces del Extremo (galardonado por varios medios de comunicación españoles como mejor disco del año 2015), Antología del Cante Flamenco Heterodoxo, Colombiana, Fuerza nueva junto a la banda granadina Los Planetas o el doble LP La distancia entre el barro y la electrónica, siete diferencias valderomarianas sobre el archivo sonoro del artista José Val del Omar o el reciente trabajo titulado La exclusión, dirigido por el pensador y escritor Ramón Andrés. Tiene publicados cuatro libros: No comparto los postres, Morbo legítimo, In memoriam. Posesiones de un exflamenco y el actual Llamadme amparo. De sus variadas propuestas colaborativas caben destacar los espectáculos Raverdial y En el nombre de, realizados junto al dúo audiovisual Los Voluble para el Festival Sónar en los años 2015 y 2017, así como su propuesta Vaconbacon, cantar las fuerzas, junto al colectivo Bulos y Tanguerías en 2011. Ha colaborado con artistas como Israel Galván, Angélica Liddell, María Muñoz, Rocío Molina, Lois Patiño o C. Tangana, entre otros. Fue uno de los artistas españoles invitados en Documenta 14 celebrada en el año 2017 en las ciudades de Kasel y Atenas bajo la propuesta “La farsa monea” junto a los artistas Pedro G. Romero e Israel Galván. Protagoniza la película Niños somos todos del director Sergi Cameron, filmada en Bolivia y galardonada en diversos festivales de cine documental europeo. Su última incursión en el mundo cinematográfico es la película sobre su vida y obra titulada Canto cósmico, dirigida por Marc Sempere y Leire Apellániz, estrenada este año.

Realizó para la Colección del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía la obra “Auto Sacramental Invisible, una representación sonora a partir de Val del Omar”, expuesta en los años 2021-2022.

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Estefanía La Roquette
Estefanía La Roquette
9 meses hace

Valiente porquería de poemas.