No soy un monstruo

Foto: Pepa Bueno y Nuria Roca en la presentación de la novela de Carme Chaparro en el Círculo de Bellas Artes de Madrid

Es mujer, es periodista y trabaja en Cuatro, dando las noticias al mediodía. Tal vez eso, que en principio podría parecer positivo, no siempre lo es -o no suele serlo- al considerar que se irrumpe en el ámbito de la edición sin el aval de escritor o con el aval que da un medio audiovisual. Suele pasar. Y en el caso de Carme Chaparro también podría haber pasado porque ha escrito una novela que, además, ha ganado el Premio Primavera, 2017. Una novela titulada No soy un monstruo y que ha avalado este jurado: Carme Riera, Antonio Soler, Ramón Pernas, Fernando Rodríguez Lafuente y la editora Ana Rosa Semprún. Pero nada más fácil para sacudirse este tipo de prejuicio que leer lo que ha escrito. Yo sí lo he leído y por eso me tomo la libertad de contarlo.

No soy un monstruo cuenta la desaparición de un niño en un centro comercial -en unos segundos en que se suelta de la mano de su madre-, algo que ya había ocurrido dos años antes en idéntico escenario. A partir de aquí, dos mujeres de marcado carácter por sus respectivos oficios, entran en parecida vorágine al tener que enfrentarse, desde distintos ángulos, aunque complementarios, a la solución del enigma: Ana Arén, inspectora jefa al mando del grupo de menores del Servicio de Atención a la Familia, el SAF, de Madrid, e Inés, una conocida periodista de informativos de televisión, que, además, es una escritora de éxito tras la publicación de su primera novela, Un bosque espeso, que sufre la presión de su editor para que entregue el borrador de la segunda.

"No es solo un thriller inteligente sino que va más allá. Su estructura, el ritmo narrativo, los diálogos, las situaciones que describe, al ambiente sórdido de la comisaría, el mundo del periodismo informativo, todo está contado con un tono de absoluta verosimilitud y una precisión lingüística que hacen que esta novela sea también un premio para la editorial."

La novela se va sucediendo en cincuenta capítulos, cuya carga principal corresponde a estas dos mujeres, capitales en la obra, que corresponden a los distintos personajes que pueblan No soy un monstruo, narrados todos en tercera persona excepto el de Inés, que está escrito en primera. Laura/Joan, Jesús/Ramón, Sam/Patricia, en los que el narrador omnisciente se encarga de ofrecernos sus vidas, sus actos y sus testimonios.

Durante toda la novela, Carme Chaparro va dejando sobre la piel del lector unas marcas a modo de camino de luces y sombras que le lleva sin resuello a la resolución de un caso que a medida que se avanza en la lectura más crece el ansia de conocer el final. Y el final es una explosión de los sentidos, que han estado a flor de piel durante el tiempo que avanza la investigación.

Ahora bien, poco valor tendría esta novela si todo su mérito estuviera en la tensión que provoca, en la zozobra por el horror que inunda cada página, en la inquietud y el dolor que nos inflige el realismo con que está escrita, porque No soy un monstruo no es solo un thriller inteligente sino que va más allá. Su estructura, el ritmo narrativo, los diálogos, las situaciones que describe, al ambiente sórdido de la comisaría, el mundo del periodismo informativo, todo está contado con un tono de absoluta verosimilitud y una precisión lingüística que hacen que esta novela sea también un premio para la editorial.

Carme con Ana Rosa Semprún, Ramón Pernas y Carme Riera