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Noticias del otro

Noticias del otro

Escucho de nuevo Intemperie, el último himno, inventario, murmullo o soflama de Aute. Un disco escrito y cantado quizás desde su añeja biología, como él afirma, pero ante todo y sobre todo en estado de gracia. Sin levantar la voz. Sin inclinar el alma.

Anoche una amiga me preguntó de pronto por su salud. Me pilló por sorpresa. Le contesté sincero y optimista, pero ahora, al escuchar de nuevo sus canciones —llevo meses haciéndolo cada tarde— pienso sin duda que me quedé muy corto.

"Luis Eduardo Aute. El más inspirado, el más insomne, el más escalador, el más insurrecto"

Porque Eduardo goza de una salud que para sí quisiéramos el resto de los diurnos. Un auténtico solo de trompeta desde la debacle de cada día; un sentimental a su pesar que para pronunciar la fisura o la frágil cerviz de la belleza no precisa invocar a las musas, porque nació con ellas, porque vivió con ellas, porque enfermó con ellas y a pesar de ellas sostuvo siempre la vocación y el oficio de hacernos a todos mejores con los dones de su poesía y su música: esas artes en las que el poeta Zagajewski decía encontrar la fuerza, la debilidad y el dolor, los tres elementos en los que más reincidimos. Porque el cuarto, escribe, no tiene nombre. Y esa es precisamente la incansable, devastadora, agotadora tarea del poeta, su batalla perdida, aunque junto a ella exista y gire siempre la otra cara de la moneda, la tregua, la amistad, el amor, la inhóspita armonía, ese cuarto elemento o coartada o pedal que echaba en falta Zagajewski, y que hoy al escucharlo sigue teniendo nombre propio entre todos nosotros: Luis Eduardo Aute. El más inspirado, el más insomne, el más escalador, el más insurrecto. Sin duda también el más ileso cuando canta que, a pesar de todo, hay cosas peores, y que en tu abrazo siempre hay tiempo para un soplo de alegría

"Y todo está dicho ahí… Para saber más del otro"

Poeta magullado, sí, pero dejando siempre que sean las propias palabras arañadas las que nos enseñen heridas y cicatrices nuevas, prohibidas, holladas, sufridas, incurables, curadas al fin por la sensibilidad de alguien que agotó madrugadas enteras buscándole la quiebra, el grito, la turba o las cosquillas a todo lo que aún se deje hacer o deshacer, acariciar o estremecer, beber o desbeber, trabajar, trabajar, trabajar… conmover, conmover, conmover… O como él mismo ha escrito en un verso que todos deberíamos tener colgado en nuestras paredes de cada día…

Aprender, aprender, aprender / para saber más del otro

Y todo está dicho ahí… Para saber más del otro Ese fuego sagrado que desprenden siempre los mejores, los más sanos, los más alerta, los imprescindibles… los que están aquí para hacernos —con su acierto, su lluvia, su trampolín, su intemperie— el camino más fácil, la rendición más difícil.

Toda la poesía, de Luis Eduardo Aute.