Objetivo Mordzinski

Se crió a la sombra benéfica de la gran biblioteca familiar, en el barrio porteño del Once. En su memoria ha quedado grabado el amor de su padre a los libros. Dice Daniel Mordzinski: “Recuerdo una primera edición de El Hacedor de Borges, publicada en 1960 por Emecé” (…).

Más tarde, su tío Mario le descubrió a Vargas Llosa. También le regaló un ejemplar de Rayuela, de Cortázar, y fue en una de las mudanzas familiares “cuando comencé a armar, en mi propio cuarto, mi biblioteca personal”.

"Daniel no es un fotógrafo solo de continente sino que busca también el aura, lo que el otro tiene o puede tener cuando lo mira tras el objetivo de la cámara"

A los trece años Daniel soñaba con ser fotógrafo, cineasta y escritor a la vez. Entonces comprendió “que una fotografía, como un libro, puede hacernos viajar miles de kilómetros sin movernos del lugar y que el valor iconográfico de una imagen no está relacionado necesariamente con su calidad, sino con el afecto o empatía que tenemos con la persona fotografiada o con lo que está representado en la imagen”. Por eso Daniel, cuando entra en la casa de la persona a la que va a fotografiar, lo primero que busca, en lo primero que se fija, es en su biblioteca. Él no coloca frente a él a la persona y luego dispara como si lo estuviera ejecutando, Daniel no es un fotógrafo solo de continente sino que busca también el aura, lo que el otro tiene o puede tener cuando lo mira tras el objetivo de la cámara. Yo he visto trabajar a Daniel, y lo que hace es sonreír y conversar. Encuentra rápidamente el lugar en el que debe transcurrir la sesión y “el otro” enseguida se siente atraído por lo que le está diciendo. “Es bonito esto”, “mirá estos libros”, “situáte aquí, junto a estos cuadros”, “qué buena luz tiene esta estancia”, y sonríe siempre, como si el momento fuera único (no solo lo es sino que él lo hace único) y los movimientos del otro se van acomodando al click y a la voz cálida y cómplice del fotógrafo que de pronto encuentra lo que buscaba: “gracias”, dice siempre. Y mira el visor, sonriente.

Ángeles Mastretta fotografiada en el hotel Wellington de Madrid.

Siendo muy joven, en el París en el que luego viviría gran parte de su vida, le propusieron realizar su primera exposición. Daniel había llegado a la ciudad empujado sobre todo por la influencia de Julio Cortázar. Y como las cosas importantes hay que hacerlas, Daniel buscó en la guía telefónica al escritor argentino y lo encontró; marcó su número: “Respiré profundo y le dejé un mensaje que decía: «Hola, me llamo Daniel, no soy nadie y nunca hice nada, pero mañana inauguro mi primera exposición y sería el pibe más feliz del mundo si me acompañaras». Le dejé la dirección y Julio Cortázar vino… Ese es uno de los días que cambiaron mi vida”.

"Todos los retratados se dejan llevar por el ritmo respetuoso que Daniel va marcando y el resultado saldrá de un pacto felizmente tácito"

Juan Villoro ha escrito: «Mordzinski practica una travesura visual que llama fotinski”, a lo que Daniel añade: “El humor y la ironía son temas centrales en mi trabajo. Soy consciente de que la frontera entre el humor y el ridículo es muy fina y muchas veces invisible, y por eso intento no pasarla nunca. Para mí, la única frontera clara es el respeto. Jamás traicionaría a un escritor”.

Todos los retratados se dejan llevar por el ritmo respetuoso que Daniel va marcando y el resultado saldrá de un pacto felizmente tácito. Ya no importa que el entorno sea una playa o el baño de una habitación de hotel; que el escritor esté tumbado en la cama o que abra con descaro una gabardina cuyo forro está poblado de fotos. Una noche de 1978 dice Daniel que vio aparecer en una de las cubetas en las que estaba revelando su primer retrato de escritor. “La primera letra de mi mapamundi literario fue también mi propio Aleph. El director de cine argentino Ricardo Wullicher me invitó a participar en el rodaje de un documental y para sorprenderme no me reveló el tema de la película. La cita era en la Biblioteca Nacional y al entrar a la gran sala reconocí de inmediato a Jorge Luis Borges hablando con el director. “Borges fue el primer escritor que retraté. Fue mi primer paso, mi primera letra, el Aleph de mi cartografía. Fue en 1978 en Buenos Aires —tenía 18 años— los mismos que Borges dirigiera la Biblioteca Nacional.

Jorge Luis Borges

Daniel es un amigo con el que disfruto desde hace muchísimos años. Su generosidad y grandeza humana solo son comparables a la calidad de sus composiciones. Aunque suele pasar buena parte del año mostrando sus fotos por el mundo, también en España hemos podido disfrutar algunas de esas exposiciones, en Gijón y en Madrid, pero estoy seguro de que la gran muestra de Daniel Mordzinski llegará un día al Reina Sofía, en donde la mirada de este artista alcanzará la dimensión pública que merece.

Mientras tanto, a partir de mañana, viernes, 11 de octubre, en Casamérica, con el patrocinio de Acción Cultural Española, podremos volver a disfrutar de su arte con un único Objetivo: Mordzinski, un viaje de cuatro décadas al corazón de la literatura iberoamericana. Nunca antes se había reunido una colección tan ambiciosa de los 40 años de trabajo de Mordzinski. Muchas de las fotografías de esta muestra son inéditas o de nueva producción y recoge más de doscientos cincuenta retratos de escritores.

Daniel Mordzinski se declara entusiasmado con esta gran muestra antológica: «Me siento muy feliz de exponer en Madrid, una ciudad que tanto quiero y donde tengo tantos buenos amigos. Este proyecto es una idea que arranca en el tiempo de los grandes sueños, de los ideales que duran toda la vida. Yo, desde chico, amaba los libros, las historias…, y me quedó la idea de que con mis fotos voy dibujando un mapa del tesoro, una suerte de carta geográfica por la cual navega mi imaginación y la imaginación de los lectores”.

De él se ha escrito mucho y bueno. Esta que va a continuación es solo una muestra muy breve de la amistad y la admiración que le profesan los escritores.

Mario Vargas Llosa

Decir que Daniel Mordzinski ha “fotografiado a los autores” es insuficiente. Porque las imágenes de ellos que la cámara de Mordzinski ha arrebatado al río del tiempo y fijado en esas cartulinas que todos los editores, autores y lectores conocen, son en verdad una interpretación profunda y respetuosa de su personalidad tal como aparece reflejada en sus rasgos, semblante y expresiones. Daniel Mordzinski no se sirve de quienes posan para él a fin de exhibir su talento y gratificarse a sí mismo con desplantes llamativos como hacen tantos fotógrafos de moda. Él sirve a quienes retrata esforzándose en aprisionar su verdad profunda y tratando de desaparecer él mismo detrás de su cámara. Por eso los retratos de Daniel Mordzinski tienen una autenticidad que es un ingrediente central de su belleza artística.

Elena Poniatowska en Querétaro.

Guillermo Cabrera Infante

Mordzinski practica el arte de Niepce y las partes de Daguerre, pero ya no reproduce la figura humana en asfalto, ni requiere una exposición de ocho horas en un cuarto oscuro. Ahora emplea esos elementos contradictorios (película rápida y fijador) para hacernos creer la ilusión de que somos más bellos o parecemos más inteligentes.

Rosa Montero

Yo no recuerdo qué pensé cuando Daniel Mordzinski me fotografió. Paseamos una mañana ventosa por Gijón, y él saltaba a mi lado, pelirrojo y flaquito, sonriente y callado, tan atento como un gorrión callejero que espera a que dejes de mirarle para lanzarse como una flecha sobre la miga de pan abandonada. Es decir, espera a que te abismes en ti misma, a que sientas la vida y el tronar del mundo, a que te envuelvan blandamente la palabras no dichas como el humo envuelve al fumador. Y entonces dispara. Es un gran fotógrafo, este Mordzinski.

Almudena Grandes retratada en Granada, Nicaragua.

Santiago Roncagliolo

Mordzinski apareció un día en el lobby del hotel y me explicó que solía fotografiar escritores. Yo pensé que con tanta modelo famosa y deportista millonario, este hombre tenía atrofiado el sentido de los negocios. Él dijo que quería reunir una colección de imágenes en cuartos de hotel. Como es natural, imaginé que se trataba de un fetichista chiflado de esos que se cuelan en los congresos literarios.

Pero, la verdad, pensé eso de puro ignorante.

Como él quería fotografiarme, decidí investigarlo, a ver si no era un degenerado. Muy por el contrario, Mordzinski resultó ser una leyenda entre los invitados del congreso literario.

Juan Gabriel Vásquez

Un verdadero inventario gráfico de la literatura en nuestro idioma.

Ángeles Mastretta

Conocí a Daniel en Gijón, una tarde de lluvia y premoniciones. Se presentó, con su gesto de duende apresurado y sus ojos inteligentes, a pedir un paseo en busca de fotos.

Yvan Thays

Para un fetichista como yo, tener una foto de Daniel era demasiado. No sólo ha fotografiado a casi todos los escritores latinoamericanos (ya sin hablar de extranjeros) sino que siempre lo ha hecho con un talento, una inspiración y una capacidad lúdica impresionante (…).

Bernardo Atxaga

Daniel Mordzinski coge a un escritor, lo mete en una caja, y luego dice “Sí” o “No”, generalmente “No”, y saca al escritor de la caja, lo sienta, lo levanta, lo pone de espaldas, y dice quizás “así está bien, pero míreme.

Fernando Iwasaki

Hay gente mala que dice que los escritores vamos a los saraos a ligar. ¡No es verdad! Lo único que queremos es que Mordzinski nos fotografíe vestidos con otra ropa.

Lea Vélez en Madrid

Sergio Ramírez

A Eliseo Alberto y a mí nos puso a jugar una partida de dominó en un bar de Gijón, y tomo esa foto desde la calle, tras los cristales de la ventana, ambos concentrados en el juego, Lichi con cara pícara porque sabe que yo no sé jugar dominó en el que los cubanos son viciosos, y esa es la foto, tan subyugante como la de Juan Gelman fumando con aire ausente de cantante de tangos, o Mario Benedetti al centro de la cancha de fútbol, que no parece ser el personaje de la foto, casual, los brazos cruzados, sino el niño en primer plano sentado sobre la pelota.

Es el milagro constante que ha logrado en miles de fotos Daniel Mordzinski, el fotógrafo de los escritores, el que nunca se está quieto, siempre entregado a la cacería de sus personajes, el gran improvisador, el que sabe que la imagen es fruto de la imaginación y de la ocurrencia, y que la memoria no es sino el instante, y que él es el dueño del instante.

Leonardo Padura

Yo, que jamás he escrito un poema, me imagino que el cerebro de Daniel funciona como el de los que escriben poesía sobre todo porque sus fotos son poesía: siempre buscando la manera de encontrar la esencia última de las cosas y las personas, de la luz y de los rostros, de provocar —y digo provocar— la conjunción de lo imposible para crear una realidad distinta que solo él es capaz de concebir y, luego, de crear.

Y si Daniel resiste la tensión terrible de vivir cada hora de su vida para fotografiar a los que escriben sobre la vida es solo porque, en el fondo, asume su trabajo como un juego. Daniel es un niño grande que goza la travesura de ir siempre más allá, de ver lo que nadie ve, de mirar lo que nadie mira, y de sentir el disfrute infantil de ganar un premio: la foto que solo él pudo imaginar y tomar.

Karla Suárez

Compartimos muchos amigos, hemos cruzado juntos el Atlántico y visto la lluvia en la selva de la Guyana Francesa. En cada momento está Daniel apuntándonos con su arma preferida, ésa que hace “chac” y nos vuelve inmortales. Daniel se burla de las leyes de la ciencia, ya lo dije antes, es peligroso. Por eso, si te apunta, es mejor que sonrías, nunca se sabe que hará de nosotros ese mago llamado Daniel Mordzinski.

Rita Indiana en Lima

José Manuel Fajardo

Contemplar la trayectoria fotográfica de Daniel Mordzinski es asistir al espectáculo de una búsqueda de belleza y verdad en el que las sucesivas aproximaciones a ideas visuales dan cuenta del rigor del esfuerzo. De retrato en retrato, Mordzinski ha ido afinando su concepción de la fotografía, ha jugado con volúmenes, geometrías, luces y encuadres, con composiciones y gestos, como si cada escritor retratado fuera pieza de un vasto tablero de ajedrez en el que él juega la partida de su talento, pero en el que mágicamente, como en ese mundo del otro lado del espejo que imaginara Carroll, peones, torres y reyes no son esclavos de su voluntad sino cómplices de su aventura.

Javier Cercas

Yo, créanme, soy una persona seria, una persona normalísima, pero el tipo de las fotos no; la culpa es de Daniel Mordzinski, que primero le saca a uno el alma de las tripas y luego le retrata. No sé cómo lo hace; lo único que sé es que lo hace, y que lo que hace es peligrosísimo para cualquier reputación literaria. La próxima vez no me pilla ni loco.

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