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Óscar Esquivias: “Madrid está llena de personajes que podrían ser profetas”

Óscar Esquivias: “Madrid está llena de personajes que podrían ser profetas”

Foto de portada: Asís G. Ayerbe

Óscar Esquivias es uno de los escritores más felices que conozco, si la felicidad puede medirse por la alegría acumulada a lo largo del día. Esquivias es andarín, simpático, optimista. Parece no querer nada, no pedir demasiado, conformarse sin rendirse. Ahora ha publicado un libro precioso con Dios de fondo, a cuatro manos con el ilustrador Miguel Navia, Alguien se despierta a medianoche (Reino de Cordelia).

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—¿Cómo surge la idea de recrear episodios bíblicos?

—La idea primera era no solo recrear episodios bíblicos, pues hay reinterpretaciones de pasajes muy famosos (la parábola del hijo pródigo, el himno a la caridad de San Pablo…), sino también incorporar nuevos textos sagrados a una Biblia contemporánea. Nos planteamos: ¿por qué se da por cerrada la Biblia, no tiene Dios nada que contar ahora mismo? ¿No puede ser Dios un narrador contemporáneo y no sólo alguien de la antigüedad? Esa idea nos divertía.

—¿Y el origen de la colaboración?

"Esa idea de un profeta como un náufrago, alguien que tiene una verdad incómoda, incómoda para el poder y para el conjunto de la sociedad"

—Todo nació como una cuestión plástica. Yo conocí a Miguel a través del libro Chueca (Reino de Cordelia), una colección de láminas suyas con un prólogo mío. Él tenía otros dibujos que no sabía qué hacer con ellos. No acababa de encontrar un hilo temático y le apetecía hacer algo distinto. Miguel ya has visto que hace unas escenas urbanas fabulosas, muy realistas pero a la vez muy simbólicas… Cuando me enseñó esas láminas, a mí enseguida me vinieron esas imágenes bíblicas. Un profeta paseándose como Jonás por Nínive, diciendo cosas que a la gente normal le parecen disparates. Esa idea de un profeta como un náufrago, alguien que tiene una verdad incómoda, incómoda para el poder y para el conjunto de la sociedad. Madrid está llena de personajes que podrían ser profetas a los que no hacemos lógicamente ningún caso.

—¿Cómo os coordinasteis? Hay cuentos ambientados en Madrid, Bilbao o Burgos.

—Yo escribí textos nuevos sin la referencia a la imagen, él los ilustró, hablábamos mucho. Los dos creíamos que en Burgos había como una vibración profética, y recorrimos la ciudad tomando notas, haciendo fotos. Hemos ido modificando el trabajo. Según yo veía las imágenes que hacía Miguel, igual cambiaba alguna cosa; él sobre las primeras imágenes al ver mis textos también cambió cosas. Nunca queríamos que fuera una relación servil, sino que fuera una relación creativa.

—¿No sientes cierta desventaja? Las imágenes entran de golpe, muy sensualmente, mientras que en tu parte pena la humildad del negro sobre blanco.

"Yo estudié historia, y para mí las historias bíblicas o de santos forman parte de mi formación y de mi interés"

—Yo me siento muy feliz… Reconozco el poder enorme de las imágenes. Yo estudié historia, y para mí las historias bíblicas o de santos forman parte de mi formación y de mi interés. El poder de la imagen es muy bíblico. Las catedrales se levantaban para que los analfabetos pudieran seguir los textos bíblicos a través de la representación plástica. Como en este caso la relación entre texto e imagen es creativa, a mí eso me resulta una acicate. No creo que la imagen condicione la lectura, pues no hay entre textos e imágenes una relación evidente. Es un libro que se va a hojear más que leer, pero eso a mí no me importa, porque es ir en muy buena compañía.

—¿De donde puede venir tu interés en asuntos bíblicos, de santos…?

—Por haber nacido en Castilla.

—Bueno, yo también he nacido en Castilla y no se me ha pegado nada… Por abundar: ¿has leído la Biblia?

—Sí, aunque no de forma sistemática. Me sé fragmentos enteros. Te puedo recitar de memoria las Bienaventuranzas. Yo por una parte soy un amante del arte, por esta cosa sensual y por esta seducción plástica que tiene, pero luego me interesa mucho que las narraciones bíblicas no sólo te cuentan una historieta sino que siempre tienen ese poder simbólico de querer hablarte de algo que va más allá de la pura anécdota de una oveja que se pierde y un señor que la busca. Esos relatos tienen como esa voluntad simbólica que además se ha demostrado inagotable. Jiménez Lozano siempre se asombraba de las pocas líneas que ocupa la historia, qué sé yo, de la construcción de la torre de Babel, y sin embargo todavía seguimos citando esas pocas líneas, y tantas otras. Siempre me ha atraído esa voluntad que tienen estos textos de hablar de lo más misterioso y querer dar un sentido a la vida y explicar por qué existe lo que existe y no otra cosa.

—¿Qué dirías que es la religión?

"Gracias a la poesía o la religión podemos decir algo"

—Yo creo que la religión es como una ficción suprema que te permite, igual que la poesía, y esto se lo copio a Santayana, hablar de asuntos de los que de otro modo no podríamos decir nada. Yo soy muy epicúreo, y los epicúreos decían: Bueno quizá existan los dioses, o no, pero de eso no podemos decir nada. Gracias a la poesía o la religión podemos decir algo».

—¿Notas en estos días un auge del catolicismo, quizá debido a la pandemia y a otros motivos?

—Pues sí. Sí, yo creo que sí. Yo creo que estamos en una sociedad secularizada, y cada vez lo va a estar más. Pero sí veo que ahora hay como un orgullo católico practicante, y a mí no me parece mal. A mí me gusta la gente que tiene fe.

—¿Ah, sí?

—Quizá porque es algo que yo no acabo de entender. Pero también veo que es un resurgir del catolicismo desde la desinhibición, yo creo que están saliendo del armario los católicos practicantes. La Iglesia en general es como un contenedor de sensibilidades muy diferentes, desde el revolucionario ultramarxista que defiende un estado comunista radical hasta el liberal conservador.

—En las imágenes de Miguel Navia veo un leit motiv en esas máscaras picudas tan inquietantes.

—Eso viene de que los seres alados siempre han sido los mensajeros de los dioses. La máscara es la que utilizaban los médicos en los tiempos de la peste. Esos picos tan largos los llenaban de hierbas aromáticas, porque pensaban que así purificaban el aire.

—Y en tu caso diría que el leit motiv son los pájaros, los mirlos en particular.

"Los pájaros son símbolos de la unión entre nuestro mundo y el mundo de la divinidad"

—Yo creo que entre las cosas más bonitas que creó Dios están los pájaros. Los pájaros cantores. Los pájaros son símbolos de la unión entre nuestro mundo y el mundo de la divinidad. Los ángeles son pájaros humanizados.

—Me llama la atención que hace bastantes años que no escribes novelas.

—He seguido publicando, pero cuentos. Andarás perdido por el mundo, por ejemplo. A mí me divierte. Estoy con una novela desde hace años. Pero las novelas exigen mucha atención y mucho trabajo. Y por distintas circunstancias no he tenido la continuidad, o el resultado que iba quedando no me satisfacía. Yo no me siento con la obligación de publicar todos los años, ni cada dos años, y me siento muy feliz escribiendo cuentos. La satisfacción que uno tiene es inmediata, y creo que eso se acomoda mejor con mi carácter. Me encanta diseñar grandes arquitecturas y dar la vuelta al mundo, que es lo que uno hace cuando escribe una novela, y me divierte escribir novelas, pero creo que me expreso mejor ahora en las distancias cortas. Cada vez se me ocurren más ideas para cuentos o microrrelatos o poemas.

—¿En qué crees que puede haber cambiado tu vocación literaria con los años, o tu visión del oficio de escritor?

—Siempre he tenido la conciencia de que lo nuestro es algo marginal, que no importamos nada a la sociedad… Yo nací en el 72, en el 72 nació Pedro Sánchez o la reina Letizia. Yo no soy el equivalente en la literatura de lo que son ellos en la política o en la vida pública.

—¿En qué sentido?

"Mi ambición es vivir tranquilo, hacer lo que me divierte, y eso desde siempre y de forma humilde en lo personal"

—El sentido sería que yo presidiera la Real Academia de la Lengua. Pero mi ambición es vivir tranquilo, hacer lo que me divierte, y eso desde siempre y de forma humilde en lo personal. Ahí sí he notado una vocación hacia el despojamiento. No me siento frustrado por no tener miles de lectores. Cada uno de mis libros es una aventura diferente, un experimento. Y no pienso sólo en la pura literatura, sino también en las obras en colaboración.

—Es cierto que abundan en tu obra libros con fotógrafos, dibujantes, y catálogos…

—Porque son mis amigos, y lo que me divierte es estar con los amigos y jugar. Por ejemplo, Calle Vitoria. Nosotros nos criamos en un margen de la calle Vitoria, en Gamonal (Burgos), y nos divertía mucho fotografiar toda la calle y que hubiera un cuento de una sola línea de esa distancia.

—¿Sigues leyendo a tus contemporáneos?

"Sigo comprando libros, porque ya es una cuestión de adicción, pero he reducido muchísimo"

—Sí, claro, sobre todo de la biblioteca, porque no me caben más libros en casa. Sigo comprando libros, porque ya es una cuestión de adicción, pero he reducido muchísimo. Y sigo leyendo todos los suplementos. Muchos periódicos los compro el día que sale el suplemento cultural. Lo leo por curiosidad, y me gustan los suplementos culturales. No es que les haga mucho caso, pero me sirven para saber de qué se está hablando.

—¿Series ves?

—Las series no las veo. No tengo ni siquiera suscripción a ninguna plataforma.

Eso sí que es raro.

—Quizá sea que cuando uno se va haciendo un señor mayor quiere seguir siendo adolescente. A mí lo de las series con tantísimas temporadas y capítulos me da pereza y me parece como una obligación. Y yo lo que quiero es vivir ajeno a cualquier obligación. Y al cine me gusta ir, y que algo tenga unidad, que yo llegue, me siente, y hora y media o tres horas después eso se haya acabado. Pero estar atado a una serie, hay algo en mi personalidad que me impide aficionarme.

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Pepehillo
Pepehillo
26 ddís hace

Ya te digo. Hay miles de ilusos que creen encontrar la paz cerrando los ojos y haciendo posturas raras o buscando extraterrestres en cualquier descubrimiento chorra, pero son incapaces de pasar ante la perfección de una flor sin cuestionarse nada. Los paganos, incluso los más primitivos, tenían menos telarañas en la cabeza que la gran tribu tonto-urbanita-barbita-gafapastas-bolso-en-banda-ateo-practicante. Observaban a su alrededor y se daban cuenta que la complejidad y perfección de la Naturaleza tenía un origen, era obra de una inteligencia superior. Llegaron hasta donde llegaron, sabían que había Dios (aunque fuera en forma de mito politeísta), pero no fueron tan ilusos (es el caso de los epicúreos) de creer que podían conocerlo sin Revelación. Por cierto, los católicos no estamos saliendo del armario. Los que han salido son los que estaban pero no eran, porque ser católico consecuente, hoy en día, trae bastantes más problemas que ventajas. Cuando quieran, se lo explico.