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Paolo Sorrentino: el espíritu de Fellini sigue vivo

Paolo Sorrentino: el espíritu de Fellini sigue vivo

Dicen las enciclopedias que el director italiano Federico Fellini falleció en Roma el 31 de octubre de 1993. Nada más lejos de la realidad, por dos motivos. El primero, obviamente, es que su legado cinematográfico será eterno y, por tanto, inmortal. Y el segundo es porque su espíritu se ha reencarnado en otro cineasta que, apenas unos meses después del fallecimiento del maestro romañolo, firmaba, con apenas 24 años, su primer cortometraje, titulado Un paraíso. Su nombre es Paolo Sorrentino; su ciudad natal, Nápoles.

Con sus primeros largometrajes, pronto se pudo apreciar que se trataba de un realizador con un universo propio y muy personal, especialmente en el thriller romántico Las consecuencias del amor (Le conseguenze dell’amore, 2004), protagonizado por un peculiar y enamoradizo contable de la mafia, y en la sátira poltíca Il divo (2008), donde desmontaba casi quirúrgicamente la figura del político más importante de Italia durante la segunda mitad del siglo XX, el mefistofélico Giulio Andreotti. En ambas contó con la inestimable colaboración del excelso intérprete Toni Servillo, paisano de la Campania y actor que le ha acompañado a lo largo de toda su filmografía, hasta el día de hoy.

"Ambientada en una Roma deprimente y muy alejada de las postales turísticas, la película denuncia, desde la perspectiva de un escritor sumido en el más profundo y desencantado nihilismo, la decadencia y la hipocresía de la alta burguesía"

Probablemente, y perdón si me pongo un poco místico, gracias a estas dos extraordinarias películas fue que el citado espíritu de Fellini «decidió» que Sorrentino y no otro debía ser su nuevo “alojamiento”. Dicho y hecho, el napolitano sacó adelante La gran belleza (La grande bellezza, 2013), que se convirtió en una de las sensaciones mundiales del año y hasta ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera —como, por cierto, Fellini había hecho en cuatro ocasiones, con La strada (1957), Las noches de Cabiria (Le notti di Cabiria, 1958), Fellini 8 y 1/2 (1964) y Amarcord (1974).

Ambientada en una Roma deprimente y muy alejada de las postales turísticas, la película denuncia, desde la perspectiva de un escritor sumido en el más profundo y desencantado nihilismo, la decadencia y la hipocresía de la alta burguesía, en un relato trufado de numerosas escenas oníricas. Como por arte de magia, tres clásicos de Fellini, La dolce vita (1960), Julieta de los espíritus (Giulietta degli spiriti, 1965) y Roma (1972) se habían condensado en un solo filme. ¡Y qué filme!

"Cualquiera que haya visto Fellini 8 y 1/2 es capaz de afirmar, sin temor a equivocarse, que La juventud es un más que evidente trasunto de la misma, actualizado al siglo XXI"

El incontestable éxito de crítica y público de La gran belleza le abrió de par en par a Sorrentino las puertas del mercado internacional y, así, para su siguiente proyecto, La juventud, rodado en inglés, dispuso de un reparto estelar conformado por Michael Caine, Harvey Keitel, Rachel Weisz, Paul Dano y Jane Fonda. La acción se desarrolla en un balneario alpino, donde un director de orquesta y un director de cine comparten retiro espiritual y padecen sendas crisis creativas que intentan superar a través de sus relaciones con diversos personajes… incluida una sobrehumana Miss Universo de origen rumano que está a punto de devolverles la alegría de vivir. Cualquiera que haya visto Fellini 8 y 1/2 es capaz de afirmar, sin temor a equivocarse, que La juventud es un más que evidente trasunto de la misma, actualizado al siglo XXI.

Seis años han transcurrido desde entonces. Seis años en los que el espíritu de Fellini le ha dado un respiro a Sorrentino que el director napolitano ha aprovechado para despachar las series de televisión The Young Pope y The New Pope, que diseccionan los entresijos del Vaticano, y, sobre todo, para despacharse a gusto con Silvio Berlusconi, la otra figura clave, junto a Andreotti, de la política italiana de los últimos 75 años, en Silvio (y los otros) (Loro, 2018). Pero en 2021 ha regresado con fuerza para dar forma a Fue la mano de Dios (Fu la mano di Dio), la gran favorita para triunfar el próximo 11 de diciembre en los premios del Cine Europeo, donde es candidata a Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Guion.

"Y todo, claro, contado con un tono que oscila permanentemente de la comedia al drama y en el que los claros y los oscuros se funden para dar vida a la infinita gama de grises que compone la paleta de colores de la vida misma"

Fue la mano de Dios es, literalmente, el Amarcord de Sorrentino. Con la figura de Diego Armando Maradona como telón de fondo (y su gol en el Mundial de México a Inglaterra, marcado, según él mismo confesó, “con la mano de Dios”) y la convulsión que provocó en el Nápoles ochentero su fichaje por el equipo de fútbol de la ciudad, Sorrentino recuerda su adolescencia, sus relaciones familiares, la convulsa situación económica y social de la capital partenopea, sus encuentros con todo tipo de personajes estrambóticos que le influyeron para bien y para mal, una terrible tragedia familiar y su decisión inquebrantable de convertirse en director de cine. Por no faltar, no falta ni siquiera una escena de iniciación sexual tan sórdida o más que la mítica de la estanquera pechugona. Y todo, claro, contado con un tono que oscila permanentemente de la comedia al drama y en el que los claros y los oscuros se funden para dar vida a la infinita gama de grises que compone la paleta de colores de la vida misma. Exactamente igual que ocurría durante el fascismo en el pueblecito de Emilia Romaña que el gran Federico evocaba en su predecesora. Tanto aquélla como ésta, obras maestras incontestables.

Larga vida a Paolo Sorrentino: mientras él siga haciendo cine, Federico Fellini no morirá.

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