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Pedro Ugarte: “La literatura es una forma de arte y, por ello, es inútil por definición”

Pedro Ugarte: “La literatura es una forma de arte y, por ello, es inútil por definición”

Aunque Pedro Ugarte apunte que la literatura, como forma de arte que es, es “inútil por definición”, resulta extraño no dudar de sus palabras ya que, casi acto seguido, parece retractarse cuando aclara que se le hace muy difícil concebir la vida sin este “asidero”. Un pulso, eterno por definición en el mundo del arte, que aparece perfectamente reflejado en su último libro: Lecturas pendientes (Ediciones Nobel).

En él, el escritor bilbaíno se presenta a sí mismo desbordado de verdad a través de una obra a caballo entre un libro-diario y un conjunto de microrrelatos. Reflexiones, opiniones, ideas con cierta carga irónica que hablan directamente al lector del mundo literario, de curiosidades varias, de la familia, de la amistad… En definitiva, fogonazos de inteligencia perfectamente sustentados que edifican, de refilón, la vida.

—¿Cómo definiría Lecturas pendientes?

—Bueno, yo diría que es un libro-diario, pero un libro-diario no formal o no canónico. Un libro-diario en teoría está convenientemente fechado y tiene una frecuencia de apuntes bastante numerosa y, en este caso, no es así. Hay algunas referencias, que quizá se pueden situar en el tiempo por algunas alusiones.

—El libro está plagado de referencias literarias. ¿A qué conclusión llega sobre la literatura, tras ahondar tanto en ella?

"La literatura es una forma de arte, un ejercicio estético y, por ello, es inútil por definición"

—Sí. El libro está encabezado por una cita de un autor ruso que me gusta mucho y que dice:  “Lástima que la literatura no tenga ningún fin”. La literatura es una forma de arte, un ejercicio estético y, por ello, es inútil por definición. Puede a un lector proporcionarle cierta satisfacción o alegría o tristeza, pero ante el mundo objetivo el arte es inútil. Y la literatura también. Debo decir que no me parece mal porque, aunque hay cierta melancolía por esa constatación, también es cierto que a lo largo de la historia, cada vez que la literatura ha intentado ser útil, lo único que ha conseguido es respaldar con palabras la acción de cualquier tirano. Por ello creo que es bastante mejor que sea inútil y que se reduzca a crear un diálogo con nosotros mismos y con el autor.

—La tacha de inútil a lo largo de la obra, pero aun así le dedica palabras muy bonitas.

—Sí. No sé si en el libro hay alguna a lo que es la vocación, pero lo cierto es que la literatura está unida a mi vida; como escritor, pero también como lector. Es algo que me ha acompañado siempre y la verdad es que se me hace muy difícil concebir mi vida sin ese asidero. Igual es un asidero que no desencadena efectos prácticos, pero que puede sostener tu vida desde otro punto de vista.

—También me llama la atención que critica todo lo que se relaciona con el mundo de los escritores. Por ejemplo, “ataca” a aquellos que escriben un artículo contra el mercado, pero que luego funcionan como su propio marketing.

—Sí. Yo creo que muchas veces hay unas contradicciones flagrantes entre el pensamiento político del escritor y su conducta cotidiana. Pero aparte de eso, sí es cierto que hay muchos comentarios sobre el mundo editorial, ya que al principio concebí el libro como un artilugio estrictamente literario, como una forma de hacer observaciones sobre los tres verbos que suele conjugar un escritor: leer, escribir y publicar. Entonces, evidentemente, el libro está plagado de reflexiones sobre estos tres verbos. Igual las más morbosas son las que se refieren al hecho de publicar y al mundo editorial.

—Dice que en un comienzo el libro iba a girar sobre estos tres verbos, pero me parece que el tema principal, de lo que trata, es de la vida.

"Cuando ya decidí que se podría hacer un libro con todas las reflexiones que había escrito, me di cuenta de que la vida personal empezaba a asomar"

—La primera idea del libro fue que tratara sólo eso. Es más, tanto en el título como en el subtítulo la mantengo. Pero cuando ya decidí que se podría hacer un libro con todas las reflexiones que había escrito, me di cuenta de que la vida personal empezaba a asomar. Y la vida personal no es más que la familia, los amigos, las frustraciones, las alegrías… En definitiva, observaciones que ya no tienen tanto que ver con la literatura como con la vida en sí misma. Todo esto fue saliendo poco a poco, pero yo creo que las experiencias personales se podrían remitir también a una referencia literaria; incluso en toda esa parte, la literatura sigue estando presente. De mi vida al final, saco el libro.

—“Qué mala es la vida, como creador de contenido para la literatura”, cita en el libro.

—[Risas]. Sí, la vida es un mal guion, una muy mala novela. Estoy seguro de que cuando se dice que se hace autobiografía o autoficción, no deja de haber estilización literaria porque la vida es muy mala guionista. Para cosas alegres o satisfactorias también, pero especialmente para las desgracias. En la vida de cualquiera de nosotros, en nuestro entorno, pueden aparecer varias enfermedades sucesivas y eso, en una película, no se sostendría. La vida es una mala novela.

—Todas estas minihistorias podrían funcionar también como minicuentos: tienen su moraleja, guardan una segunda lectura…

—El otro día me dijeron que podrían ser considerados microrrelatos. Es posible. En ellos también hay elaboración literaria; la forma de presentarlas aspira a que interese más al lector de lo que sería un mero comentario de bar.

—Esta respuesta cerraría el círculo de que la vida y la literatura son dos asuntos inseparables.

—Efectivamente. No lo había pensado de esa manera, pero me parece correcto. Ahora que lo comentas lo veo claro. Hay una interacción ahí. En este caso, aun contando cosas que tienen que ver con la vida, hay elaboración literaria a la hora de trasladarlas al lector. Se puede interpretar el libro desde esa clave.

—¿Qué lecturas pendientes nos dejamos?

"Hay que tener el olfato suficiente para leer lo que merezca la pena y orillar aquellas que van a ser una pérdida de tiempo"

—Muchas. Estoy seguro de que nos vamos a ir con muchas. Antes seguro, pero ahora que el cuerpo patrimonial de la literatura va aumentando, nos vamos dejando más. Pero no creo que haya que desanimarse, sino que hay que tener el olfato suficiente para leer lo que merezca la pena y orillar aquellas que van a ser una pérdida de tiempo. Mantener bien asentado ese criterio nos ayudará a que, aunque dejemos muchas lecturas pendientes, sí hayamos llevado a cabo otras muchas valiosas.

—Como dice en el último microrrelato, “seguir resucitando libros”.

—El libro sólo existe cuando alguien lo lee. Cuando no está siendo usado es un objeto inerte, un conjunto de hojas. Cuando alguien lo lee no sólo toma vida, sino que se transforma en una onda: a medida que vas leyendo una frase te vas desvinculando de la anterior y asomando a la siguiente. La lectura permite que un libro resucite incontables veces. Y eso es maravilloso en sí mismo.

—Pues sigamos resucitando libros.

—Sigamos.

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