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El boxeador boxeado

Hace poco oí decir a alguien importante, en plan meapilas, que la violencia es mala bajo cualquiera de sus formas. Y me eché a reír, melancólico, porque eso me recordó un episodio de mi juventud. Éramos jovencitos, allá cuando lo éramos: finales de los años sesenta. A los diecisiete o dieciocho años, para quienes teníamos la suerte de estar en el lado cómodo de la vida, ésta era deliciosamente simple: prepararse para el Preu, salir con los amigos, primeras aproximaciones serias a las chicas. Esto último planteaba dificultades tácticas, pues todavía coleaba una rancia mojigatería social y no era fácil, ni para nosotros ni para ellas, trabajarse el paño. Ayudaban mucho los guateques en casa de los amigos, las últimas filas de los cines, los sectores menos iluminados de las discotecas, la música lenta y tal. A cualquier joven de hoy le asombrarían las dificultades de entonces y el ingenio, o la audacia, necesarios para solventarlas. Pero, bueno. Solíamos desenvolvernos bien. Y qué quieren que les diga. En algunos aspectos, peor lo tienen ahora.

En Cartagena, que era mi ciudad, un lugar idóneo para los primeros besos y abrazos, mutuo entrenamiento previo antes de pasar a mayores, era la Muralla del Mar: lugar bellísimo al que la ciudad, inexplicablemente, volvía la espalda. No había ni un bar, ni un café, nada de nada. Sólo un bonito parque con bancos de piedra y una vista espléndida del puerto, sobre todo de noche, con las luces roja y verde de los faros de San Pedro y Navidad parpadeando lejos. El lugar, como digo, era perfecto para pasear de la mano con esa chica o chico a los que, sin la menor duda, ibas a amar durante el resto de tu vida, e incluso más allá. Rincones discretos, ya saben. Bancos para intercambiar susurros, promesas y caricias. Etcétera.

Como todos los paraísos, la Muralla tenía serpientes. Una era un sujeto de unos treinta años, de mala catadura. Me parece verlo: pelo rizado, rostro moreno, nariz aplastada. Un mal bicho que solía deambular por allí en plan mirón, observando a las parejas y provocando a los chicos. Era boxeador, entrenaba en un gimnasio de la ciudad y disfrutaba creando situaciones en las que siempre acababa utilizando sus conocimientos pugilísticos para dar una paliza a quien osaba enfrentársele. Era un verdadero miserable, fichado por la policía, pero que solía actuar con toda impunidad. Más tarde supe que tal desahogo se debía a que prestaba servicios de chota, de confidente, y eso le daba ciertas garantías.

Una noche me tocó a mí. Estaba sentado en un banco con la cabeza de una amiga apoyada en el hombro, cuando aquel fulano vino a sentarse junto a nosotros. Yo tenía diecisiete años, conocía el percal y supe desde el principio que no tenía ninguna posibilidad. Por otra parte, abandonar el campo laceraba mi orgullo. Así que decidí aguantar un poco para salvar la honra. Mientras tanto, el otro encendió un cigarrillo y empezó a soplarme el humo en la cara. Sostuve aquello como pude hasta que la situación se hizo imposible. Entonces cogí de la mano a mi amiga y nos fuimos de allí. Nunca olvidaré las palabras de ella: «Vaya sangre fría tienes», ni mi respuesta: «¿Sangre fría? Lo que estoy es acojonado»… Supongo que si vive todavía y lee esto, ella sonreirá al recordarlo.

Eran otros tiempos, como digo. A mí se me caía la cara de vergüenza y ansiaba reparación. Enterado de que por vía policial no había nada que hacer con aquel canalla, lo comenté con mis amigos: Julio, Joaquín y alguno más. Así que decidimos arreglarlo nosotros mismos, a nuestra manera. Juanico el Espía para Misiones Arduas y Difíciles se ofreció voluntario para hacer de cebo con Toti, su chica de entonces, y la noche de autos ocupó con ella un banco de la Muralla hasta que, inevitablemente, apareció el boxeador macarra e hizo lo mismo que había hecho conmigo: sentarse junto a ellos y provocar a Juanico. Entonces salimos cinco amigos de los arbustos cercanos, donde habíamos estado escondidos, y le dimos al boxeador chungo una mano de hostias como no se la habían dado nunca en ningún ring. Le calzamos estiba hasta que nos dolieron las manos. También es verdad que el tipo se defendió razonablemente: Juanico se llevó una patada en los huevos y yo encajé un derechazo que me tuvo dos días viendo lucecitas de colores. Pero se las dimos bien, al hijo de la gran puta. Vaya si se las dimos, hasta quedarnos a gusto. Durante una temporada todos evitamos frecuentar la muralla, por si acaso, pero no volvimos a ver al fulano. Más tarde me contaron que lo metieron en la cárcel por no sé qué, y que alguien le había dado allí un navajazo. Nunca supe nada más de él, aunque espero que lleve muchos años pudriéndose en los infiernos.

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Publicado el 28 de julio de 2023 en XL Semanal.

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41 Comentarios
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Javier
Javier
10 meses hace

Totalmente de acuerdo en lo de la violencia.. A mí me pasó en la mili. Una noche un veterano me tiró de la litera y yo le solté un revés. No volvió a molestarme y cuando se licenció vino a despedirse de mí. El ser humano solo entiende el palo.

basurillas
basurillas
10 meses hace

Cuando el enemigo, la bestia, está del lado eqivocado de la ley pero dentro de la ley, lo mejor es arreglar el tema de esta forma, pues la violencia parece la única salida digna. O eso o la huida. La violencia así empleada es casi un servicio público y además gratis para los contribuyentes.
En esta época de drones, grabaciones callejeras autorizadas por la Agencia de Protección de Datos y teléfonos móviles con cámaras indiscretas, la cosa se pone más dificil, pero la motivación es la misma: obtener la reparación de un agravio que es prácticamente imposible de resolver por los cauces normales; aunque ahora saldrán los meapilas habituales que cita don Arturo llevándose las manos a la cabeza y despotricando de la venganza, de la ley del talión y hasta de la inconcebible y perpetua condenación del karma. Pero es algo intrínsecamente unido, al parecer, a la humanidad y donde lo raro es precisamente el perdón, poner la otra mejilla y lo de aguantar estoicamente los sopapos del prójimo. Estamos aún muy lejos de las enseñanzas de Jesús de Nazaret. Y así nos va.

Ricarrob
Ricarrob
10 meses hace
Responder a  basurillas

Meapilas. Calificativo perfecto. También llamados buenistas, jilitontos o simplemente imbéciles.

Fran López
Fran López
10 meses hace

Como dicen los chinos: «Paciencia ultrajada, de locos conservarla».
Hay veces en que inevitablemente hay que usar la violencia, por más que uno no quiera.
Grande como siempre Maestro.

Patro
Patro
10 meses hace

Le pegaron un sinfín de ostias, pero no le mataron a patadas com hacen algunos ahora por menos.
Ahora me doy cuenta de que éramos mejores personas.

ToniB
ToniB
10 meses hace
Responder a  Patro

…esa misma observación la he comentado varias veces en charlas, lo de patear y pisotear una persona ya indefensa, no lo había visto nunca hasta estos últimos años…. deshumanizados no, lo siguiente….

Manuel Maria Villalon-Daoiz Benitez
Manuel Maria Villalon-Daoiz Benitez
10 meses hace

Bueno, la historia no está mal, pero siempre me ha parecido una cobardia actuar de esa forma, varios contra uno, aunque el tío fuera un canalla.

Juan Antonio
Juan Antonio
10 meses hace

No entiendes nada. Lee de nuevo , lo vale. Tal vez recapacites.

Manuel Maria Villalon-Daoiz
Manuel Maria Villalon-Daoiz
5 meses hace
Responder a  Juan Antonio

Las tres únicas veces que no he tenido mas remedio que liarme a guantazos, con tíos mas grandes que yo, lo hice de frente y sin ayuda aun aviándola podido tener a mano en algún caso, será que soy muy torpe y no se leer entre líneas, usted disculpe.

Canopeli
Canopeli
10 meses hace

Para los meapilas «de izquierdas» se salva la violencia «revolucionaria», excepto para uno que prefería que le matasen a tener que matar.

Canopeli
Canopeli
10 meses hace

Para los meapilas «de izquierdas» la violencia es mala bajo cualquiera de sus formas, excepto la «revolucionaria». Menos para uno, que prefería que le matasen a tener que matar.

Pepe Cuervo
Pepe Cuervo
10 meses hace

La violencia no es el camino, pero una buena ostia te pone a caminar. (Chuck Norris, o alguno de su gremio).

Rafa
Rafa
10 meses hace

Joder Arturo, hasta yo me he quedado satisfecho viendo cómo le sacudíais! Es así, hay un momento en que, si no se rectifica el asunto, es tarde y este tipo de gente, necesita encontrarse de vez en cuando con alguien que le parta la cara.

Andarin
Andarin
10 meses hace

No lo veo D. Arturo, tal vez porque yo soy un reconocido cobarde. La violencia engendra más violencia y cuando se ejerce, aunque sea con razón, hay que estar dispuesto a llegar hasta muy lejos o mejor no empezar, porque hay mucho psicópata suelto que está deseando tener la oportunidad de ejercer. ¿Y si el fulano, herido en sus carnes y en su orgullo, le hubiese reconocido por la calle, Cartagena es una ciudad pequeña, hubiera decidido vengarse y le hubiera propinado una somanta de ostias, o más?. ¿Qué habría hecho después usted, subir la apuesta?. A mí la valentía nunca me ha compensado.
Saludos y muchas gracias por sus artículos.

jose Ignacio Mata
jose Ignacio Mata
10 meses hace
Responder a  Andarin

Puede ser, pero por principio todos los que comienzan la violencia resultan ser cobardes como gallinas. Cuando devuelves la ostia se acojonan y cambian.

Andarin
Andarin
10 meses hace
Responder a  jose Ignacio Mata

Los hay de esos y también muchos fulanos broncas provocadores por afición que están buscando una excusa para romperle a cualquiera la boca o clavarte la navaja en el hígado. Puedes creer que estás «entablando juego» con un individuo que juega en tu misma liga, con las reglas de la gente común y sin embargo estar delante de un verdadero psicópata (hay muchos, demasiados) que juega diariamente en la Champions. Que igual te está picando a jugar un partidillo uno contra uno un tal Mesi.

Juan Antonio
Juan Antonio
10 meses hace
Responder a  Andarin

Evaluar la situación sin futurología, conjeturas en este caso, total inutilidad.

basurillas
basurillas
10 meses hace
Responder a  Andarin

No me creo, seguro que no, que vaya usted por la calle, vea a un bestia gritar y aporrear a una mujer indefensa que pide auxilio, y se quede usted sin hacer nada y sin correr en su ayuda, aunque el maltratador sea su propio y atlético vecino. De ser así, en su próxima analítica indique al operador sanitario que su sangre está falta de hierro.

Bradock
Bradock
10 meses hace
Responder a  Andarin

Hay un momento, más pronto o más tarde, en el que la violencia sólo se para con violencia.

Carlos
Carlos
10 meses hace

La historia, bien. Pero el placer de leer una buena prosa es insuperable. Pérez-Reverte escribe cada día mejor que el anterior. Y eso ya empieza a ser muy difícil. Gracias.

Julia
Julia
10 meses hace

Jajaja. Sr Pérez Reverte, me ha gustado su descripción de las condiciones para arrullarse en aquellos tiempos.
Y la tunda al provocador olé,olé y olé.
Me hierve la sangre con los abusadores.
Se ha olvidado de una dificultad añadida en los arrullos, la Santa Iglesia Católica, para la que asir de la mano al enamorado era pecado.

Juan
Juan
10 meses hace

Como dice mi hijo, » un huevazo nada arregla, pero vieran cómo ayuda».

Javi
Javi
10 meses hace

Sí ha todos los cretinos se les hiciera eso habría menos imbéciles tocando los cojones ha las personas que no se meten con nadie y solo aspiran a vivir en paz.

Enrique Liñan Calvillo
Enrique Liñan Calvillo
10 meses hace

Que la violencia es mala en cualquiera de sus formas? …hmmm…vender armas es bueno? Defenderse de una agresión es malo? Poner la otra mejilla es lo adecuado?….hmmmm….hay gente que no lo tiene muy claro, otros sí (espero estar entre los segundos).
Un día, Cayo Julio César y su amigo Tito Labieno (que era un par de años mayor que César, allá por el año 91AC más o menos) tuvieron una pelea en la que les dieron la del pulpo por defender el honor de la familia, y más concretamente el honor de Cayo Mario, el zorro de Arpino y tío de César.
Fue Cayo Mario quien intervino y salvó a su sobrino, al que aún no conocía, de recibir una paliza todavía mayor. Cuando Mario se enteró del motivo de la pelea y de que sólo eran su sobrino y su amigo Tito Labieno contra más de una decena de adversarios, Mario le dijo a César que era un estúpido. Un valiente sí, pero más aún un estúpido. «Si alguna vez entras en batalla asegúrate de poder vencer, por que si no, lo que harás será una estupidez, pondrás en peligro tu vida y la de los que te acompañen». Eso ocurrió siendo Cayo Julio César un niño y Cayo Mario era el Primer Hombre de Roma.
César jamás perdió una batalla…y aún hoy 21 siglos después, es un referente en tácticas militares.

Quizás el Sr Reverte sabía ya está historia …y si no, la misma historia le da la razón.

Yo creo que hizo no bien, magníficamente bien con el boxeador boxeado.

Un abrazo

Ricarrob
Ricarrob
10 meses hace

Envidia sana hacia el relato.
Y un aplauso por mi parte
Y una alabanza.

De mi y de todos los que, en ocasiones parecidas, no tuvimos el valor, la decisión, de enfrentarnos. De todos los que no tuvimos cinco amigos de verdad que nos apoyaran. De todos los que sufrimos en alguna ocasión, algún tipo de injusticia, de chulería, de humillación. De todos los que, en ocasiones de este tipo, experimentaron una lógica cobardía paralizante. De todos los que nuestra condición física no da para más.

Admiración. Satisfacción aunque sea en ajeno. ¡Da gusto leerlo!

Poner la otra mejilla. La justicia no es de este mundo. La violencia no se justifica nunca. Parecen sentencias diseñadas por maltratadores y abusadores para tener materia prima abundante. Sentencias que no son posibles en un mundo de maltratadores, abusadores y chuloputas. Jesús dijo que había que poner la otra mejilla; pero no dijo más; no está escrito qué hacer cuando ya has puesto las dos y las tienes en carne viva. Quizás en su agresiva reacción con los cambistas en el templo, esté la solución. Porque, incluso para el Maestro, todo tiene un límite.

Se da a nivel privado y se da a nivel de naciones. Si hubiéramos seguido poniendo mejillas con Hitler, con Musolini, con Tojo, hoy Europa y quizás el mundo serían fascistas. Lo tenemos delante: un Putin-macarra que quiere ir pegando hostias poco a poco, echándonos el humo a la cara y amedrentando, hasta hacerse con toda la tarta. Y la tarta es Europa. ¿Le ponemos la otra mejilla? Según ha dicho hace poco el cura putiniano del Vaticano parece que deberíamos hacerlo.

Por todos los que hemos sufrido algún abuso, alguna vez, gracias don Arturo por su relato.

Saludos.

Emrys
10 meses hace

Que maravilla de artículo, por un momento me olvidé de el hecho de que era un simple artículo, me había inmerso por completo en la historia

jose Ignacio Mata
jose Ignacio Mata
10 meses hace

Bonita anécdota. Solía pasar lo mismo en La Dehesa de la Villa, donde en los atardeceres solíamos ir con la novieta de ese momento a compartir besos y arrumacos. Había enfermos especializados en fisgonear a las parejas. Onanistas que no podían tener un trato normal con las chicas. Cuando percibíamos uno cerca, me agachaba a coger una piedra y se la tiraba con ganas de romperle la cabeza. Solían salir huyendo cobardemente. Hoy, cuando escucho a alguien quejarse de la «represión sexual » de esas épocas, me lo imagino entre esos reprimidos, por feos, de aliento a Celtas cortos y ropa interior flameante por cambiarla solo cada sábado.

Fernando
Fernando
10 meses hace

Me encantó.su anécdota Maestro!!!
Y sobre todo , los amigosde verdad nunca fallan!!
Y vaya si los tuvo a su lado en ese momento!!
Grande como siempre!!

Raoul
Raoul
10 meses hace

Hace años, un amigo mío fue conductor de autobuses urbanos en Madrid. En una ocasión, otro conductor se picó con él, bajó del coche y le pegó un puñetazo a través de la ventanilla abierta. Mi amigo se apeó, el otro le sujetó los brazos y mi amigo le pegó un cabezazo que lo dejó fuera de combate. El otro le puso una denuncia y mi amigo le tuvo que pagar una indemnización de 300 euros. ¿Moraleja? No sabría decir, pero no quiero pensar lo que habría sido de mi amigo si, por ejemplo, el otro la hubiera palmado al caer y golpearse la cabeza con el bordillo de la acera…

Jon
Jon
10 meses hace

Que valientes, entre cinco pamplinas cobardes y rastreros. Aunque el otro fuese otra mierda similar…

Juan Antonio
Juan Antonio
10 meses hace
Responder a  Jon

Sé que es inútil, pero me tomo el trabajo de no responder…

Marcus Oliveira
Marcus Oliveira
10 meses hace

En esta historia de Don Perez-Reverte un resumo de la teoria habessiana sobre el estado de naturaleza: un tipo muy furte suplante a los demás cuando solitos; pero, se ellos se unem y le dan a la cara del el; vida que segue…

Rosa lucas
Rosa lucas
10 meses hace

En la escuela habían unas niñas bastantes diabólica que nos trataban bastante mal a todas en especial ami asta que un buen día le pegué un empujón que cayó de culo y ala amiga la cogí del cuello contra la pared
Y ahí se acabaron todas mis penas con esas criaturitas

Francisco Brun
10 meses hace

Cuántas veces, incluso de grandes, tenemos ganas de destrozar a puñetazos a ciertos personajes que sabemos que son mal nacidos. Yo aquí, por estas tierras argentinas, tengo para hacer dulce con individuos, que en toda su vida no han hecho una sola cosa que merezca ser mencionada.
Pero no podemos, no se debe, no se quiere; pero a esta fuerza de voluntad por hacer lo correcto, la justicia no colabora, y entonces, cuando la justicia no llega a tiempo, se convierte en injusticia.
Cuando pienso en aquellos que aún trabajando en dos empleos son pobres, viven mal, sin esperanza, me pregunto: ¿qué debemos hacer los ciudadanos?.
Pareciera que la democracia no alcanza para lograr que una comunidad pueda vivir con dignidad, y en paz.
Cuando hablamos de violencia, deberíamos preguntarnos de dónde viene realmente, o quién la provoca.
En mi opinión, cuando el contrato social entre un gobierno y sus representados está roto, es decir que el gobernante no puede ni siquiera lograr establecer un mínimo de orden para que las distintas actividades funcionen con normalidad, los ciudadanos se convierten en violentos porque quedan a la intemperie, el Estado no existe, o solo existe para recaudar impuestos, sin brindar absolutamente nada, ni educación, ni salud, ni seguridad, ni el acceso a la vivienda, o a los servicios esenciales.
A este desafortunado sistema, se suma, que estos individuos, con sus sonrisas hipócritas, dicen que las cosas están bien, o no tan mal como parece.
Aquí estamos en vísperas de elecciones, debo decir, que no puedo afirmar el dicho que dice: «que el electorado jamás se equivoca», esto no es tan así, muchos han comprado, el relato que aburre, como decir: que todos nuestros males, son culpa de la derecha, del Fondo Monetario, o de un mandato de solo cuatro años, cuando la decadencia viene de décadas de atar todo con alambre y corromper hasta al cura párroco.
En estas próximas elecciones vamos a votar por un partido político determinado, o por un proyecto de izquierda, de centro, o de derecha; aquí en mi Argentina, vamos a votar los ciudadanos decentes, en contra de una caterva de corruptos e inescrupulosos.
Si continuamos votando mal, el fondo del pozo puede ser mucho más profundo de lo que uno se pueda imaginar. A esto se suma que aunque votemos bien y le quitemos el poder a los delincuentes, estos intentarán desestabilizar al nuevo gobierno con sus violentos de siempre; a esos violentos les digo:
—El hombre y la mujer decente, por el bienestar de sus hijos, puede llegar a ser muchísimo más violento que ustedes, y entonces, el boxeador será boxeado, como bien dice el señor Pérez Reverte.

Cordial saludo

Ricarrob
Ricarrob
10 meses hace
Responder a  Francisco Brun

Efectivamente, sr. Brun, violencia y política están muy unidos. Se promueve la vilencia desde la política. Como cuando se promueven las okupaciones sin respeto a la propiedad privada o se promueven los altercados desestabilizadores y antisistema destrozando bienes que son de todos y pateando a la policía. Y hay gente que vota eso, aquí y allí. Por despecho, por sentirse marginados, por indolencia o por simple maldad y con una latente o expresa agresividad. Y cuando se ven las imágenes de todo ello, también se despierta la indignación y la agresividad de las gentes del común, las que se esfuerzan, las que trabajan, las que pagan impuestos.

Sumamos a eso que, cuando la dirección de un país se convierte un un «marrón» impresionante, inmanejable, hay líderes que cometen errores inexplicables, errores gordos y se difuminan en un antiliderazgo patente, para no ser elegidos, esperando que, en las siguientes, con una situación mucho peor, obtengan su ansiada mayoría absoluta para poder aplicar las recetas neocon, liberalismo extremo que beneficie a los de siempre y que recorte lo social, ya periclitadas. Quizás esto explique las últimas elecciones aquí. Si, sr. Brun, hay quien se presenta a las elecciones para perder. Nadie se explica como alguien que no es estúpido, comete estupideces si no es aposta. Todo excepto equilibrio y centralidad. No digo nada nuevo. Ya ocurrió en 2008 y a partir del 2012.

Y todo esto y muchas cosas más, son caldo de cultivo de inestabilidad social, agresividad, violencia y falta de valores morales.

Saludos.

basurillas
basurillas
10 meses hace
Responder a  Ricarrob

Toda la razón. Igual, a mi juicio, que cuando bastantes piensan que las partes son más importantes que el todo, o que alguna de las partes será mas fuerte que el todo, o que su futuro personal es más importante que todo. Sí, sí, parece algo muy básico y de pergrullo; pero es que entonces, lógicamente, todo se desmorona y sobreviene la decrepitud, la pobreza, la falta de ética, la injusticia y, de regalo, la maldad en el poder y fuera de él.
¿Será ese nuestro porvenir?

Carlos Aguirre Villegas
Carlos Aguirre Villegas
10 meses hace
Responder a  Ricarrob

Mis más sinceros respetos y admiración para don Arturo. Muy buen artículo, que me absorbió leyéndolo con mucho gusto. Así es siempre, semana con semana, leer sus artículos. Pues bien, respondo a éste correo, por la simple y sencilla razón que está dibujando lo que está pasando en mi país, México. Existe un hecho que sucedió hace una semana en la ciudad de San Luis Potosí, en donde una persona, no sé si decirle así o bestia corpulenta, mayor de edad, practicante de artes marciales, que abusando de sus conocimientos de defensa personal y su fuerza física, porque no le pareció que un joven, creo que de 14 años, que estaba laborando por vacaciones en su centro de trabajo Subway, le dijo, que se formara y esperara para que se le atendiera, no le pareció a ese sujeto. Se metió al negocio y lo golpeó en una forma tan salvaje y abusiva, que había personas, pero por miedo, no se metieron. Malo, pero así fue. Estaba una compañera de trabajo del agredido, que por más que se ve en el video, le suplicaba al sujeto, éste no se detenía, seguía dando golpes como energúmeno a diestra y siniestra sobre la fragilidad de ese jovencito. Total, lo dejó tirado, lo llevaron a la clínica y el diagnóstico, fracturada la nariz, el pómulo y con golpes serios en el cerebro. Ya lo dieron de alta al pobre muchacho. Esa golpiza, qué consecuencias le puede traer, no se sabe. Salió en las noticias que el viernes o sábado pasado, detuvieron a esa bestia. Le aplicarán la ley, quién sabe. Cuánto tiempo estará en la cárcel, sepa el carajo. Ojalá, como dice don Arturo, que se pudra en los infiernos, porque esa bestia, es un psicópata. Ya había golpeado a otra persona y si llega a estar nuevamente en la calle, que es lo obvio, nuevamente lo hará y puede ser que matará al que se le enfrente o lo matarán. Ante esto, totalmente de acuerdo lo que expresa el correo que contesto, «la violencia y la política, están muy unidos. Se promueve la violencia desde la política». Aquí en mi país, es el pan nuestro de cada día. Muertes, levantamiento de personas, secuestros, etcétera, día con día y de todo le echan la culpa a las anteriores administraciones gubernamentales. Sí, violencia genera violencia, pero ahí está el pero, hasta dónde aguantar. Saludos.

Paco Velasco
Paco Velasco
10 meses hace

Buenas tardes, Don Arturo. Estoy totalmente de acuerdo en lo tocante a la violencia. Bien solucionado un problema no ocasionará más contratiempos. Aunque eso de varios colegas solo se justificaría por la edad y el adversario. En fin. Pero mi comentario no va por ahí, sino por la alusión a la rancia mojigatería de la ´época y, especialmente, a la Muralla del Mar. Yo, como Ud. soy cartagenero, nací en la calle de San Diego número 20. Pero le antecedí por diez años, En septiembre de 1941. A mis 17 o 20 años no se me hubiera ocurrido ir con una chica de buen nombre a la Muralla el atardecer. Eso era imposible entonces. Ni, aunque parezca una exageración, a dar a esas horas un paseo por la calle Real. Eso quedaba, si todo te venía rodado, con otra clase de chicas, no con las que uno podría vivir el resto de su vida. Parece que diez años son un soplo en el tiempo, pero para la moral de la época parecería un siglo. En fin, no le entretengo, suponiendo que tenga un ratico para leer este comentario. Siga escribiendo. Es un placer y un orgullo poder leerle.

Trulymay
Trulymay
10 meses hace

El odioso macarra de toda la vida, que hemos conocido alguna vez, y que resulta aún más odioso, si el miserable se pasea por las instituciones… Recuerdo al mega cursi Zapatero, hablando de los fulanos de la ETA, como «los violentos», y recuerdo el comentario entre amigos. Si estos hijos de la GP, que asesinan gente como el que se fuma un puro, son «violentos» el que tiene una bronca de tráfico, como le llamamos…??? Hay que ser muy… para pintar las ratas de colores.

Jose
Jose
10 meses hace

Que se joda. Siempre hay alguien más cabrón y fuerte que uno, pero casi siempre acaba tomando de su propia medicina. La letra, con sangre entra; y muchas veces sucede que las heridas de la carne sanan antes que las del espíritu.

Juan Ramón
Juan Ramón
10 meses hace

Episodio dramatizado de la adolescencia. Me parece bien. El tío chungo quizá aprendiese algo, lo dudo. Pero esa caricaturizacion de buenos y malos me parece simplista. Decir que es buenísimo el no a la violencia me parece un error, que disculpo pues Arturo Pérez Reverte no es adalid de ningun tipo de movimiento social. En todo caso, le admiro un poco.