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Miccionando, que es gerundio

Estoy hasta la bisectriz de que en todas las campañas a favor de los abueletes –entre los que, a mis 70 tacos de almanaque, sin duda me cuento– para facilitar su vida en el mundo moderno, o sea, cajeros electrónicos, atención personalizada, viajes del Imserso y otros etcéteras, nadie mencione los urinarios públicos. Me refiero a los de bares, restaurantes, aparcamientos y demás. Cierto es que las señoras, por razones evidentes, lo tienen todavía peor. Pruebe usted si no, caballero, a tener que usar los servicios como ellas, o sea: a hacer pipí entre juegos de contorsionismo en lugares que no siempre son los chorros del oro, encaramadas como pueden con el abrigo en una mano, el bolso en la otra, y allá a su frente, Estambul. Los varones lo tenemos más fácil; aunque, como digo, en los últimos tiempos las cosas se ponen cuesta arriba. Y no sólo para los de edad provecta como el arriba firmante, sino también para los bajitos. Y los niños. Y si me lo permiten los talibanes y talibanas de la lengua y el lenguo, para los enanos.

Vamos a los antecedentes. Yo mido 1,78 –o medía, pues con la edad encoges como la ropa lavada con agua caliente– y nunca tuve problemas a la hora de manipular mi bragueta en lugares así. Llegabas, te ponías en posición de combate ante el recipiente de porcelana adosado a la pared, y en menos de un minuto quedaba todo resuelto. Es cierto que a estas alturas de la edad, con las cosas de la próstata y demás, un pavo de mi quinta, e incluso más joven, debe andarse con cuidado, porque la potencia del chorrito ya no es la que era.

Aquellos tiempos en que al salir del cole competías con los amigos a ver quién alcanzaba más quedan demasiado lejos. Ahora la potencia impulsora se reduce mucho, las últimas gotitas pueden jugar malas pasadas, y si no eres cauto puedes acabar con llamativas humedades en el pantalón. Que, no importa a qué edad, quedan feas. Pero es que, además, a ese molesto inconveniente hay que añadir la altura monstruosa a que algunos sádicos arquitectos, diseñadores cachondos o fontaneros hijos de la gran puta sitúan los urinarios masculinos. Es cierto que las jóvenes generaciones tienen estaturas más elevadas que las precedentes, y para ellos casi no hay problema. Pero, por favor, un poquito de consideración. Los veteranos de las precedentes seguimos vivos todavía. Y coleando.

El caso es que, como en los últimos tiempos y por inevitables razones de edad soy más asiduo visitante de tales lugares, he tenido ocasión de fijarme y acumular fascinantes experiencias. En lo personal, con ponerme de puntillas suelo apañar el asunto, aunque cada vez me lo ponen más arriba y más difícil. Pero les juro por el mingitorio de R. Mutt que en esos lugares he visto arder naves más allá de Orión: fulanos de corta estatura que tras inútiles intentos acaban, resignados, dirigiendo el chorro hacia el suelo bajo el recipiente, incapaces de encestar como es debido; ciudadanos desesperados al comprobar que les salpica en los zapatos; padres abnegados que, sosteniendo al niño en brazos con una mano, intentan con la otra dirigirle el pitorro en la dirección adecuada… Incluso, no hace mucho, vi a un caballero de corta estatura y bien vestido que, tras intentarlo varias veces mientras blasfemaba entre dientes, acabó aliviándose en el cubo de fregar del personal de la limpieza, que estaba cerca. «Que se jodan», dijo al irse, dejando algo confusa la identidad del destinatario.

Pero es que encima de todo eso, y para mayor recochineo, hace tiempo que se eliminan aquellos paneles que, antes, separaban un mingitorio de otro preservando la intimidad y el decoro del actuante. Ya no los ponen, supongo que para ahorrar. Ahora nos colocan sin nada de por medio; de modo que cuando estás en plena operación puedes atisbar de reojo cómo tus compañeros de infortunio, pegados a ti hombro con hombro, hacen virguerías para dirigir el cauce como es debido. La parte positiva es que eso crea complicidades solidarias y hasta lazos afectivos: una vez cumplidos los 60, nada une tanto a dos tíos como intercambiar miradas de comprensión desolada mientras asisten a los esfuerzos de cada cual por situar el asunto a la altura necesaria. Hasta puede ocurrirles lo que a mí, cuando un vecino de epopeya se volvió a mirarme, exclamó: «coño, si es Pérez-Reverte» y extendió la diestra que tenía libre para estrechar la mía. Y, bueno. A ver qué podía yo hacer. Así que allí nos dimos los dos la mano, de puntillas, hermanados en la desdicha.

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Publicado el 2 de julio de 2022 en XL Semanal.

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Basurillas
Basurillas
1 mes hace

Pues ¡ay! señor Reverte, todavía no ha contemplado las últimas atrocidades, cada vez más frecuentes. La primera los aseos unisex, unos pequeños y raquíticos cuchitriles para ambos sexos, con el lógico ahorro de espacio en los establecimientos de hostelería y restauración, y que ni siquiera así los conservan con un mínimo de higiene por el personal del bar de turno. Y la segunda, cuando aún se mantienen aseos diferenciados para mujeres y hombres, la cada vez más frecuente costumbre de las primeras en invadir a lo Gengis Khan el aseo de los caballeros, cuando el suyo propio está ocupado. ¡Tendremos nosotros la culpa de sus tardanzas y dificultades fisiológicas para miccionar de forma rápida!
De lo de la falta pertinaz y rácana, en ambas categorías de aseos, de jabón o de toallitas de papel para secado, o de instalaciones eléctricas de secado de manos por aire que tardan más que si se secaran a soplidos, o con un ruido infernal de ochenta decibélios como poco…de eso hablamos otro día.

Ricarrob
Ricarrob
1 mes hace
Responder a  Basurillas

Higiene. Concepto en desuso. Desde la escuela de Chicago y la llegada, hace mucho, de las subcontrataciones, en las empresas, en las iniversidades, en los hospitales, en lo público en general, la higiene ha desaparecido, está extinguida. La suciedad, la mierda, imperan por doquier en esa negligente situación de limpiar solo «por encima». Con la mierda de las subcontrataciones, la mierda nos ha invadido hasta las orejas. Aunque la limpieza no sea lo único afectado por esta plaga bíblica.

Ana
Ana
1 mes hace
Responder a  Ricarrob

Que

Bixen
1 mes hace

¡Inmejorable, qué más decir, y punto?

Gatorrojo
Gatorrojo
1 mes hace

Qué ingenioso insertar tales citas de La Canción del Pirata y Blade Runner dentro del texto de un tema tan prosaico… y tan desatendido, eso sí.

ricarrob
ricarrob
1 mes hace

Este tema es un indicativo de la decadencia de Occidente porque es un indicativo de nuestros complejos, de nuestra vida artificial de diseño y de nuestros minimalismos posmodernistas. Se podría hacer un estudio sociológico sobre el estado actual de los mingitorios: “Psicopatología del mingitorio actual”, por ejemplo. Y otro de hipo socio-histórico sobre la evolución de estos desde la antigüedad al presente. Quizás solamente de los del mundo contemporáneo: “Historia de los urinarios contemporáneos”, por ejemplo.
Y nostalgia. Nostalgia por aquellos urinarios de mi niñez, aquellos urinarios de pared pero de columna completa, de cuerpo entero, de arriba a abajo, en los que podían miccionar desde el más enorme hasta el más bajito, como diría Mecano en su “Descanso miccional”. Y tenían un soporte de separación para mantener la intimidad y concentrarse solamente en la faena. La sabiduría de los antiguos. Luego han llegado los recortes, la reducción de costos del neoliberalismo salvaje y también el minimalismo de diseño, y han dejado los mingitorios en su mínima expresión. Los hay tan pequeños que parecen poco más que un confeti en la pared. Es un síntoma evidente de involución social y económica. Son tan absurdos y almodovarianos que, efectivamente, no hay forma de contentar a todos los meadores ya que solamente han tenido en cuenta al meador estándar (lo estándar como americanismo globalizado) a no ser que inventen el mingitorio variable en altura para que cada cual pueda colocarlo adecuadamente. Eso sí, controlado digitalmente desde el móvil.
Porque cada cual tiene sus anécdotas al respecto. Las propias son dos. Una, la del director general de una empresa que, siendo muy bajito (en altura y en cerebro), mandó cambiar los baños para adecuar los urinarios a su altura. A partir de ese cambio, casi todo el mundo meando con las rodillas flexionadas. Para los de una edad, el resultado eran agujetas. De película. La segunda anécdota, la del otro directivo que, siendo también bajito (también en cerebro) y como con los urinarios tradicionales, los que he mencionado de columna, que tenían un escalón al que había que subirse para realizar la operación, se podía ver el paisaje por la una ventana alta mientras realizabas la faena, observó que era un motivo de distracción adicional y cambió los urinarios por los confetis de pared. Taylorismo mingitorial, que se dice.
Estas necesidades fisiológicas, las defecantes y las miccionantes, son factor de igualación en la diferenciación social. Y a nivel político, y a estos efectos, se puede decir que tanto las derechas como las izquierdas están metidos en la misma mierda. El día en que los dos partidos principales descubran que les une algo, que les une sustancialmente, que les unen sus necesidades miccionadoras y defecadoras, podrán llegar a acuerdos de gobierno. Sería curioso hacer un estudio de cómo son los baños del congreso de los diputados y ver si no solamente hay baños para mujeres y para hombres sino también para derechas e izquierdas. ¡El pueblo tiene derecho a saber como miccionan y defecan los padres de la patria! Porque si quizás los unos piensan que defecan flores y los otros billetes de 500, si los unos piensan que orinan perfume y los otros Moet-Chandon, habría que hacerles bajar al mundo real y descubrir su igualdad escatológica.

JA Caparrós
JA Caparrós
1 mes hace

Pues me uno al desánimo con que refleja una necesidad común, diaria (varias veces, incluso) y apunto que yo, con cinco años menos y 10 cm de estatura menos, he juramentado en arameo común del siglo XXI, castellano o español, cada día por esos mismos detalles íntimos que nos hacen sonrojar por nuestra reducida genómica celtíbera…o por la muy mala leche de los ya referidos en su artículo…dueños de bares, restaurantes, arquitectos y plomeros de muy baja estofa…Salud y potencia! La que quede y por el tiempo que sea.

Pepe Cuervo
Pepe Cuervo
1 mes hace

Los que hemos hecho la mili tenemos experiencia en ese tipo de combate y nos defendemos bien en esas lides, aparte, como la tengo pequeñita, en cualquier rincón puedo aliviarme sin que nadie me vea las partes pudendas.

Aunque hay que reírse de vez en cuando, lo de mear está complicado hoy en día, sobre todo en bares, en muchos si no consumes no te dejan y salvo en centros comerciales, si te pilla la urgencia en la calle, lo tienes jodido. Se echan de menos los lavabos públicos que duraron has los 80,s.

Norberto
1 mes hace

Pérez Reverte, como Cortázar en Instrucciones para subir una escalera, los grandes escritores hacen de un tema menor una pequeña obra de arte.

Francisco J.Arnal
Francisco J.Arnal
1 mes hace

Somos de la misma quinta y simplemente por ello me permito tutearte, sin dejar por ello ser irrespetuoso.
Se te olvidó comentar que sólo faltaba añadir cuando, ante tanta inconveniencia, accedes a un lavabo sin fechillo y a alguien se le ocurre empujar la puerta del lavabo donde te encuentras intentando acertar con el “chorrillo” (algunos locales pintan una araña en el propio inodoro, para evitar andar con la mopa) y es entonces cuando se produce la conversación más corta entre humanos: El que está dentro dice ¡eh! a lo que responde quien intenta acceder ¡ah!

Jose A
Jose A
1 mes hace

Tuve esa experiencia cuando estuve en el ejército de los Estados Unidos.

Orfi
Orfi
1 mes hace

Don Arturo, ¿sabe usted lo que es el doble vaciado?

Teresa Sanz
1 mes hace

Hacía tiempo que no me reía tanto, siempre he sido su seguidora, pero hay épocas en que tienes que dejar cosas de lado, alguien te necesita…

Luis Guinea Escobar
Luis Guinea Escobar
1 mes hace

La bisectriz es una línea vital en la existencia de cualquier ser humano varón.
Ya en la pubertad nos marca la geografía que en los sucesivos años nos limitará cada vez más nuestra forma de comportarnos. Al principio, en un´ ángulo llano llegamos hasta los noventa grados, teniendo que hacer esfuerzos para rebajarlos a fin de apurar la punteria y atinar en el centro del urinario.
Después, con el tiempo, baja la graduación, hasta lo que puedo contar a mi edad que es un años mayor que la suya. Ahí es donde empiezan los problemas, o se confirman.
¿Cómo encontrar una solución a semejante conflicto?
Confieso que he pensado, en mi soledad, muchas veces en ella. Horas y horas, dias y dias, sema…. En fin.
Un día se me apareció Nuestra Señora y me inspiró.
Ah!, me dije, he aquí algo útil y barato. Ladrillos. Dos. Uno para cada pie. Faltaba algún complemento. Ya está. Cuerdas. Dos. Una para cada ladrillo.
Y la guinda. Una mochila en la que meter los artilugios.
Entusiasmado, partí hacia un bar cercano y pues en marcha el añorado invento. Colocada la alfarería bajo cada uno de mis pies y convenientemente atados cada uno de ellos, mis 1,78 metros de altura, si yo también, volaron por encima de la baja cerámica y todo cayó donde debía caer. Que ilusión más grande.
Después de la heroicidad, todo fue guardado con sencillez y rapidez, excepto que un compañero con apretón penetro en el recinto y mirándome con recelo movió la cabeza horizontalmente de forma repetitiva. No se lo tomé en cuenta, porque era joven y no comprendía la coyuntura, pero salí tan contento del bar que hasta se me olvidó pedir consumición alguna.
Otro día me encontraba en el parque del Oeste, en Madrid y no llevaba los artilugios por olvido. Y me entró la indisposición. Ni corto ni perezoso me arrimé a un abeto disimulado entre unos matorrales y me despojé de toda la carga con la mayor felicidad que una persona puede sentir en el mundo.

Danae Brugiati
Danae Brugiati
1 mes hace

Le adoro señor Reverte por muchas razones. Aquí van dos:
1. Su uso ingenioso del idioma.
2. A mis 80 años, me hace usted reir a carcajadas. Hazaña doble porque soy una mujer.
Espero por mucho tiempo siga yo disfrutando de sus creaciones y usted proporcionándonos las. Además de sus artículos, he leído tres de sus novelas. A Panamá no nos llegan muchas y no me gusta leer en otro dispositivo que no sea un libro físico. Abur.

Francisco Brun
1 mes hace

Señor Arturo usted me ha hecho reír con ganas, es increíble como por miles de motivos podemos atravesar situación desagradables que al final son solo tonterías, que nos permiten reírnos de nuestra condición de humanos; en donde, el petiso sufre, y el alto se asombra, pero en definitiva, solo somos personas que siempre debemos enfrentar queramos o no, el espacio público y sus instalaciones, muchas realizadas como para una película cómica… o de terror.
Pero por otro lado, cabe señalar, en mi opinión, que los espacios públicos en las grandes ciudades, están realizados solo para gente joven, dejando a la intemperie y a su suerte a los mayores. Es algo así como suponer que siempre seremos jóvenes, sería fenomenal, pero lamentablemente el paso del tiempo, es inexorable y la disminución de habilidades con los años, reduce el disfrute del espacio público; como siempre en la vida a unos más y a otros menos, pero las consecuencias del paso del tiempo ocurren a pesar nuestro.
Como ejemplo digo que en mi Argentina existe en la Ciudad de Buenos Aires una avenida inmensa llamada 9 de Julio, que cruzarla para un joven de treinta años que práctica, tenis, fútbol y básquet es solo un pasatiempo, pero para los que no somos tan deportistas y superamos los 67 años, este cruce a pie, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte, ni les digo si tenemos que realizar esta hazaña en una silla de ruedas…un suicidio inexorable.
Desde otro punto de vista, cuando los mayores desean pasar por jóvenes, esto se nota, y entonces: vemos pasar a un auto último modelo, descapotado, cuyo conductor es un buen hombre de boina, bufanda y pelo canoso, (acompañado por una joven muchacha que para nuestra tranquilidad, suponemos que es su hija) no digo que esté mal y el señor no merezca esa dicha, pero la verdad no concuerda, es como decir que te gusta comer tomates con dulce de leche, o un postre de banana con cebolla.
Por último, y entrando en el mundo de lo ridículo o gracioso, menciono a los tatuajes, para los jóvenes está moda es admirable por los coloridos motivos de todo tipo que cubre gran parte de su cuerpo; pero me temo que no se imaginan con esos mismos motivos cuando cumplan las ocho décadas… puede llegar a ser un golpe visual como mínimo desafortunado.
En fin, cada cual con su gusto, alguien dijo alguna vez: —Solo se trata de vivir.

Ricarrob
Ricarrob
1 mes hace
Responder a  Francisco Brun

Lleva usted eazón. Me imagino al sr. Ramos, con 80 tacos, si es que llega, con las carnes flácidas con la piel arrugada con la inevitable decadencia de la edad. Observar su cuerpo será todo un espectáculo grotesco subrealista (aunque quizás lo sea ya), una mala pesadilla distópica .

Ruben Lenger
Ruben Lenger
1 mes hace

Ocurre que el chorro de orina no es tan uniforme como parece. Al salir del meato se desprenden microgotas que pueden llegar hasta a un metro o mas de distancia (depende del ambiente). Cuando no hay paneles separando los mingitorios estas gotas pueden llegar del meador que a tu lado y obsequiarte algun microbio desconocido a tu cuerpo. Estas microgotas son las que suelen depositarse en las paredes, en el suelo, los zapatos y la ropa del que ahí esta parado. Como consecuencia al poco tiempo aparece ese olorcito típico a estos lugares. Por eso es que lo mejor sería reubicar los paneles y realizar limpieza diaria del lugar con jabon y manguera.

Ricarrob
Ricarrob
1 mes hace
Responder a  Ruben Lenger

Estoy de acuerdo pero me tepo que eso es una utopía irrealizable el la actual sociedad.

Adriana Cabrera
Adriana Cabrera
1 mes hace

Me uno al grupo,con lágrimas por leer la epopeya

Adriana Cabrera
Adriana Cabrera
1 mes hace

Qué gracioso y genial,Don Arturo.En esta fría tarde del Uruguay las lágrimas por la risa me han levantado el ánimo.Realmente me imagino la heroica epopeya del baño para caballeros y no dejo de reír…una ventaja de género,cómo dicen ahora.Por ahora las damas continuamos en cubículos separados.Pero a la hora de uso de los espejos,bueno,esa es nuestra epopeya plena de codazos y disculpe que estoy apurada.No cambie nunca de escribir,es un placer recibir noticias.Espero el libro de octubre con expectativa y seguridad de una estupenda lectura de primavera.

pedro
pedro
1 mes hace

el oreo terrazo de las aguas
precipita las vistas del verde ausente
o la vuelta a una vista prolongada
barra de bar bar a bar,
acerado que ve su sombra
puerta de casa sentados
tocando guitarra
y el flamenco ,casi ser miedoso
siendo de visita
preferible no encontrar
las aguas apelmazan al gañan
que sin presupuesto
le adelgazan la sazón

a maneras del dia
bien vale un jardin sin tono
paseo acompañado
reuniones de cuatro por
ocasionales de ritmo
si andamos faltos
de comprensión y fuerza
volveremos a ser Reunión

Priego por el apósito

Raúl Pablo
Raúl Pablo
1 mes hace

Tan divertido, pero tan real que merece un aplauso. Ah, pero no puedo en este momento estoy en plena tarea miccional

Susan
Susan
1 mes hace

Very amusing

Paco
Paco
1 mes hace

Don Arturo: le admiro y envidio por sus extraordinarias facultades para utilizar lápiz, boli, ordenador o cualquier otra herramienta para asentar ideas. Siempre con acierto y humor. Quizás por eso he deseado siempre, sin ningún éxito, superarle en algo. Pero ya (¡Eureka!) lo encontré: como viajero, estimado Don Arturo, he dado once vueltas más al sol.
Quizás por lo antes expuesto me atrevo a añadir a su texto una vivencia inolvidable: el disfrute, cuando niño, de utilizar un mingitorio de canal en la pared. En él se colocaban unas bolitas (canicas o metras, como quiera llamarles) que hacíamos correr con el impulso de nuestras fuentes hidráulicas. ¡Qué gozada!

Alpispa
Alpispa
22 ddís hace

Y ¿por qué, sitienen tanta dificultad, no van al WC y mean tranquilamente sentados? ¿les quita puntos de hombría, acaso?