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El periodista barcelonés y la novela de Abadía Retuerta

Abadía Retuerta.

Vista de la Sacristía desde la Iglesia.El hotel Abadía Retuerta, junto a Sardón de Duero, es un lugar digno de verse. Está ubicado en un monasterio del siglo XII impulsado por Doña Mayor, hija del conde Ansúrez, fundador de Valladolid, y que ocuparon los monjes premonstratenses. Hoy propiedad de la multinacional suiza Novartis, se halla en el centro de una finca de 700 hectáreas consagrada a la producción vitícola. El edificio, declarado Bien de Interés Cultural en 1931, fue restaurado en 2008 por el arquitecto italiano Marco Serra y convertido en hotel de cinco estrellas, Abadía Retuerta Le Domaine.

Fui a visitarlo con motivo de la presentación de la novela de mi amigo Arturo San Agustín Antes de quitarnos las máscaras, que publica editorial Comanegra y cuya acción transcurre en los amplios y hermosos espacios del establecimiento. Degusté los platos del chef Marc Segarra en el restaurante Refectorio y me moví en bicicleta por el Jardín Museo con esculturas de Rückriem, que se despliega junto al edificio principal. Me llevaron a recorrer en jeep los viñedos y di una vuelta por las bodegas high-tech; así  pude comprobar que la ambientación de la novela de Arturo no fallaba. Lo que sigue, algo reelaborado, es lo que dije en la presentación del libro, celebrada en el palacio Pimentel de Valladolid.

Arturo San Agustín, de la publicidad a los diarios

Arturo San AgustínArturo San Agustín (Barcelona, 1949) es uno de los grandes periodistas literarios de la España actual. Sin duda. Entiendo por periodistas literarios aquellos informadores que se acercan a la realidad y la relatan con originalidad, vocación de estilo y permanencia. Con la aspiración de que sus textos queden como obras de cultura.

Pero no empezó como periodista, sino como publicitario.

Siendo yo apenas un chaval, y cuando arrancaba mi vida profesional, tuve el honor de suceder a Arturo en su butaca de Grupo de Diseño. Se acababan los años setenta, yo había finalizado la carrera de Historia y un viejo conocido del veraneo, Miguel Giménez Salinas, director de la agencia, me lo propuso. San Agustín había ganado un montón de premios por su trabajo como publicitario (mi padre, también del oficio, siempre decía que esta, y no la de publicista, era la denominación correcta), y constituía una figura legendaria dentro de la profesión. Pero se iba a otra empresa.

Así que yo, que estaba verde como la lechuga en este terreno, y en todo lo relacionado con el mundo laboral, y en la vida, ocupé su despacho. No a todos los efectos. Porque mientras mi antecesor  había sido en Grupo de Diseño todo un gran director creativo, yo era un simple copywriter, es decir, el machaca que redactaba los textos base. Hecho un pequeño Mad Man, disfruté del estatus durante unos meses, antes de decidir, con buen criterio, que la publicidad no era lo mío. Luego supe que Arturo había hecho lo mismo: abandonar la profesión para dedicarse a escribir, principalmente en periódicos.

A San Agustín me lo he ido encontrando luego por el mundo, y aunque conoce más gente importante, y desde luego mucho mejores restaurantes que yo, nos hemos llevado siempre bien pese a ser competencia (él era un hombre emblemático de El Periódico donde resultaban obligatorias sus entrevistas y su sección “El pianista del Majestic”) y ahora navegamos en el mismo barco: La Vanguardia.

Los viajes, Barcelona, el Papa

 Ha sido un periodista de largo aliento en la prensa escrita y desde hace quince años lo es también en una serie de libros que con envidiable regularidad ha ido publicando. En ellos pueden detectarse varias direcciones. La primera, el viaje. Empezaré destacando Estoy en Buenos Aires, gordo.

Estoy en Buenos Aires, gordoEn esta obra del 2004 San Agustín viaja a la capital argentina y allí se inicia en la cotidianeidad del país a través de los contactos que le proporcionó en su día su amigo Héctor Chimirri, quien tras ser torturado por la dictadura militar se había refugiado en 1972 en Barcelona, donde trabajó durante treinta años para diversas publicaciones del Grupo Zeta e impulsó alguna de creación propia. Muerto Chimirri, una de esas personalidades exuberantes  e imparables que en este gremio no son raras, San Agustín sigue su pista por Buenos Aires saltando incesantemente del retrato personal al social en plena resaca del corralito, con los fantasmas de la historia argentina de fondo. Asiste a la inevitable conferencia de psicoanalistas; come con Sylvina Wagner, autora del clásico sobre menemismo “Pizza con champán”; visita al librero Héctor Yánover, entrevista a un oligarca reaccionario y de pronto se da cuenta “que desde que me he metido en el tema argentino sólo hablo de la muerte”. Todo un recorrido

El buitre en el Tíber (2008) consolida un periodismo que es a la vez cultural, de viajes, de análisis existencial y lírico-digresivo, aunque este último concepto no tenga buena prensa en nuestra prensa. Si en su libro bonaerense San Agustín proponía una instantánea de la vida argentina contemporánea, en su nuevo trabajo son los paisajes continentales de Roma, los países nórdicos, Lisboa o Aragón los que propician que busque respuestas a una pregunta recia: Europa, ¿se quiere o no se quiere? Y la cuestión europea da pie a conversaciones con Mikis Theodorakis, Ángel Crespo, el historiador Philipp Blom o los monjes del monte Athos. En tanto que lírico el trabajo de San Agustín es a menudo indirecto y elusivo, se recrea en las contradicciones y tiende a evitarle al lector las líneas rectas. Es un periodismo de autor que busca complicidades. Volverá a Italia, acompañando a Joan Manuel Serrat, en otra crónica personal viajera, Sapore di sale (2010), donde combina la devoción por las colinas italianas con el interés por la cocina, que disfruta a fondo.

Un segundo tema clave en su obra es Barcelona, su vida secreta y sus personajes ocultamente decisivos. En La nena del Leopoldo (2009), traza el retrato del restaurante del Raval frecuentado durante décadas por Josep Pla, Pieyre de Mandiargues, Vázquez Montalbán y la crème del mundo literario, y de su propietaria Rosa. En La noche de la mendiga (2006) reconstruye un suceso  terrible, el asesinato de una indigente que dormía en un cajero de la Caixa: unos jóvenes sádicos la rociaron con gasolina y la incendiaron (lo viví de cerca porque era la sucursal donde tenía mi cuenta). Al barrio marítimo de la Barceloneta donde creció dedica unas deliciosas memorias de  infancia, En mi barrio no había chivatos (2016).

Prueba de la ductilidad y variedad de inquietudes de nuestro hombre son sus trabajos recientes sobre las transformaciones del cristianismo contemporáneo: Un perro verde entre los jóvenes del Papa (2011), sobre la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Madrid, y  En Tarso ya no suenan las campanas (2012), siguiendo el viaje a Turquía del arzobispo de Tarragona y Primado de las Españas, Jaume Pujol.

Asiduo visitante romano, buen conocedor de las interioridades e intrigas vaticanas, de sus indagaciones surgen De Benedicto a Francisco. Una crónica vaticana (2013) y Tras el portón de Bronce (2015). San Agustín se acerca, con todo el racionalismo del periodismo de nuestro tiempo, pero también con el respeto y la fascinación por la fuerza que el cristianismo sigue exhibiendo, a una de las grandes historias contemporáneas, a menudo excesivamente sometida a la dialéctica de los amigos y los enemigos desde el punto de vista periodístico. La espiritualidad captada en estos textos contrasta con (¿o más bien complementa?) el sensualismo de sus libros viajeros.

Ecos de Bertolucci y de Truman Capote

Antes de quitarnos las máscarasCon esto les he dibujado un pequeño mapa de los intereses caleidoscópicos de Arturo San Agustín.  El background de publicitario, gran entrevistador, viajero y periodista literario tenía que dar pie a una novela, como mínimo, original y refrescante. Y yo tenía que hacer este rodeo para llevarles  a las páginas de Antes de quitarnos las máscaras. Un trabajo de madurez, en el que no podían faltar algunos items de los libros anteriores: el cosmopolitismo, la gastronomía, la referencia italiana, la reflexión existencial.

Una serie de personas se encuentran en un resort –el Hotel Abadía Retuerta Le Domaine, claro–, y a lo largo de su estancia se van cruzando e intercambiando visiones de la vida. Un paisaje sensual, unos protagonistas sofisticados, viñas y buena comida: se diría que estamos en el ambiente de películas como Belleza Robada, de Bernardo Bertolucci o Un buen año, de Ridley Scott. Y sentimos ecos de Truman Capote, tal vez sus Plegarias atendidas, con sus personajes extremos y sus conversaciones agudas e inteligentes.

Aquí tenemos una aristócrata italiana, la estupenda e incontestable Aida Fallardi di Giancavallo; un cantautor, un escritor de best sellers, una rusa algo misteriosa, jóvenes y ambiciosos aristócratas españoles que buscan solucionar su vida combinando el campo con el negocio del glamour.

Junto a ellos, el narrador recuerda a una monja de la que se enamoró –Luisa Iturbi–, a otra italiana, la bella Simona, y a figuras del pasado y del presente como Helmut Berger, Umberto Eco –inevitable cuando se habla de abadías–, la duquesa de la Perla, que recuerda a otra famosa duquesa española; Leonard Cohen, el investigador musical Joaquín Díaz, Miguel Delibes, Elsa Peretti, Gunter Sachs…. O nos cuenta la anécdota de Michael Douglas, un collar y los pechos de Catherine Zeta Jones…

Claustro.La trama es leve, los personajes y alusiones mandan. En realidad, todo el libro es un homenaje a la prolongada sombra estetizante de Jacqueline Kennedy y al fascinante espacio de la abadía y sus ritos. “Una mujer descalza y pisando racimos de uva siempre acaba transformándose en diosa. Y siempre hay que dirigirse a las diosas desde una cierta distancia”, nos dice.

El barcelonés Arturo San Agustín se ha acercado a las tierras vallisoletanas con la devoción del observador curioso y ha utilizado espacios y atmósferas para escribir su novela en una clave como no se hacen en la España de hoy: ligera y espumante, sofisticada, con personajes más interesantes que los de la vida real y reflexiones poco usuales sobre el mundo en que vivimos. Una novela con encanto.

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Título: Antes de quitarnos las máscaras. Autor: Arturo San Agustín. Editorial: Comanegra. Páginas: 288.

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