Inicio > Actualidad > Poesía para pessoas que olvidaron pasear

Poesía para pessoas que olvidaron pasear

Poesía para pessoas que olvidaron pasear

Geometrías del alma: La espiral poética de Fernando Pessoa es el título de la VIII edición de POEMAD, Festival Poético de Madrid, del que su directora en este artículo invita a todos a participar pessoando las calles, poetizando el entorno. 

"El paseante que vive en ciudades de calles empinadas, como Madrid o Lisboa, siempre se parece a un poeta"

No hace muchas vidas, las personas buscaban el paseo ocioso, sin objetivo ni destino preciso, más que el de disfrutar de esa tranquilidad que acompaña al observador fugaz. Muchos de ellos aprendieron, cuando las calles fueron sustituidas por pantallas con forma de espejo, que el tiempo le robaba tiempo a la nostalgia, y dejaron de entender por qué el paseante que vive en ciudades de calles empinadas, como Madrid o Lisboa, siempre se parece a un poeta. Es la falta de oxígeno la que convierte el paso ligero de la mañana en un camino que ha de ser recorrido con tiento. Porque es otoño el paseante se coloca gabardina y sombrero y finge ir a la oficina, aunque en realidad lo que busca son personajes que meter en un verso. Al final de la calle, cuando la ciudad amable comienza a allanar el camino, el hombre que pasea llega a la puerta de una tabaquería, hay una vieja sentada y enfrente una chica con joroba mira pasar a los hombres que nunca la amarán, una desconocida, piensa el poeta, y entra en la tabaquería a por su dosis diaria de humo para el aburrimiento. Al salir tropieza con dos chicos que, tumbados sobre la acera, intentan escuchar el latido de una alcantarilla, “algo que tú no sabes nos contará”, le dicen Sara y Polo y siguen anotando los sonidos ocultos, los que nadie puede o quiere oír. El poeta paseante continúa su camino hacia la oficina cuando la invencible luz dorada de las 9 comienza a bañar los edificios más altos. Ya rugen las cancelas de las tiendas, sus preferidas, las librerías. No puede evitarlo, entra en al menos cinco porque todas lo llaman con sus estanterías llenas de versos, como las sirenas a Ulises, volviéndolo loco. ¿Loco? Más loco que los jóvenes de esa plaza que se han subido a un par de cajones y gritan como en Hyde Park los Peligro de nuestro tiempo, más loco que la mujer que llegó al parque de madrugada para preguntarle a las estrellas si habían visto su nebulosa. Sueña el paseante que otros poetas arrastren sus pasos lentamente por los adoquines grises, ellos serán capaces de hacer la ciudad interminable, poetas que vengan de todas partes: Madrid, Lisboa, Roma, Ginebra, Varsovia, Pekín, ¡Barcelona! ¡Por favor, que vengan también de Barcelona!, dice de repente en voz alta mientras una paloma vuela tan bajo que casi le quita el sombrero. Antes de llegar a la oficina, se sienta, como cada mañana, en el banco que hay junto a la entrada, al pasar por la puerta del metro ha hablado con unos músicos de Sudáfrica que preparaban sus instrumentos. Espera callado cuando suenan los primeros acordes, mientras sueña que no tiene que entrar en la oficina, sueña que el disfraz de poeta dure un poco más, para poder seguir contándole versos a las pessoas que olvidaron pasear.

Foto de portada: web del festival